090803-6

Decididamente, querido Alfredo Rodríguez Tébar, con lo que me dices en el Rincón me obligas a que te responda públicamente (hubiese preferido hacerlo por e-mail, puesto que la cosa es ya cuestión de diálogo entre los dos) para, de nuevo, puntualizar lo siguiente:

1) Reléete y comprobarás que te he citado correctamente. Tras el fragmento teatral de Valle, escribes: «Es, ¡ay!, mi desgracia: el no tener estudios universitarios en Filología me impidió advertir…», y no «ser docto en Filología», como ahora dices. Lo que es, es.
2) Algo que yo nunca he dicho ni escrito y que es eso que tú «ves por segunda vez», a saber «que a mí me guste ese tipo de artículos en donde se denigra, etc.». No sé de dónde lo sacas…
3) El que tú consideres «un ejercicio estéril, inútil, irrelevante y sin el mínimo interés» (¡vaya alarde de descalificaciones!, aunque se pueden encontrar más en cualquier diccionario) el amago de estructuración del citado artículo, me trae sin cuidado; no me produce ninguna frustración, porque nunca pretendí que fuera fértil, aprovechable, descollante y atractivo.
4) Lo que, al contrario, puede ser un ejercicio fecundo, provechoso, distinguido, sugestivo y naturalmente generoso en lo que me concierne es ‑cito‑ «que me puedo tomar el trabajo de ilustrarte y enseñarte cómo se formó el pudridero español». En verdad que te lo agradezco de antemano porque, aunque ya estoy jubilado, el deseo y las ganas de aprender (a pesar de que la memoria ya me va fallando) no me han abandonado. A partir de mañana me encontrarás sentado en un rincón del Rincón, en espera de tus enseñazas e ilustraciones.
(P. S.: Supongo, deseo y espero, amigo Alfredo, que, escribiendo estas cosas, lo estés pasando tan bien como yo).

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