Primeros indicios, y 3

03-12-2008.
De todos los fueros, repartimientos, privilegios, concesiones reales, pleitos, milagros y portentos, únicamente quedan cuatro documentos que se guardan en la Sala del Concejo: un documento de Fernando III, otro de Fernando IV, un tercero de Alfonso XI y el cuarto, un documento de Enrique IV, concediendo el título de muy noble y muy leal a Andújar, fechado en 1466, a la que su padre Juan II le había concedido el título de ciudad veinte años antes. ¡Toda la historia de nuestra legendaria ciudad en cuatro documentos! El resto, para los cronicones y las leyendas. ¡Todo sobre las espaldas del pueblo!

No queremos obviar que en este periodo de lealtad y nobleza aparece por Andújar un personaje tan singular como extraño: Pedro de Escavias. Permítasenos escribir algo sobre su persona.
Sus antepasados habían llegado desde Priego (Cuenca) con el fin de repoblar los terrenos robados a los moros por Fernando III.
¿No será este Pedro de Escavias heredero en línea legítima de ese otro Pedro González, de Priego de Escavias, fundador de la primera cofradía de la Virgen de la Cabeza, junto con Fray Bernardo de Aguilera y otros diez templarios, entre los que figuran Diego y Juan de Fitero? ¿Recuerdan, amigos lectores, este apellido de Fitero?Sencillamente es un apellido toponímico de Santa María de Fitero, cuyo abad don Raimundo, defendió Calatrava. El puzle va encajando, pero nos faltan piezas.
En este puzle hay varias capas, pero en el fondo siempre aparece una Cruz Templaria. Cuando vayamos indagando y comprobemos que la causa causarum de este libro es la relación indemostrable que Iker Jiménez ha hecho entre el Bélmez de las caras y nuestra eterna Montaña sagrada y sepamos que dicho pueblecito, al que respetamos como al nuestro, fue enclave templario, nosquedaremos pensativos al saber que su Santo Patrón, “el Señor de la Vida”, fue encontrado en una mazmorra del castillo que allí se levanta, por un pastorcillo llamado (¡qué misteriosa casualidad!) Eufrasio.
Volvamos pues al enorme silencio, silencio tricentenario que va desde 1212 a 1466, donde tenemos que construir nuestra historia con cuatro documentos y abundantes leyendas.
No fuimos conformistas. No me di por vencido. Buscando en las librerías de viejo o en los rastros libreros, con la paciencia y la fe que pueden mover montañas, he ido encontrando pistas e indicios que, sin hacerme renunciar de mis creencias ni arrancarme de mis raíces, han ido, eso si, racionalizando mis convicciones en la Virgen negra y templaria que reina sobre Sierra Morena, tema al que dedicaremos más adelante un capítulo.
Agradecido quedo a fray Arturo Curiel por haberse atrevido a dar el nombre de Cofradía del Temple a aquellos doce caballeros castellanos que organizaronla primera Hermandad o Cofradía de Nuestra Señora de Santa María.
Cuando yo me atreví a insinuarlo, hace ya diez años, en un periódico por entonces con acciones mayoritarias de la Santa Madre Iglesia, casi me queman. Fueron tiempos donde mis lecturas bebían en la sabia heterodoxia de Jean Michel Angelert, Max Muller, Georges Ranque, Helena Petrovna Blavatsky, Baudelaire o Victor Hugo. Aquella fue mi época iniciática, donde supe diferenciar las pócimas del dogmatismo ignaciano y tridentino, de las tisanas de la búsqueda, con las linternas de la duda y la tolerancia. Fue el tiempo en el que construí mis catedrales con las gubias del silencio y el cincel de la reflexión. Fue el tiempo en el que me encendí con la hoguera canalla que condenó a Giordano Bruno en la Piazza de las Fiori.
En aquel tiempo tuve la evidencia de que, a pesar de haber nacido en la cuna donde derramó su sangre Eufrasio y quemaron jaras las estrellas errantes de agosto, a pesar de ello, esa cuna no tenía sonajeros para despertarnos. Andújar llevaba siglos dormida. ¿Hasta cuándo?
Uno de aquellos días me desperté con un libro sabio en las manos. ¿Su título?: La mística solar de los templarios.
De piedra me quedé cuando en la página 413 pude leer:
«Año 1245. Creación por las templarios de la Cofradía de Andújar».
Días después volvía a martillearme el destino, cuando, al comprar en una de las casetas que nos vienen de vez en cuando hasta la Plaza de la Constitución, un libro de lance, titulado La guía de los templarios,escrito estaba:
«Yo invitaría a rebuscar en Andújar una noticia de viejos archivos empolvados, rememorada por Argote de Molina. Al parecer, en el año de gracia de 1245, el Comendador del Temple, fray Bernardo de Aguilera, se reunió con los vecinos de la villa y les propuso la creación de una Cofradía Noble de Caballeros Templarios que debería estar formada por hijosdalgos que fueran vecinos de la ciudad, a modo de… Hermanos Mayores».
Aparece pues por Andújar una tabla redonda para el Temple.

 

 

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