“La vida en Úbeda durante la Guerra Civil (1936-1939)”, 01

Por Fernando Sánchez Resa.

Aquella noche del viernes (9 de septiembre de 2016) ‑aún siendo algo más fresca que las anteriores, parecía más de agosto‑, escogidos amantes de la historia local teníamos una ineludible cita en la primera planta del Club Diana de Úbeda, pues Agustín Palacios Martínez iba a impartir una interesante y atrevida conferencia, con el mismo título de este artículo, que no queríamos perdernos.

El público asistente era mayoritariamente masculino y esperaba expectante esta nueva actividad de altura, a la que ya nos tiene acostumbrados su ínclito vocal de cultura: Antonio del Castillo Vico.

Eran poco más de las nueve cuando tomó la palabra el presentador del acto, Antonio del Castillo Vico, para saludar al presidente del Club Diana, Adolfo Vivancos García, y a toda la concurrencia, agradeciendo su asistencia y haciendo un extenso, culto y laborioso panegírico del conferenciante.

Afirmó que Agustín es un escritor prolífico, pues ha escrito (y escribe) en variadas y prestigiosas revistas locales como Ibiut, Gavellar, Juan de Yepes, Úbeda 30 días…, y de la semana santa ubetense; así como es autor de diferentes libros: Úbeda y América, Guía mágica y esotérica de Úbeda y Baeza… También es un conferenciante avezado, pues ha impartido charlas sobre esoterismo, conferencia sobre los gitanos de Úbeda y realizado rutas del misterio. Es parte principal de los Caballeros Veinticuatro de Úbeda, apostillando siempre lo que sobra y falta a la prócer ciudad que le vio nacer. Posee trabajos inéditos sobre la guerra civil en Úbeda, variada historia de los gitanos de Úbeda, siendo un empedernido amante de los templarios (que ya le encargaron una charla sobre la simbología del Temple en Úbeda, en 2012, y que impartió en el hotel Rosaleda de don Pedro). Posee generosidad y nobleza de espíritu, capacidad de trabajo, humildad y muchas amistades, siendo una persona nada proclive al desaliento y que atesora una inequívoca actitud para dar y prestar a los demás los conocimientos e informaciones de que dispone, pues tiene una extensa y variada biblioteca personal. Para finalizar su intervención, Antonio hizo la siguiente afirmación: «Y nada más; tuya es la palabra, Agustín».

Ambos se abrazan y chocan las manos, intercambiándose lugares y cometidos, mientras Antonio se coloca en la primera fila, junto a su esposa…

Toma la palabra Agustín y da las gracias por estar allí, resaltando la sobresaliente actividad cultural del Club Diana que ha permitido cursar esa conferencia que abarcará desde el 18 de julio de 1936 hasta el 1 de abril de 1939.

Y valiéndose de un folio como guía, va desgranando su sabiduría investigadora, que yo trataré de resumir lo mejor posible.

Afirma que Úbeda durante este período no tuvo frentes de guerra, puesto que ambos se encontraban en Alcalá la Real y en la provincia de Córdoba, respectivamente. Por lo que tratará de contarnos cómo fue la vida “normal”, sin un frente de guerra…

Comienza el 18 de julio de 1936 con calor y miedo. La gente se echa a la calle para defender la República (especialmente, muchas personas del campo) y para que Úbeda se quede en manos republicanas, empezando a coger resistencia en la ciudad, aunque el secretario Barrios y un montón de gente del Frente Popular se viera desbordada…

En Úbeda muere gente de uno y otro bando. Aclara que la Guardia Civil obedecía las órdenes del gobierno en un primer momento y tuvo un protagonismo alto, mientras que la población de derechas (o no afecta a los republicanos) se encontraba desarmada…

Seguidamente, refiere el asalto a iglesias y conventos. No nombrará a todas las iglesias, aunque sí especialmente a algunas, como la de El Salvador, mientras que la UGT se opone a la CNT, remitiéndolos al ayuntamiento para dilatar el asalto que luego finalmente se producirá. También entran y saquean la iglesia de Santa Clara, donde se metieron los refugiados; mientras que en San Nicolás estaba el gremio de esparteros; San Millán fue establo de animales; Santa María, de refugiados; y el Hospital de Santiago se compartió y amplió para los enfermos…

Con la documentación que ha ido viendo nuestro conferenciante, comprueba que se queman imágenes, libros de misa, ropas, se derriban las campanas…; viendo la prensa “Vida Nueva” concluye que las autoridades permiten que las turbas se fogueen quemando iglesias antes que a personas; aunque antes de su destrucción se logran sacar lingotes de oro y otros productos, afirmando que el frente popular no se queda con nada y que lo remite todo al gobierno republicano de Valencia. Hay que tener en cuenta que no se destruye todo: los bancos de iglesia sirvieron para las escuelas; lo que sí queman son las sillerías con el fin de tener más espacio…

