Ardor guerrero, 02

24-09-2012.

Si tenemos en cuenta la compleja elaboración de las novelas anteriores ‑especialmente la de El jinete polaco‑, la estructura de Ardor guerrero sorprende por su transparencia, su nitidez, su “clasicismo” incluso, entendiendo por ello que parece como si, al escribir esta autobiografía, Muñoz Molina hubiera tenido presente aquella nuestra primera narración picaresca, en donde el inicio ‑es decir, el ‘prólogo’‑ y el ‘tractado’ último parecen destinados, entre otras cosas, a establecer las coordenadas de espacio y de tiempo, del aquí y del ahora, a partir de los cuales arranca la evocación de un pasado que, sin desviaciones temporales, volverá a ese mismo presente.

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