Autoestop por España, 09

14-08-2009.
Viernes, 14 de agosto de 1964
Alicante-Benidorm.
Bueno, a ver si consigo recordar lo que ocurrió ayer, después de que me interrumpiera don Jesús, porque ahora me encuentro en un parque de Benidorm‑playa.

Terminada, pues, la frugalísima comida (de la que ya ni me acuerdo), don Jesús y Lorite se fueron a buscar alojamiento. Compains se “engancha” con tres majas infantas y yo me quedo vigilando los macutos y en espera de los que vayan llegando. Una hora más tarde llega Berzosa, con el cuento de que los demás, como estaba convenido, estaban en la Plaza de las Palmeras que bordea la playa de Alicante. Berzosa va a por los demás y, entretanto, vuelven los alojadores.
Respuesta negativa por parte del colegio de jesuitas (¡mira por dónde!). Reunidos todos, vamos al camping de la playa de San Juan. Completo. Cansados, desencantados, pero con ganas de cachondeo, cenamos unos bocadillos con tintorro en un bar y nos vamos a dormir a la playa. Allí nos amaneció hoy, día 14 y viernes.
Muchas veces me desperté y contemplé el maravilloso cielo, agujereado por millones de clavos luminosos. Y la luna, contemplándonos. O al contrario, para ser más realistas. Y también me desperté a menudo, porque temía que me robaran la guitarra.
A las 7 h nos pegamos un delicioso baño; el ejercicio nos abrió el apetito (si es que alguna vez lo tuvimos cerrado) y nos fuimos a tomar café con algún bollillo en el bar de marras. Volvemos a la que llamamos Plaza de las Palmeras y, desde allá, paseos radiales por calles de Alicante.
Postales y a las 13:30, marcha para Benidorm. Tengo la suerte de que me recoge un Mercedes en el que viajan, según me dicen, unos marqueses madrileños. La señora marquesa, ya vieja, me pregunta quién soy, qué hago y adónde voy. Le contesto lo mejor que puedo y me pide que cuando visitemos Lourdes (le dije que íbamos allá en autoestop) rece a la Virgen por ella. Naturalmente. En media hora llegamos a Benidorm y aquí estoy con los demás, en un parque infantil al lado de la playa.
Comemos algo y pensamos ir al cine por la noche a ver West said story, a ver si es tan buena como dicen.
(Ahora escribo en la playa, entre unas barcazas). Pasó la tarde; encontramos a dos francesistas con las que nos divertimos un rato, tocándoles… la guitarra. No fuimos al cine, porque nos costaba 20 pesetas y no estamos para despilfarros. Novedad para cenar: dividirnos en parejas y que cada una se busque la vida. Me voy con Márquez y en un bar‑cantina compramos una lata de foie-gras, dos bollos, unas uvas, una botella de tinto y otra de casera: 15 pesetas.
Paseo por la calles de Benidorm. Conocemos a unos señores ingleses, con los que visitamos, por petición de ellos, tascas de flamenco: El Cortijo, El Borrico… A la una de la madrugada nos vamos a dormir, entre dos barcazas, al borde del puerto. Huele a “telegramas viejos”, pero el sueño y el cansancio lo pueden todo.
Estamos aguantando el «chaparrón» caluroso.  (De izq. a dcha.) Agachados, Compains y Lara. De pie, Lorite, Márquez, Berzosa y Martos.

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