Joticas nacionalistas

03-10-2008.
Pensaba empezar este escrito diciendo que ciertos nacionalismos son como aquellas novias de nuestra juventud que, mientras las invitabas a ver la película que les gustaba, a cenar donde querían y a bailar en donde se les antojaba, todo iba bien.

Pero cuando reclamabas unas migajas de afecto, en forma de achuchón manifiesto o beso prolongado, te miraban con cara de extrañeza y te decían que las acompañases a casa porque era muy tarde, tenían sueño y les dolía la cabeza. Esto es lo que pensaba haber dicho; pero para que ninguna feminista se me encampane y me llame cavernícola diré:
«Los nacionalismos son como aquellos miserables señoritos que encandilaban a muchachas inocentes con mentiras y falsas promesas; pero, cuando la chica les había dado todo ‑o sea, cuando la dejaban embarazada‑, le daban la espalda cobardemente y la abandonaban. ¿Verdad que ahora queda mejor?».
Y es que no sé yo si los nacionalismos estarán aportando algo positivo al panorama nacional. Creo que no; pero quizás venga alguien a sacarme del error y a aclarar mis ideas. Si es así, ¡bendito sea!
Yo creo que el mérito de los nacionalistas reside en su habilidad para reclamar asuntos que aparentemente a nadie interesan ‑aunque en el fondo siempre se trata de dinero‑, a cambio del enorme sacrificio que supone «contribuir a la gobernabilidad del país» (así, con minúscula, para no hablar de España).
Hace poco clamaban para que las selecciones autonómicas participasen en competiciones internacionales, como los mundiales de fútbol o las olimpíadas, con presupuestos, bandera e himno propios –imagino‑. Se hicieron manifestaciones, se diseñaron campañas y se invirtieron ríos de dinero para mover y concitar voluntades. De momento, parece que hayan olvidado la cuestión y estén tranquilos, preparando la batalla de los próximos presupuestos generales. Pero, lamentablemente, ¡volverán! Y, cuando tengan selecciones autonómicas, pedirán regionales, luego comarcales y al final municipales. La cuestión es pedir. Acompañado ello todo de su correspondiente presupuesto especial. Faltaría más.
Que el mercado del automóvil haya descendido casi a la mitad, que la construcción de viviendas se encuentre en “estado de coma”, que el turismo empiece a dar muestras de cansancio, que el número de parados crezca de forma preocupante y que la economía esté atravesando un momento muy difícil, les tiene sin cuidado. Eso son problemillas que ya se encargará de solucionar el pobre Pedro Solbes. A ellos les preocupa el plan Ibarreche, la deuda histórica, el archivo de Salamanca, el agua del Ebro, la lucha idiomática y la aprobación del Estatut. Asuntos, todos ellos, que siempre precisan nuevos presupuestos. O sea, más dinero.
Pero la guinda del pastel está por llegar. Parece que ahora viven empeñados en hacer un “plan de inmersión lingüística” para que en algunas zonas de Aragón sea obligatoria la enseñanza del catalán en las escuelas. Han logrado que el idioma que se habla en Valencia ya no se llame valenciano sino catalán; y otro tanto ha sucedido con el mallorquín, el menorquín y el ibicenco. No es suficiente. Ahora le toca a Aragón y mañana Dios dirá.
Y uno, en su ingenuidad, se pregunta: ¿Se resolverán los problemas de los ciudadanos cuando las selecciones autonómicas participen en competiciones internacionales, el archivo de Salamanca se quede vacío, aprueben el Estatut, declaren el agua del Ebro propiedad exclusiva de unos u otros, Ibarretxe lleve a cabo su Plan, los aragoneses hablen catalán y los de Jaén el idioma gallego y el vascuence? Pues, creo que no. Rotundamente, no. Pero a algunos nacionalistas se les arrasarán los ojos en lágrimas oyendo cantar “joticas” más o menos como ésta.
Las mocicas de Aragón.
¡Me
cagüen lá
!
Las
mocicas
de Aragón.
¡
Chin, pom
!
Sacan pan y vino,
chorizo, jamón…
y el porrón.
Perfieren ser catalanas.
¡Me
cagüen lá
!
Pa
bailar en El Pilar.
¡
Chin, pom
!
Saca…,
en vez de jotas,
sardanas.
Estribillo:
Que te lo he visto, maña,
por la ventana;
que llevas el refajo
de azul y grana,
de azul y grana,
maña
.
Tiés
la fregona,
y esos son los colores
del Barcelona.
¡Hala “mañicos”! A parlar català, a saltar, a bailar y a cantar la jota mientras otros reclaman selecciones autonómicas, trasladan archivos y organizan referendos o “referenda”, como dicen los cursis. Todo ello ‑¿para qué nos vamos a engañar?‑, con la intención de sacarle al contribuyente dinero y más dinero. ¿O no?

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