Segunda carta al tito Rafa

La secretaria de nuestro padre lo impidió. Con una simple carta de recomendación podíamos haber estudiado en un célebre colegio privado. Pero no lo hizo.
Si aquel administrador familiar, ‑¿recuerdas?‑, nos hubiese habilitado una renta anual sustanciosa, hubiésemos podido disfrutar una juventud holgada. No lo hizo.
Paco, el chófer de nuestro padre, bien que pudo llevarnos de viaje para conocer gentes nuevas, culturas y paisajes… pero tampoco quiso.

Nuestro propio padre podía habernos proporcionado mejores medios, mejor casa, mejores servicios, mejores alimentos y vestidos…
Y lo hubiese hecho, estoy seguro. Pero sólo hizo lo que pudo: trabajar de albañil (de los de entonces, de los que apenas si retejaban) y darnos de comer a los siete hermanos. Y nos metió internos en la Safa. Y nos salvó. Y nos vio salir maestros antes de morir a los 55 años.
Ya ves, caro Rafa, hoy estoy nostálgico. Latino y nostálgico. Me ha dado por recordar…
Seguro que tú también recuerdas aquel 189, bordado con hilo rojo en el blanco de aquella talega de la ropa sucia, que los sábados recogían y que nos la devolvían limpia cada lunes.
Seguro que recuerdas aquellos invernales martes de ducha fría, a las siete de la mañana y con las puertas abiertas…
Y aquellos largos paseos de los jueves y los viajes con el coro y el equipo deportivo… ¿Cuándo íbamos a viajar nosotros…?
Yo recuerdo mi primer viaje a Úbeda. Fue en camión. A padre le prestaron cien pesetas y un amigo de un amigo tenía que ir a Cazorla con su camión. Recuerdo que me tomé un vaso de leche a las cinco de la mañana en un  bar del pueblo, mientras esperábamos. El caliente de la leche me quemó las entrañas enteras, pero me abrió los ojos todo el viaje, aunque no viera más que el paso rápido de las sombras, que intuía árboles.
Y recuerdo ‑y recuerdas‑ los vaqueros y jerséis que me prestaba Diego Verdera. Y recuerdo ‑y recuerdas‑ nuestros despertares, los mejores: “Qué bonito es lo nuevo” ‑decía tu madre‑ … como las flores de nieve de los almendros… como las primeras cerezas… como el primer sorbo, los primeros besos… como los primeros brotes de las parras en primavera…”.
Aquellos primeros amigos y las primeras noches. Las comidas y las madrugadas. Los deportes redentores y los interminables estudios. Los primeros amores y los teatros. Los primeros vinos y los primeros humos. Las cintas bordadas de la capa de tuno y los primeros ¿pecados? Y las primeras ausencias y los primeros gozos y las primeras sombras…
Imborrable aquella imagen señera del Rector, el padre Bermudo, con su porte de caballero como corresponde al máximo representante de la Safa, su bien hablar contagioso y su saber hacer tan eficaz…
Aquel don Isaac tan duro y tan flexible en cuerpo y alma, tan versátil y tan dispuesto siempre… Inteligente don LisardoDon Diego y su “seiscientos”, tan chiquito y tan religioso… Todo un lujo don Juan Pasquau, nada menos… tan valioso y bonachón…
Ay Cutiño, Cutiño… como te vea otra vez copiando en el examen te voy a poner un cinco…
‑Don Juan, ¿en este examen le copio también la letra pequeña?…
¿No recuerdas al padre Navarrete… “alemán” él, con su corte de pelo cuadrado y sus manos cruzadas sobre su orondo vientre y los pulgares malabares, intentando despertar nuestro dormido gusto por la música clásica…?
¿Pero quién te enseñó a ti las primeras palabras en inglés, so desmemoriado? Ah, don Luis… Y don Jesús Burgos… ¿Quién te aconsejó en tus primeros escarceos amorosos… o escuchaba en silencio tus protestas y sobresaltos… o te animaba, o te aplaudía cuando al final de curso recibías tantos diplomas con las notas…? ¿Pero qué sabes del padre Mendoza…?
¿No recuerdas los terribles seises en conducta y aplicación…, el sinco con sinco en la lectura de notas del padre Sánchez, los famosos “4” de don Fernando… y los supinos de los dichosos verbos latinos?
¿Es posible que te hayas olvidado del padre Gómez, P. Marín, P. Baena… de aquellos casi curas P. Theotonio, P. Lara, P. Artillo, hermanos Tamargo, Fernández y tantos otros…?
Yo os recuerdo a casi todos los mayores… hasta de Federico que era buen portero y que estaba novio primero con la chica de fotos Baras y que se casó con la hija de don Doroteo… ¿Te acuerdas…? El compañero que se comía públicamente los rabos de lagartija…, la impresionante voz de bajo de Talavera y la cara angelical del buen tenor Poza… La maestría con que Vicente tocaba el órgano de la iglesia…, de la operación importantísima de Marcelo y ¡cómo lo cuidaba María en la enfermería!… Hasta de la apendicitis de Henares
Y todos mis compañeros de curso y profesores.
Ya no están… ya no estamos… Mejor dicho: estamos en aasafaubeda, tu otra familia de siempre, que ahora se te ofrece a la altura de los tiempos punto com.
Sería fácil comparar con los tiempos de hoy. ¿Para qué? Aquellos fueron nuestros tiempos y sólo nuestros. No volverán a repetirse.
Ya ves, hermanillo. Nostálgico. Nostálgico y auténtico.
