«Psicopedagilipollas»

30-03-2008.
Después de leer el artículo de nuestro compañero ex alcalde de Marbella, José Luis Rodríguez Sánchez, sobre Educación para la Ciudadanía, con el que me he sentido revitalizado, otra información llega ‑¡cómo no!‑ del sindicato Apia. Esta vez, el analista es el ilustrísimo escritor Arturo Pérez Reverte que, con vocablos malsonantes y sensacionalistas, destruye todo lo que a su paso se interpone. El título de estas líneas está inspirado en uno de ellos.

¿Cómo se puede opinar tanto sobre lo que tanto se desconoce? Decir que en las escuelas de hoy no se lee, demuestra tener “ni puta idea” de la realidad escolar, hablando mal y pronto, en el mismo estilo que él utiliza. Defender metodologías competitivas para mejorar la lectura es convertir el aula en un concurso de “operación triunfo” sin selección previa de los concursantes. ¿En qué puesto estarían los alumnos con necesidades especiales? Interpretar que el déficit del 30% en comprensión lectora es que «uno de cada tres críos no entiende un carajo de lo que lee» es como mínimo una falacia.
¿Cómo se le ocurre afirmar que el sistema pretende educar en la ignorancia para «mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber»? ¡Qué facilidad en la manipulación del lenguaje! ¡Qué asombrosa demagogia! Sus palabras me suenan a otras épocas ya lejanas porque, quienes trabajamos en la escuela desde hace más de cuarenta años, hemos aprendido a descubrir a los profetas apocalípticos que sólo aportan resentimiento.
Dígale, Sr. Reverte, a su amigo, el maestro de Gramática citado en su artículo que, desde ahora, además de saber Física, Matemáticas o Historia, los profesores de Secundaria tendrán que saber cómo enseñarlas. Dígale, también que, afortunadamente, las conductas «xenófobas, machistas y de asesinos en serie» pasaron a la historia. Infórmele, igualmente, que la Logse no nos quitó autoridad, sino que nos obligó a buscar fórmulas didácticas más motivadoras que el miedo a los exámenes, tan habitual en los centros de Secundaria. Quizás no sepan usted y su amigo que muchos nos dedicamos, desde hace tiempo, a formar ciudadanos críticos para que sepan discrepar de los embaucadores oportunistas. Eso sí, evitando que nuestros alumnos lean sus escritos, para contribuir al lema de la Real Academia Española de la Lengua de mantener el idioma limpio y esplendoroso. Tarea difícil en tiempos de vocablos resolutos de las nuevas tecnologías, preferibles a los que utiliza usted en las colaboraciones semanales de determinada revista dominical.
La calidad no mejora comprando a los maestros a golpe de talonario. En esto estamos de acuerdo; pero para llegar a tal conclusión no hace falta decir tantas sandeces. Las soluciones, por cierto inexistentes en su escrito, deben orientarse hacia la reducción de la ratio y el aumento de las plantillas que permita refuerzo estable a los alumnos con retraso académico. Este es el camino. Lo demás suena a demagogia barata, impropia de quien pretende convertirse en un aceptable novelista.

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