Al principio de la guerra se trató de hacer un museo en el Palacio del Marqués de la Rambla para que se depositase el material y enviarlo a Madrid; pero lo asaltan. Mientras, Miguel Campos Ruiz y otras fuerzas vivas quieren fundar un museo en San Nicolás, pero no le pueden quitar a los esparteros esta iglesia y, por ello, lo esconden a las espaldas del El Salvador, con unos estadillos que aparecerán cuando acabe la guerra, faltando alguno.

Nos habla de la columna del general Miaja que viene desde Albacete y pasa por Úbeda, procesionando las tropas por la calle Trinidad, General Saro, Mesones y Paseo del León para inyectar moral al pueblo. Y cuenta una anécdota interesante, revelada por Antonio Millán Sánchez: mientras que los soldados estaban divirtiéndose, se pierden las llaves de contacto de los camiones, porque las roba un niño y las tira al pozo de su casa como represalia por tener a su padre preso; por lo que la comitiva militar tarda en volver a emprender la marcha ya que necesitan coger mecánicos que puenteen los motores para volverlos a arrancar.

La noche del 30 al 31 de julio del 1936, la policía estaba protegiendo la segunda cárcel de Úbeda que se encontraba en “La Casilla”, bajo el reloj, mientras que un grupo de incontrolados asalta la cárcel de la Avenida de la Libertad y mueren 50 personas… La segunda noche pretendían asaltar “La Casilla”, pero las mismas fuerzas republicanas logran meter a los presos en un camión, trasladándolos a Jaén para que allí fuesen defendidos.

Se prohíbe a la gente que hable de la guerra y del asalto a la cárcel y se retiran las radios; también se incautan de forma legal pisos o casas, alegando diversas funciones o excusas: acuartelamiento, refugiados…

Nos habla de la XXV Brigada Mixta que contaba de un batallón de voluntarios de Úbeda, Batallón Stalin de Baeza, etc., y que tenía cuatro batallones, y contaba con muchos servicios: ferreteros, ametralladoras, motoristas y ciclistas, etc. Tenía un peso específico en la guerra civil, aunque iban sin preparación militar, pues con un poco de instrucción ya estaban listos para el frente de Córdoba, Alcalá la Real y Alcaracejos, para luchar contra la formación de Queipo de Llano y así alargar la guerra. El objetivo era frenar el avance de las tropas franquistas, pues se pensaba que Queipo de Llano iba a conquistar Córdoba y Jaén; pero este objetivo se frustró y el ejército nacional tuvo que virar hacia Extremadura.

A Pozoblanco se le conocía como “Pozonegro” por los cientos de ubetenses que murieron en los combates y los cientos de heridos que trasladan al Hospital de Santiago, muriendo allí (también) mucha gente.

La XXV Brigada Mixta funcionó hasta combatir en Levante. Estaba en donde antes se ubicaba el Banco Hispano Americano, hoy Banco de Santander, en la Corredera de san Fernando, y también en la Casa del Jodeño. En Úbeda, se instalaron como campamento militar con varias unidades de caballería, carros de combate, cuerpo de carabineros, campo de aviación en el Donadío… A todos estos militares, la población tenía la obligación de mantenerlos. También estaba en Úbeda la División del IX Cuerpo de Andalucía, que mandaban los militares soviéticos, pues eran los que organizaban el ejército.

Y el conferenciante llega a preguntarse: «¿Por qué Úbeda no se bombardeó…?». Aunque hay alguna leyenda popular al respecto, en realidad la razón de que no se bombardee nuestra ciudad en los primeros momentos ni después, tanto por el ejército popular como por el nacional, es que se utilizaban las bombas para los frentes de combate y no se malgastaban en la retaguardia; aunque sí se bombardeó la estación Linares-Baeza, puesto que era un nudo ferroviario importante donde llegaban y partían militares y ejército. Menos mal que no llegó a producirse ningún bombardeo en nuestra ciudad, porque con los refugios tan mal hechos que disponía hubiera sido horrible la matanza que se hubiese producido. Y trae a colación alguno de ellos: Refugio del Mesón Gabino, Ayuntamiento, Trinidad con una gasolinera al lado, etc. ¡Tuvimos suerte al no ser frente y que por eso no nos bombardeasen!

fernandosanchezresa@hotmail.com

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