Tú que eres producto de la Ley Moyano en Úbeda; que te actualizaste en Córdoba y aplicaste ya la enseñanza individualizada y personalizada; que te reformaste con el Libro Blanco de Villar Palasí del 70; que reconvertiste tus tradicionales Matemáticas por el boom de la Teoría de los Conjuntos; que estudiaste, estudiamos, en la Universidad hasta el techo del saber en tiempos y circunstancias particularmente difíciles…
…Que sabemos mucho de sabañones, de rotos en calcetines, de manos en los bolsillos, de movimientos, tiempos y esfuerzos baldíos, de tragos de saliva impotentes, de grandeza de corazón hasta enfermar del mismo, de insomnios eternos por ausencias, por abundancia de carencias…
…Tú que lo sabes todo de ayudas altruistas…, que aprecias la importancia del detalle y la palabra adecuada a tiempo…, que estimas justamente valor y precio y que nunca dejarás de ser niño y aprendiz, gracias a Dios
…Que sabes también que no nos vendemos por un puñado de monedas…, que no destacamos por los aplausos inmerecidos al político o superior de turno, ni al rico y poderoso, ni al señorito…
…Ni siquiera al merecido bienestar, ni al orgullo y vanidades pasajeras…
…Ojo corazón…: luchadores, antes y ahora, por la utopía y el ideal, la locura…, generosos que se dan por los demás sin recibir nada a cambio…, ya no quedan, tito Rafa… Sólo unos cuantos, quizás unos pocos… acaso tú y yo… Incluso tú, me parece que ya flaqueas… Jajaja… (Tú sabes leer perfectamente).
Recuerdo tu participación activa en la reforma de la LOCEM, de la LOGSE, de la LODE, de la Ley de Reforma Universitaria…
…Que ahora contemplas con  benévola mirada la reforma de la LOE y la madre que los parió… (A los políticos, claro, y a los redichos expertos, y a los ilustres pedagogos de laboratorio, y a los funcionarios con sus valiosos cerebros a su servicio ‑valiosos porque los tienen poco usados‑)…
…Tú, tú y yo, que jamás robamos la sonrisa a un niño… que nos vengan con cuentos chinos para justificar tantos despachos inútiles con tantos documentos y tanto word
Mira qué versillos corren por ahí (para mí que son de Pepín, mi amigo popular).
Tienen música de Víctor Manuel.
Esta es, ñores / as, la LOE…
La ley que roe y ROE…
La que quiere el SOE…
Que saldrá en el BOE…
Y que a todos JOE…
(Te pongas como te pongas).
Edgar Allan POE
(Atribuida a este americano)
Dice mi amigo Pepín, el juez compañero de dominó ‑facha auténtico donde los haya‑, que el PSOE va perdiendo aceite y que se le nota. Que antes empezó perdiendo la O de obrero, luego la S de social, ahora peligra la E de español y que la P nunca ha sido… pues eso… que se desmembraaaaa.
Así que la LOE pronto será la LE y aún luego quedará en L…
La frase “estamos de reforma” supera a la de “vuelva usted mañana”. Y así nos va. Te imaginas al padre preguntando angustiado:
‑Entonces, mi hijo con cinco suspensos, con quince años, sin saber apenas leer…, ¿tú crees, maestro, que va bien?
‑¡Ah, no sé! Estamos de reformas.
Conoces la versión popular de la evolución de la enseñanza con el problema de la patata…
Como muy bien dice M. Valcárcel, “Ni barco ni puerto”.
Ya ves, magíster. Nostálgico. Nostálgico, latino y crítico.
Pero sabes que todo son caras de quita y pon. ¿Conoces los cromos de los TOY´S?… ‘Toy romántico…, ‘toy triste…, ‘toy fadao… Pues eso.
Me preguntan por ti,y te echan en falta, Antonio Lara, Pablo Utrera, Pertíñez, Jurado, Manolo Ballesta, Arévalo, Berzosa…
Pablo, tan íntimo amigo, con esa frente que le llega a la nuca y lo feísimo que es (perdona Carmela, pero ¡cómo escribe el tío!…). “Mejor que tú”, ‑dicen los ignorantes‑. Estoy tentado de mandar algún escrito tuyo “p’aclarar”, y que disfruten; no para “enfrentar”… O mejor lo mandas tú y, así de camino, echas una mano a este aprendiz que te escribe: que el nivel está muy alto.
Todavía andan por ahí muchos “sin papeles”.
Mi consejo es que entres este mes en el acogedor y familiar Rincón del Café; navegues entre los estupendos artículos; te deleites con las entrañables fotos de aquellos tiempos; sonrías con los archivos, ingeniosos y divertidos archivos que unos y otros mandan; hables en tiempo real con los amigos; y recibas mensajes personales…
Ya no tenemos aquel Colegio como nuestro. Tenemos nuestra antigua familia: esta Asociación, ‑también tuya‑.
Sé que eres anti-internet. Mejor dicho: contra-internet. Pero, tú sabes que te pierdes todo un mundo. Hoy internet es como las muelas. ¿Dónde vas sin ellas? “Y no vale quejarse de ellas para disimular su carencia”, decía más o menos Quevedo.
Así que te reformas una vez más.
Perdona que esta carta tan personal e íntima la haga pública. Me conoces y empiezo a escribir y…
Pero que sepas que tú tienes la culpa… y que estaré escribiéndote hasta que te asomes a esta pantalla…
Y me escribes una carta, joé… aunque no sea tan odiosamente larga como esta.
Te abrazo,
Enrique.


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Publicado en: 2005-11-26 (139 Lecturas)

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