Lo intocable

20-09-2012.

Las gentes claman, los que algo saben también claman, los interesados en modificar el tema claman todavía más… Y por mucho que se clame (hasta el cielo si hace falta y con muchas y diferenciadas voces), a quienes les debe llegar tanto clamor se enrocan en sordera tanto física como virtual y se siguen haciendo los locos. Con el «ande yo caliente y ríase (aquí lo cambien por un clame) la gente» van a lo suyo, a lo de siempre.

Los políticos afincados, los de oficio y estructura partidista, los que viven del sistema. Estos son los supuestos sordos.

Cuando legislan y gobiernan y lo hacen en contra de los intereses de sus administrados dicen hacerlo por «nuestro bien», mas es absoluta mentira. Veamos como mal ejemplo la determinación que tiene Aguirre y su troupe en cambiar lo que haga falta para meter ese Las Vegas madrileño (¿cantará Elvis o El Fary?) y entre lo que haga falta están las leyes que un día nos impusieron «para nuestro bien»… Supuestas leyes acatables e intocables que en un pispás se cambiarán, al igual que la Constitución, tan intocable ella, que de un plumazo cambiaron en ciertos artículos sin necesitar ni referéndum, ni renovación parlamentaria, ni nada. Se quita o se pone a conveniencia del gobernante y socios ocasionales y aquí no ha pasado nada.

Sea, admitámoslo. Como se puede hacer, se hace. Entonces, ¿por qué se empeñan en enrocarse en ciertas ideas y actos que se han demostrado ineficaces o al menos poco viables? ¿Por qué empeñarse en decir que lo de las autonomías no hay que revisarlo si es palpable que el sistema ha degenerado en simple caladero de puestos y trincaderos para los partidos y su casta establecida? ¿Por qué mantener unas estructuras consultivas, parlamentarias, judiciales, ejecutivas que se duplican, triplican, entorpecen e incluso se anulan unas a otras y, a la postre, devienen en más carguillos y coladeros para uso y disfrute de los políticos establecidos y del sistema burocrático de los partidos…? Cuéntenle a otro que es «por el bien del pueblo», que yo y ‑me figuro‑ unos cuantos no se lo van a tragar.

Por el bien de la enseñanza, se estará ahora aumentando las ratios en las aulas, como por el bien de la enseñanza fue el desmontar en su momento la EGB o la Formación Profesional, que ya vemos y sufrimos los resultados que han dado. Acá todo se hace «por el bien de…», pero lo que no se dice es de quién va a ser ese bien, o a quiénes va a beneficiar mucho más.

Quiero decir con lo anterior que o por intenciones espúreas y muy interesadas o por mantenerse en ideas o ideologías que se demuestran falsas o inconsistentes (o inviables) nuestros políticos, enrolados en estructuras cerradas y poco removibles, endogámicas más de las veces y muy, pero que muy controladas por la casta profesional de los partidos, hacen lo que a todas luces en demasiadas ocasiones no es ni lo conveniente ni lo deseado por nuestras gentes, las del común, las de a pié.

¿Peor todavía (¿todavía peor?)? Pues sí; peor todavía los que fomentan, y se esperanzan en ello, la desestructuración funcional y hasta vital del estado de cosas admitido, con intenciones no constructivas sino destructoras. Los que a estas alturas ya ven la forma de ser cabeza de ratón, aunque sea así, sólo de ratón, en la pretensión de llegar a la utopía (¡cuidado con las utopías y los utópicos!, casi siempre llevan al desastre a quienes crédulamente los siguen), que no es más que un egoísmo desmedido y calculado; calculado porque de su consecución lograrán un corralillo propio donde ejercer (y chupar del bote) el mando; y calculado, porque suponen que seguirán, de todas formas, beneficiándose de las deficiencias y necesidades de los que se quedaron en el cuerpo del león despedazado.

Y entre los que prefieren que la cosa siga tal como mal va, para no perder comedero, y los que quieren que se desguace el edificio, para montárselo a medida, el caso es que esta clase política con anteojeras sigue ahí sin hacer nada positivo, paralizada, incluso amedrentada, pero sin echarle los cojones que parece le quitaron a uno de los leones de las Cortes. De pena y da pena. Pero no nos podemos quedar en la pena, que con unos tiempos de luto gordo y unas misas bien rezadas se debería aliviar; es que debemos lucharla y vencerla, hacerla trizas y como basura lanzársela a estos políticos de chicha y nabo que todavía quieren perpetuar y perpetuarse, para nada (bueno sí, para lo que sabemos).

Ni PSOE ni PP nos ponen a tocar panderos, ni los demás que conforman la panoplia de armas oxidadas con la que estos dos se adornan. No, en cuanto sigan considerando que todavía las cosas, como están, lo mal que están, y lo mal que han funcionado, sean intocables.

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *