¡Feliz 95.º cumpleaños de Francisca García Tejada!

06-03-2012.

El día 18 de febrero se celebró, en el restaurante ubetense “El Seco”, una comida para conmemorar el nonagésimo quinto cumpleaños de Francisca García Tejada con todos sus hijos y nietos (trece en total; doce más uno para los supersticiosos, que no es mi caso) en un ambiente de emotividad y sencillez que llenó de gozo a todos los asistentes, especialmente a la anfitriona…

En los postres, y tras los brindis y regalos de rigor, llegaron los parlamentos emotivos y sinceros que en esos momentos nunca pueden faltar.

Comenzó su yerno, Fernando Sánchez Resa, dedicándole estas sencillas y sinceras palabras:

A mi querida mamá-suegra, en su 95.º cumpleaños

Querida Paquita:

Hoy, y sin que sirva de precedente, voy a tutearte cual íntimo familiar con el que comparto tantos momentos cotidianos agradables e imprescindibles…

Ha llegado la oportunidad de celebrar tu nonagésimo quinto cumpleaños, pues, aunque quisimos hacerlo a los noventa, estando tú segura de que vivirías muchos años más, preferiste dejarlo para esta ocasión; quedando hoy, no obstante, ante todos los asistentes, emplazada para que dentro de cinco años celebremos un siglo contigo. Estamos esperanzados, tanto los presentes como los ausentes, en que así será…

Hace ya más de treinta años que te conozco: desde que entré por primera vez en tu casa de la calle San Cristóbal, número 36 –hoy, paradójicamente, Casa del Pueblo socialista‑, cuando hacía los primeros escarceos amorosos con tu benjamina, que tiene nombre de flor de enamorados… Ya, desde entonces, aprecié tu vitalidad y tu amor por la vida hogareña a la que sigues apegada cada día más, pues siempre te has definido como mujer de tu casa, en donde eres ‑y siempre lo has sido‑ la comandante jefe; y más, desde que hace ya diecinueve años enviudaste de tu querido Pepe (más conocido en Úbeda por don José Latorre Salmerón, quien tanto años fue ejemplar maestro de primaria de la Safa). “El abuelito Pepe”, como él mismo se definía… Seguro que desde el cielo asiste con delectación a esta celebración que hoy disfrutamos aquí, en “El Seco”…

Has sido ‑y eres‑ una mujer muy fuerte, tanto en lo físico como en lo psíquico, y no te has arredrado ante nada ni ante nadie para cantarle las cuarenta al más pintado… Te gusta saber de todo: no dejas de ver la tele y, sobre todo, escuchar la radio, sin que esta actividad coarte las múltiples faenas domésticas que diariamente llevas a cabo, por lo que no tienes tiempo de aburrirte nunca… Así, estás siempre súper informada de todo cuanto acontece, especialmente en lo que se refiere a tu familia y a tu entorno más cercano… Tienes ansias de vivir y, a tu edad, ¡sigues cocinando y haciendo las labores de la casa! Es patente que con bastante más esfuerzo que antaño, pero con la misma ilusión, cual si tuvieses cuarenta años menos… Tus macetas, con las que has tenido siempre tan buenas manos, te lo han agradecido siempre, y eso que de bien joven renegabas de ellas, según nos contaba tu hermana Trini… Tus amistades han sido principalmente tus familiares más cercanos. ¡Es prodigioso cómo no te asustas ante los zarpazos que da la vida, cuando tu generación ‑las anteriores y las siguientes‑ van cayendo en su largo y dificultoso caminar…!

Por eso, sirva este sencilla comida de agradecimiento para tributarte nuestro cariño y nuestra admiración, pues pensamos que Dios te ha premiado largamente con esa salud envidiable, de “hierro fundido”, que es un conglomerado ‑a partes iguales‑ entre la genética heredada y esa vida sana y de trabajo continuado que has realizado a lo largo de todos los años de tu vida: ya de bien joven, ayudando a todas las labores del hogar, incluida la de hacerse los vestidos y todo tipo de ropa, como antes solamente las mujeres primorosas sabían confeccionar ‑actualmente, mejor no preguntar por ello‑, hasta el día de hoy; pasando por tus años de esposa y madre de estos tres pedazos de hijos, tan salados, que has tenido la suerte de tener y que tanto te quieren, estando pendientes de ti en todo momento…

