Autoestop por España, 08

13-08-2009.
Jueves, 13 de agosto de 1964.
Etapa Cartagena-Alicante, por la costa.
Hace exactamente una semana que me encontraba en Córdoba y aquí estoy en Alicante. Es la primera vez que salgo de Andalucía y la tercera que veo el mar. Antes sólo había estado en Málaga y en Algeciras, cuando hace dos años jugaba al fútbol con el Úbeda.

Evidentemente, el contexto era muy diferente. Son casi las 6 de la tarde y escribo en un bar de las afueras de Alicante, adonde hemos venido a comer algo don Jesús, Company, yo y Lorite, que acaba de llegar. Los demás estarán aún en la carretera.
De mí se “ocupó”, primero, una moto en Cartagena, que me llevó a unos 15 km de Cartagena; luego seguí andando hasta La Unión, donde compré un paquete de tabaco (Antillana). Una Fabiola me llevó hasta San Pedro del Pinatar y, finalmente, se me para un Seat, conducido por un representante de Corberó, que me deja en la entrada de Alicante.
Allá en la carretera, muy cercana a la playa, veo a don Jesús y a Company; los demás faltan. Tiempo de espera. Son las 2. Decido darme un baño (que falta también me hacía). El agua está clara y calentita. Poca arena y pocos bañistas. Con don Jesús, recordamos anécdotas de la Safa. Él ya no está en Úbeda, sino en Cáceres. Yo llevaba un año en Alcalá la Real, pero sabía que, por decisión del Rector (Bermudo), me iban a trasladar a Aranjuez; lo cual me disgustaba bastante, porque me había hecho buenas amistades en Alcalá y, además, el pueblo me gustaba mucho.
Pasa el tiempo y ningún compañero asoma. Pasadas las 17:30, Lorite ha llegado. Decidimos ir a un bar de las afueras a “pinchar” algo. Don Jesús me ha arrebatado el diario y, con esa estilográfica que nunca le abandona, ha escrito en él lo que sigue:
«Levante, porque aquí se despierta el sol. Cada curva, en que el mar se adentra en la tierra, florece en una espléndida policromía de hongos. Y, debajo, marmenea, bulle la carne joven, tostada y ardiente. El Mediterráneo es un himno a Venus y a Pan: la glorificación de la vida, de la madre Natura y la brújula Amor. Nosotros, mitad romeros, y pícaros en la otra mitad, acopiamos horas intensas de experiencia, de dureza y privaciones. Anoche -no es literatura-, arrullamos el sueño y los sueños con olas y estrellas. Y, sin embargo, Lara se cansa y teme el vino omnipotente de la juventud».
Ni idea tengo de a qué se refiere el “Dómine” con esa banderilla que me planta. Cansado, de acuerdo; ¿pero que le tema yo, con 22 años, al vino de la juventud?
La vida en un columpio, tanto físico como anímico.

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