Confusiones

16-03-2010.
Por desgracia, tendemos a creer como verdades las fantasías o las quimeras que nos inventamos o que aceptamos como tales. Y, en creyendo verdades lo que pueden no serlo, las afirmamos sin más y juramos por Toutatis, si hace falta, su existencia y vigencia. Nos afirmamos en algo que no hemos contrastado o ni siquiera comprendido, dado que confiamos en la procedencia del mismo.

Este fenómeno tiene diversos orígenes o causas, entre las que se encuentra la predisposición ideológica, doctrinal o simplemente existencial de las personas hacia una u otra idea de vida, de sociedad, de organización, que lleva a ser receptores inmediatos de lo que coincide con lo anterior. Así se acepta sin rechistar lo que sintoniza con nuestros planteamientos o que nos los confirma.
Otro de los orígenes puede estribar en el acatamiento de lo conocido, dicho o enseñado por sólo la persona o entidad que lo emite, por la autoridad reconocida de quien es fuente de nuestro conocer o creer. En esto estriba el fundamento de la fe como fuente de todo conocimiento, sentimiento o vivencia. Se cree, por quienes nos lo dicen o enseñan, y punto.
Hasta acá, lo que escribo creo que es discernible. Se estará más o menos de acuerdo y seguro que existirán mejores razonamientos y más extensos al respecto. Mas llevo esta agua a mi molino de la idea matriz que genera este comentario: esa fe, esas confianzas ciegas, esos radicales posicionamientos se están contemplando en el día a día como si no existiese la capacidad de razonar o de discernir con cierta independencia o, al menos, con alguna intención de objetividad y de justicia.
Me aterra observar cómo personas, supuestamente cultas, supuestamente informadas, incluso supuestamente demócratas, siguen en posicionamientos radicalmente sectarios, dentro de los cuales (y de acuerdo con su adoctrinamiento o ideología) todo está permitido o todo está justificado; y, lo peor, todo se tergiversa o se acepta como la autoridad lo hace y dice. Incluso se niegan las evidencias demostradas históricamente, alegando desconocimiento o arteras manipulaciones del siempre presente enemigo.
Es triste, tristísimo, observar el poco avance de la actitud democrática, que se acata como cascarilla por ahora inevitable, esperando siempre en realidad la instalación de algo más avanzado o más práctico (según sus tendencias): cualquier tipo de dictadura.
Llámela usted del proletariado, dígala usted popular, confiérale condición patriótica, únjala de sacrosanta religión o invéntele otra nomenclatura más original; que siempre y sin duda será dictadura lo que se fundamente en el gobierno sobre muchos de unos pocos elegidos por sí mismos, endogámicos e inamovibles, según sus justificaciones traídas al pelo y machacadas como inamovibles e indiscutibles. Dictaduras y no hay más.
Me duelen esas justificaciones de los fanáticos, que quieren hacer negro lo blanco (o al revés), dejando al margen otras consideraciones si no son las que los autorizados autoritarios han puesto como cuerpo de doctrina, infalible por ser de la procedencia que es (inmaculada, impoluta, irreprochable y, sobre todo, que será sólo justificada por la HISTORIA ‑así con mayúsculas, que es como gustan los dictadores y sus acólitos de terminar todo atisbo de crítica‑).
Los llamados populismos no son más que nidos de regímenes dictatoriales, que justificarán la ambición de sus líderes o lideresas, ambición de poder y de poder perdurable, nunca contrastado luego con la adhesión libre y verdadera de sus tutelados (que a tutela y vasallaje se llega, niveles últimos de la desconsideración hacia las personas) y siempre, además, alimentados por un estado de perpetua zozobra, de perpetua alerta, de perpetua vigilancia contra un enemigo real o (las más) imaginario.
Pues, a pesar de las evidencias, seguirán los crédulos fanatizados sembrando confusión de la propia confusión. Y, encima, se creerán justificados.

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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