Es prodigioso cómo te has ido adaptando, con tu esfuerzo y tesón, no cabe duda, incluso oponiéndote en un principio, por qué negarlo, a los distintos cambios que la vida nos ha traído a todos, llegando incluso a manejar aparatos aparentemente sencillos, pero que a cierta edad no es tan fácil desentrañar sin dificultad: te haces la prueba de la sangre; te mides la tensión arterial; ves la televisión con el mando a distancia; pones tu lavadora y cocinas como cualquier ama de casa mucho más joven que tú; incluso el microondas también lo usas con inteligencia… A tus años, sigues siendo una mujer pizpireta (‘viva, pronta y aguda’, según nos apunta el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española). En fin, que no me extraña que todo médico, sanitario o cualquier persona que te conoce se admire de la vitalidad que posees a tus muchos años, pues siempre aparentas bastantes menos, tanto en lo físico como en lo mental; con esa prodigiosa memoria que algunos como yo, con casi cuatro décadas menos, ya no controlamos tan bien como tú… Es lógico que todos afirmemos que firmaríamos llegar a esta longeva edad tan plena de facultades físicas y mentales como tú lo estás… ¡Menudo regalo…!

Oyes la radio, ves tus misas en la televisión, incluso con tu hija Juani haces ya un gran esfuerzo y te acercas algún domingo a asistir a la Santa Misa en San Isidoro, que, como dices tú misma, «Cada vez está más lejos…»; programas las comidas y nunca te aburres en tu casa, pues siempre estás pensando en alguna labor, en hacer sopa de letras, en la comida que vas a preparar…

Debemos dar todos gracias a Dios, porque con noventa y cinco años vives sola en tu casa, pues como el protagonista de ETE, la amas sobremanera y te cuesta un sin vivir abandonarla…

Todos te deseamos que sigas teniendo salud y que los achaques de la vejez, que por desgracia te van llegando como a alguno de los presentes, no sean lo suficientemente graves para que puedas seguir disfrutando de la vida en tu casa, sabiéndote querida por este elenco de hijos y nietos que hemos venido hoy a felicitarte; y que también los bisnietos y demás familia ausente te quieren y te estiman…

Quedamos emplazados todos, por tanto, hasta dentro de cinco años, para celebrar por todo lo alto, aunque sea sencillamente, el cumplimiento de un siglo de una mujer que vino al mundo allá por el año 1917, precisamente en el año de la Revolución Bolchevique y en el día 17 de este febrerillo loco, en una familia de raigambre ubetense ‑aunque por accidente naciese en Málaga‑ y que ha conformado una arboladura humana encomiable, que ya se extiende por parte de Andalucía, Madrid y Castilla‑La Mancha, con deseo de seguir su estela de trabajo, amor a Dios, sentido del deber y de un ramillete de valores humanos que son vivo ejemplo para las nuevas generaciones.

¡Recibe muchos besos y abrazos de todos tus descendientes y familiares colaterales, que quieren que sigas regalándonos ‑con tu presencia‑ la sabiduría humana acumulada en tantos años vividos…!

Seguidamente tomó la palabra su hijo, José M.ª Latorre García, para declamar un sentido e inspirado soneto, que ya traía enmarcado en un cuadro.

Para Francisca García Tejada

Mi querida mamá, tras este evento,
de tu noventa y cinco aniversario,
como hijo mayor, me hago emisario
del sentir general de este momento.

Eres de tu familia, su cimiento,
el gran tronco de todo este arbolario,
eres tronco, ya casi centenario,
al que todos debemos el aliento.

En nombre de tus hijas y tus hijos,
de tus nietas, tus nietos y biznietos,
el soneto aquí escrito te ofrecemos.

Muy claro digo aquí, sin acertijos
que nuestros corazones, todo prietos,
gritan, con fuerte voz, que te queremos.

Finalmente, y de una manera improvisada, su otro yerno, Francisco Jesús Arenas Ruiz, declamó ‑de memoria‑ parte del poema “A un olmo seco” del universal escritor Antonio Machado, que transcribo completo a continuación.

A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

De esta poética y sutil manera le declaró su deseo, y el de todos los presentes, para que en ella sigan floreciendo brotes verdes que sean fiel reflejo de la renovadora juventud que sus nietos y bisnietos poseen…

Entre las muchas anécdotas que se produjeron en los preparativos, la comida y los postres, destaco la última: después de haber apagado las luces, Tere salió con la tarta, y el 95 encendido sobre ella, para que la abuelita Paquita llevase el rito preestablecido en todas estas celebraciones. Antes de que le diese tiempo a hacerlo, el aparato de aire acondicionado se le adelantó apangando las velas, ante la sorpresa y risas de todos los presentes, por lo que hubo que encenderlas de nuevo, y entonces, ya sí, el fuerte y seguro soplo de la cuasi centenaria logró su objetivo…

Todos salieron muy satisfechos y esperando volver a juntarse, cuando la homenajeada cumpla un siglo. ¡Esperemos que así sea…!

Úbeda, febrero de 2012.

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