Nuevas reflexiones, para desperdiciarlas

15-06-2009.
No quisiera pecar de redundante, mas ciertas circunstancias y noticias que se oyen y leen acerca de los planes educativos del gobierno me llevan a apreciar, con temor, que no sólo no se ponen a reflexionar, con calma, sobre lo que se debe añadir o replantear y lo que se debe evitar y hasta eliminar sin compasión del sistema educativo actual, de sus planes, objetivos, medios utilizados y por utilizar, utopías desafortunadas y otras despreciadas y desestimadas, sin más.

No, nada de ello; que, en lugar de tomarse el tema en serio y con calma («Vísteme despacio que tengo prisa»), al socaire de inercias y de urgencias electoralistas, se lanzan más propuestas de rotundidad sonora e imagen llamativa, estilo creatividad publicitaria, para así tratar de aparentar que se está tomando la cosa con la dedicación necesaria.
Es cierto que el tema del absentismo escolar es grave, mucho más que en otras zonas europeas, y que parte de las causas que lo provocan pudiese ser la retirada de las aulas de chicas y chicos que, por su escasa capacidad económica (a sus familias, me refiero), tienen la necesidad de acoplarse en el mercado del trabajo, lo que ya es difícil.
Me temo, sin embargo, que ese modelo, que en realidad existió en muchas décadas anteriores (propiciado además por la real discriminación socioeconómica existente y la falta de oportunidades para las clases desfavorecidas, en general) ahora no existe tal y como lo era; habrán casos, mas no en términos tan absolutos como para ser determinantes. Por lo tanto, se deberían analizar mejor y con mucho más detalle las verdaderas causas de tanto absentismo, antes que echar mano a unas medidas (las del salario escolar) más que discutibles y pienso que peor aplicables. No quisiera ser agorero, mas el profesorado tiene un papelón en puertas muy difícil y hasta peligroso, que es el de determinar, con las calificaciones aplicadas, qué alumnado posee los méritos para adjudicarle esa ayuda y cuál no. Y a algunos se les ocurrirá exigir (y amenazar) para poder recibir.
Por otro lado, oí a finales de mayo, en una radio nacional, algo relativo a que en Extremadura eran pioneros en aplicar la informática en la enseñanza, incluyendo la distribución de ordenadores al alumnado. Había cierto énfasis en esas informaciones, pero metieron cortes de opiniones de los chavales y las chavalas sobre su parecer, al respecto, y me empecé a quedar de piedra cuando lo que opinaban, como me temía, eran ideas de este tenor:
  • Muy bueno, así no tenemos que escribir tanto en los cuadernos.
  • Nos facilita mucho el trabajo porque no tenemos que copiar nada de la pizarra.
  • En lo de cuentas y demás es ya muy fácil, porque utilizamos la calculadora del ordenador.
  • Para los trabajos es muy cómodo, porque sólo hay que copiar y pegar…
Y se verá que si estos van a ser los resultados prácticos, por el uso exclusivo de los ordenadores e internet como herramientas de trabajo, poco o nada se avanzará en la mejora de los niveles conceptuales, de conocimientos, en las capacidades o competencias personales y, por ende, del global del personal escolar.
Para el alumnado, el supuesto “beneficio” está claro, y para el profesorado, que viendo que con ello se evitan enfrentamientos y calentones de cabeza, por no decir cosas peores, echará manos al recurso, a la máquina, como panacea universal que le habrá de evitar muchos problemas (y trabajo, incuestionablemente).
Desde luego que no paso por alto que mi información puede estar sesgada o ser deficiente, y que existan otros parámetros o resultados que desconozco y harían variar mi juicio inicial. Sí, tal vez existan beneficios y ventajas pedagógicas, no lo dudo; pero sigue en vigor que la maldad de un producto no es el producto en sí mismo sino su mala utilización. Pararse a pensar un mínimo en esta cuestión, antes de lanzarse a lo desconocido, sería fundamental. Y beneficioso.
Ya opiné sobre el asunto vidrioso del llamado bilingüismo, otro invento de los tiempos. Otra marca publicitaria. Se empieza a construir al revés: antes de haber preparado al profesorado necesario para ello, ya se quieren aplicar los tramos del plan bilingüe. Habría que partir de la realidad: el profesorado actual, incluyendo a la mayoría de “especialistas” que dan otra lengua, no tienen las capacidades ni los recursos para impartir clases de variadas asignaturas en el idioma inglés (o el que se elija).
Es necesario, pues, un esfuerzo y establecer un programa extenso de preparación y especialización dentro del profesorado (incentivándolo, claro, y no sólo con puntos extras o traslados abusivos e injustos para otros); y luego, una vez que exista suficiente personal, entonces, empezar la experimentación del plan (un certificado o título no garantizan nada).
Lo que se va a hacer es mera chapuza, como en tantas ocasiones y con tantos planes que ya han pasado por la criba del contraste de resultados. Otra cosa es que se quieran admitir y no maquillarlos con simplezas o medias verdades.
Hasta profesores que se han dedicado a impartir idiomas expresan sus dudas, más que fundadas, sobre la efectividad del proyecto. Máxime, cuando constatan y admiten que lo que habría que reformar es el tipo de enseñanza de los idiomas en sí misma y tal y como hasta ahora se ha impartido, demostrando su ineficacia general. Cuando se limita esta enseñanza a dar reglas gramaticales y filológicas, y no a enseñar a practicar el idioma en uso común, hablándolo de continuo y escribiéndolo, siempre aplicándolo a la utilidad comunicativa, la hacen odiosa al alumnado y, por lógica, totalmente ineficaz.
La convergencia idiomática, reitero, estriba en que se vea la utilidad práctica del idioma que se estudia; en que se sienta la comunicación como efectiva. Para ello, sí se debe impartir el segundo idioma desde infantil, con muchas horas y en base a una inmersión profunda desde el inicio. Pero específicamente, sin mezclas con otros contenidos muy básicos, que no deben ser interferidos ni dados a confusión en el discente. Cuando se tengan los instrumentos básicos de ese entender, comprender y expresarse (la expresión oral y la comprensión leída fundamentalmente, como en el primer idioma), entonces se podrá elevar el tiro hacia precisiones más técnicas y teóricas.
Creo.
 

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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