El espejo

13-10-07.
EL ESPEJO SE ESCINDE IGUAL QUE UN VELO
tajado por una espada; y sobre la tierra se derrama
un licor de fruta que ningún hombre ha saboreado
jamás.

Es la luz líquida semejante a una lluvia de zumo.
Recónditas cañadas conducen a la inauguración
de un nuevo territorio conquistado a las aves.
El espejo duplica el misterioso efecto
de la inexistente llama;
lo hace mágico e inquietante. A una de las partes alguien
llamó día y a la otra noche, pero el espejo sigue
reflejando la imagen inocente de los hombres
y las mujeres,
desnudos, como estatuas de un parque abandonado,
mirándose entre frondas descuidadas y fuentes.
No es un estanque el cielo, ni la tabla donde
el rey y la reina
colocan sus alfiles y peones. Es sencillamente
un espejo roto donde se guardan las limosnas
fúlgidas de los instantes, los roces
de los cuerpos, la blusa
escarlata del ocaso. Y frente a él, hombres
y mujeres
se desnudan para entrar en un lago de olvido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *