Un libro amarillo: «Tumbas sin nombre», 1

04-07-2009.
Era la hora de los oportunistas, el momento de aprovechar el tirón, el instante de vender unos miles de libros para demostrar que se está en la brecha, aunque esa brecha sea una tierra tan noble como para ser el último reducto de los linces ibéricos.

Los hay, elegidos ellos por el dedo del destino, que son capaces de parir un libro cada semana. Para ello tienen poderes paranormales y hábitos ignotos de “escritura automática”, capaces de endiñarnos “un best seller” sobre el mismo tema de Flash Back, con el flagrante título de Tumbas sin nombre, utilizando editoriales, cadenas de radio y televisiones lejanas al entorno del hecho, como si no quisieran dar la cara al pueblo de Andújar, sin caer en la cuenta de que los andujareños tenemos grandes deseos de escuchar sus argumentos para poder cotejarlos con los nuestros.
El valor y la valía se los supongo a Iker Jiménez, lo que pongo en duda es su credibilidad.
Quizás en la próxima hornada de la Universidad de Otoño, este vitoriano, junto a su colega rondeño Luis Mariano Fernández tengan la galanura de poner mesa redonda donde debatir los vericuetos de su libro Tumbas sin nombre.
¿Serían capaces el uno y el otro de llegarse hasta Banalcoaz, cerca de Ubrique, cerca de Ronda, y preguntarle al “Enclavao” por los suicidas del tajo de Ronda?
¿Tendrá agallas Íker para efectuar una mínima psicofoníaGrabación de sonidos atribuidos a espíritus del más allá. en la vieja catedral de Vitoria para preguntarse ante la bella imagen de Nuestra Señora de la Esclavitud, por “las tumbas sin nombre” de las víctimas de “las matanzas” y “las masacres”de sus paisanos los etarras o para adentrarse en el palacio de Escoriaza‑Esquivel para adivinar cuántos seminaristas se han sodomizado entre aquellos muros? ¿Tendrá algún libro, de aparición precoz, preparado para ganar escaparate en las librerías, sobre estos apasionantes temas?
Quien pide respeto debe respetar, pero creo que a Íker, en está ocasión, le faltan graves dosis de este valor social al afirmar que “el Pelao” encaja en la foto de Santiago Cortés. ¡Qué falta de consideración a los muertos y qué tomadura de pelo a los vivos!
Escribidores como éste, buscadores de ovnis compulsivos, nos meten a todos en el mismo tren de sus apetencias, en el tren de mercancías de su amarillismo, amarillismo contra el que no tenemos nada porque de algo tendrán que vivir estos dos buscadores de humaredas y fantasmas, pero que no estamos dispuestos a pasar por alto, mientras se manosee la memoria de nuestros antepasados y el crisol de nuestros símbolos sagrados, opinión que hago extensible a Luis Mariano Fernández, conocido en estos pagos por su aparición, en una cadena de televisión local, sita en la Costa del Sol, siempre entre penumbras verdes.
Si el rectificar es de sabios, a tiempo están de enmendarla, porque entre los hipnólogos, Técnico en regresiones hipnóticas. las videntes y los paparazzi Fotógrafo fisgón. de sucesos extraños, han estado a punto de convertir un templo, el Santuario más antiguo de las Andalucías, en una nueva Torre de Babel.
No estamos solos en la crítica a este libro, pero también somos conscientes de que tiene sus adeptos. Nosotros simplemente vamos a rescatar algunos documentos que apoyan nuestro más respetuoso pero contundente varapalo a este par de reporteros, que nada más ver el “acierto”de Flash Back, pusieron manos a su obra.
Que Íker Jiménez no es un investigador científico, lo dice él mismo cuando afirma sobre su libro:
«Nadie que quiera análisis eruditos o hipótesis muy sabias debe comprar este libro. Porque este libro está en las antípodas de lo sosegado y del análisis reflexivo».
Pero es que “investigando” en su producción literaria, nos encontramos con otra perla peregrina para irreflexivos valientes, titulada El extraño caso del hombre pez del que se ha dicho:
«Seguro que muchos lo recuerdan. Hace ya mucho tiempo, el investigador Íker Jiménez participaba habitualmente en la lista de correo electrónico “escépticos”. La verdad, aún no sé si lo hacía por masoquismo, por ganas de demostrarse a sí mismo que era capaz de combatir contra los malvados arpíos o porque de verdad esperaba convencer a alguien de la calidad de sus investigaciones. El paso de estos reportajes por el tamiz de “la corrala escéptica” dejaba bien claro que no resistían siquiera el más somero análisis por parte de personas acostumbradas a ejercitar un poco el sentido crítico. Y, lo que resulta aún más indignante para esos “investigadores” que presumen de haber hecho tropecientos mil kilómetros tras los ovnis: sin que los escépticos tengamos siquiera que levantarnos del sillón».
Quien esto afirma, rubrica en internet como Yamato. Pero no para aquí la cosa, sino que a más abundancia sobre la credibilidad de nuestro prolífico autor, viene Manuel Caro Terrón y le suelta lindezas como éstas:
«¿Debe compartir Arsuaga estantería con los libros falaces de Íker Jiménez? ¿Merece Feynman ser situado junto a los desvaríos acientíficos de los geobiólogos Que explora las interacciones entre la vida, por un lado, y el ambiente físicoquímico de la Tierra, por otro.?».
Casi acabamos la “estopa” con unas palabras de Luis Alfonso Gámez, en un artículo, donde comentando un trabajo de Ricardo Campo Pérez, con el título de “Los desinformadores, con nombres y apellidos” afirma:
«Benito Manuel Carballal, Bruno Cardeñosa, Íker Jiménez y Javier Sierra son, por orden alfabético, los manipuladores. Ellos son los profesionales del misterio que han sembrado la mentira en torno al proceso de desclasificación en Más allá, Enigmas y Año cero».
Y aquí nos detenemos, en la creencia de que con estas tres pinceladas ustedes sean capaces de adivinar cómo acaba el cuadro.

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