Primeros indicios, 1

11-11-2008.
Que hasta Andújar llegaron los templarios es evidente. Tan evidente como los ímprobos esfuerzos que se hicieron para borrar sus huellas en el camino del tiempo.
En el diccionario heráldico aparecen apellidos de aquellos hijosdalgos que en Andújar fundaron la primera hermandad de Nuestra Señora Santa María de la Cabeza.

Pero antes de entrar en este tema capital, deberíamos recordar que el rey Alfonso VII, “El Emperador”,allá por el año 1150, mientras nuestra ciudad permanece bajo la media luna, libera la villa de Calatrava, entregando su mezquita al Arzobispo de Toledo, que la convierte en iglesia, encomendando la plaza a los Caballeros Templarios. ¡Los templarios a pocas leguas del Cerro y a setenta y siete años vista del 12 de agosto!
Las sucesivas vicisitudes de la guerra de reconquista hacen que los templarios devuelvan la villa de Calatrava al rey Sancho, hijo de Alfonso; la situación es extremadamente peligrosa. Si se perdía Calatrava, caería Toledo. Es entonces cuando el rey Sancho entrega Calatrava al abad de Santa María de “Fitero”, cisterciense, discípulo por tanto de Bernardo de Claraval. ¡La red se va entretejiendo!
Si he entrecomillado el término Fitero es por algo. No se olviden de este enclave navarro, cercano a Tudela, que pondrá más tarde apellido a dos de los caballeros templarios que en Andújar fundan la primera Cofradía de la Cabeza.
Se fueron sucediendo las escaramuzas. Almanzor, el zorro de Córdoba, aprieta pero no ahoga, mientras que los calatravos se van convirtiendo en un pujante ejército, tomando parte activa y de qué manera en la batalla de las Navas de Tolosa en julio de 1212, donde don Ruy Díaz, su gran maestre, quedó tan malherido del brazo que no pudo jamás volver a empuñar arma alguna. Visto estaba que monjes y pastores necesitaban milagros para que el sarmiento de sus brazos rebrotara a mayor gloria de la fe popular.
Desde Calatrava se contemplan las estribaciones septentrionales de Sierra Morena. En las Navas, Sierra Morena está a tiro de honda. Aquella batalla donde la cruz masacró a la juventud anduxareña, es la antesala de un eclipse de luna, luna que había brillado durante quinientos años sobre nuestro cielo. Solamente faltaban otros quince años para que las jaras ardieran sin consumirse en un lugar de Sierra Morena.
En este espacio de tiempo, el que va desde 1170 a 1247, aparece, por los caminos que conducen al sur, el cardenal de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, hombre clave en la historia de la nueva conquista, tan ninguneado por Salcedo de Olid y Terrones Robles, como citado y muy oportunamente, siglos más tarde, por Alfredo Ibarra, en las Actas del Congreso sobre la Virgen de la Cabeza en España e Hispanoamérica,cuando valientemente escribe:
«¿Tendría que ver en esto el arzobispo de Toledo, Jiménez de Rada, que interviene en dicha batalla?».
Rodrigo Jiménez de Rada, políglota, hombre de cultura enciclopédica, cruzado, que interviene con poderes en la batalla de las Navas de Tolosa junto a distintos personajes de las órdenes caballerescas que tienen contacto con los filones mariológicos y mitológicos, gascones y orientales, está muy relacionado con el monasterio cisterciense de Santa María de La Huerta (Soria) ‑donde fue enterrado‑ con Bliecos y con otros emplazamientos de origen templariode aquella zona.
De nuevo, los templarios, aunque tímidamente, son citados por un andujareño, cuando intenta buscar las raíces de nuestros símbolos, de nuestro mito. ¡Vamos avanzando en el posible camino de la verdad!
Avanzando, cuando el mismo autor, volviendo al personaje de Osma, Jiménez de Rada, dice:
«Todo cuadraría en esta introducción directa o indirecta de los templarios o de las órdenes que beben de ellos, ya que él, del que ya hemos relatado su cercanísima presencia al Cerro del Cabezo y de su devoción y propensión mariana, tiene vínculos con los templarios». (Está en las Cruzadas y convive con enclaves templarios franceses y españoles).
Ahora nos preguntamos nosotros: ¿Quiénes fueron las órdenes que bebieron de los templarios?
La respuesta hay que buscarla en el tiempo de la historia… Así, sabemos que es en el año 1127 (un siglo antes del portento del Cabezo), cuando Hugues de Payens, con la aprobación de Balduino II, da poderes en Roma, ante Honorio II, a seis templarios. Ese es el germen de un inmenso imperio económico, religioso y esotérico.
Cuando el 3 de abril de 1312, casi dos siglos después, Clemente V otorga los bienes del Temple, caído en desgracia, a los Hospitalarios, estamos en condiciones de estudiar a quienes «bebieron y comieron», como aves depredadoras, del botín del Temple, desde 1312 hasta el día de hoy.

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