Arco iris en el estrecho

Había llovido en Tetuán. De vuelta, a la hora de la patera, en uno de esos barcos de interior titanesco que hoy hacen la travesía del Estrecho, tuvimos la oportunidad de contemplar uno de los más bellos espectáculos que la madre naturaleza nos ofrece fortuitamente: un pomposo arco iris extendía sus brazos entre Gibraltar y el Monte Hacho ceutí. No hay palabras para describir las sensaciones que sentimos el grupo de amigos que volvíamos de esa ciudad Blanca Paloma, Perla del Norte, Copo de Nieve… cantada por Pedro Antonio de Alarcón y tantos poetas en sus viajes por Marruecos.

El recibimiento que nos dispensó el Sr. Ministro de Industria y Comercio a la Comisión de Interreg fue un broche de oro a un trabajo que ya recoge sus frutos. Cerrábamos un ciclo de tres años de cooperación cultural con el vecino país. Tres años para superar recelos antiguos y soltar las amarras del barco del diálogo, del conocimiento y del respeto mutuo.
He escrito algunas veces sobre la Medina de Tetuán, Patrimonio de la Humanidad, conservada exactamente igual que en el siglo XV cuando la recuperaron los andalusíes huidos de las humillantes victorias de los Reyes Católicos. También lo he hecho, en ocasiones, sobre ese maravilloso espacio urbano, lugar de encuentro de culturas que fue la avenida de Mohamed V, calle principal del Protectorado Español, donde lo mismo se procesionaba el Corpus Cristi que al Jalifa montado en caballo blanco. Siempre con el máximo respeto de moros y cristianos.
Con ese mismo respeto el Ateneo de Málaga presentó en el Teatro Español la obra Suspiros de España, de Antonio Guerrero, dirigida por él mismo y escenificada por la Escuela de Teatro de Málaga. Una parodia de los últimos cincuenta años de nuestra historia, aclamada de forma entusiasta por el millar de espectadores que llenaban la joya del Protectorado Español, uno de los teatros más fastuosos que he visto.
Dos horas antes, en el Instituto Cervantes, presentamos el libro Al Ammariyya, mi última obra dramática inspirada en las bodas a las que fui invitado en Nador y Tetuán. Un drama épico, simbolista y de tesis que pretende dar a conocer las situaciones que provocan la necesidad de emigrar.
Después de verla una vez más, el 6 de diciembre en la Sala Gades de Málaga, reflexiono sobre el efecto producido en el público. Me pregunto si los aplausos del final eran sentidos o cumplidos. Me pregunto si la tesis defendida en la trama era demasiado molesta para un público que sale de su casa a divertirse y no a que le fastidien la tarde con pateras, cayucos y miserias de las que no es responsable. Son fechas para la alegría, no para que te “agüen la fiesta”.
Así que salí de la Sala un tanto abrumado con estas sensaciones. Las caras del público eran manifiestamente dolientes. Habían visto en el escenario lo que para mí ya era familiar en mis viajes a la otra orilla. Ahora, también ellos traspasaban el mar, conociendo de cerca historias verdaderas de quienes un día decidieron el viaje mortal.
‑Me ha conmovido ‑decía una señora mayor.
‑Demasiado triste para un sábado por la noche ‑decía otro.
‑Ha conseguido que reflexione durante toda la puesta en escena ‑aseveraba un joven.
Algunos comentarios más me hicieron ver que el texto no dejaba indiferente al espectador. Al fin y al cabo eso es lo que pretendí al escribirla. Allí, más allá de Monte Hacho, no hay tantas luces, tantos adornos, tantos regalos… Si acaso y de forma esporádica, un arco iris ilumina el crepúsculo. Allí sólo se consume lo necesario para vivir. Y, a veces, ni eso.
El día 13 de enero se representa Al Ammariyya en el Teatro Ideal Cinema de Úbeda.
Que aproveche a quienes tengáis a bien verla en tan emblemático y significativo espacio para los de nuestra generación.
Mientras tanto, felices fiestas y prosperidad solidaria para el próximo año.
Adjunto la crítica que publicó el Diario Sur de Málaga a cargo del crítico y profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático, José Antonio Sedeño. Sus elogios no son para mí, sino para la puesta en escena que la compañía Ávalon hizo en su estreno en Málaga.

Málaga, 8 de diciembre de 2006.

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