En el Domingo de Ramos…

08-04-2009.
SEMANA SANTA, para pensar de otra manera. O, simplemente, Semana Santa para pensar. Porque quizá es eso lo que nos falta. Tenemos el órgano, pero ¿no va escaseando la función? Inteligencia hay, pero, ¿cómo la empleamos? ¿En qué la utilizamos?

Las urgencias acometen, y rara vez alguien se toma un descanso para plantearse el problema. Muchas cuestiones terrestres ‑pedestres‑ impiden o nos estorban para situarnos ante lo sobrenatural. Pero lo sobrenatural tiene una realidad: se cierne inapelable sobre el mundo y el hombre. Y por eso, de tiempo en tiempo, debemos obligar al pensamiento a la meditación profunda. No sirve la evasión. Y llega el momento en que las respuestas frívolas no bastan. Entonces, hay que humillarse. Humillarse y, luego, levantar un afán.
Es, seguramente, el propósito, el objetivo de la Semana Santa, que elevemos la frente y que nos pesen las ideas; que advirtamos una gravidez en el alma; que sintamos la fecunda madurez de una existencia que, entre la tierra, con apariencias de tierra, se comprueba depositaria de la luz.
Alzada la frente, el hombre conoce que el pensamiento, su propio pensamiento, es el mejor escabel de la Cruz de Cristo. Así, el verso de Verlaine:
He aquí, Dios mío, mi frente dispuesta a enrojecer
para ser escabel de tus pies adorables.
He aquí, Dios mío, mi frente dispuesta a enrojecer.
Precisamente, Él deshace el absurdo, disipa la tiniebla. Admitiendo su Misterio, ya no hay misterios. Glorificando su Resurrección, el dolor ‑opacidad de la carne‑ ¿no se hace transparencia, fervor, fuerza?
Semana Santa, para pensar de otra manera.
Paul Verlaine.
Artículo enviado por Rosa Liaño,
viuda de Pasquau.

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