El Salvador

07-02-2009.
(Dos euros de solidaridad humana)
Varios son los monumentos dignos de destacar en la llamada Capital de la Loma, universalmente conocida también como Ciudad de los Cerros.

Uno de ellos es, sin duda, el Hospital de Santiago, hoy convertido en centro multicultural y palacio de exposiciones, donde tienen lugar toda clase de acontecimientos culturales, desde conciertos internacionales de música y danza, hasta exposiciones pictóricas y fotográficas, pasando por todo tipo de conferencias, charlas y coloquios, sin olvidar una gran variedad de muestras comerciales. En definitiva, un foro y un escenario público, altamente codiciado por organizadores de cualquier evento.

Pero la proyección de Úbeda hacia el exterior no se limita a la que ofrece el Hospital de Santiago. La verdadera meca del Renacimiento ubetense, andaluz y español es la Plaza Vázquez de Molina, de singular belleza y de la que se puede afirmar, sin temor a error, que no existe parangón en el mundo entero.

Difícil empeño sería hacer, en el pequeño espacio de este artículo, una descripción, siquiera somera, de cada uno de los monumentos que adornan a este excepcional enclave, también conocido como Plaza de Santa María. Por eso, quiero centrar la atención en la más genuina y esplendorosa pieza arquitectónica de este sin par conjunto: la Sacra Capilla de El Salvador, mandada construir en 1536 por su fundador, don Francisco de los Cobos, influyente ubetense en el reinado del emperador Carlos I, con quien fue Secretario de Estado. Fallecido el fundador, fue inhumado en la cripta de la Capilla, donde aún permanecen sus restos. Actualmente, forma parte de la Fundación de la Casa Ducal de Medinaceli, que administra don Ignacio de Medina y Fernández de Córdoba, duque de Segorbe.
El Salvador es el monumento más representativo, majestuoso y emblemático de la ciudad de Úbeda. Su imagen tiene proyección mundial desde hace siglos y es utilizada en todos los spots publicitarios más impactantes, relacionados con el turismo, el arte o la historia. La difusión del monumento se ha incrementado considerablemente en los últimos años, a raíz de la declaración, en el año 2003, de Úbeda y Baeza como ciudades Patrimonio de la Humanidad. El incesante flujo turístico a la ciudad tiene una cita “obligada” en esta monumental Capilla que, aunque privada, forma parte del patrimonio sentimental de todos los ubetenses y de quienes la visitan. Un sentimiento que se traduce en una justa admiración y especial cuidado con el monumento; un sentimiento que no siempre es correspondido, en justa reciprocidad, a quienes profesan tal admiración. Y quiero referirme a un lamentable suceso, del que fueron protagonistas un grupo de cincuenta y cuatro estudiantes de 4.º de ESO y tres profesores, del IES “Guadalentín” de Pozo Alcón, en el que se encontraba mi hija Celia.
El hecho se desarrolló ante las puertas del monumento, el pasado día veinte de enero, cuando el grupo estaba atendiendo a las explicaciones del profesor de Historia, ante la fachada principal. Momentos en los que se desata una fuerte tormenta de granizos. La situación de emergencia apremia y, a toda prisa, se dirigen al único lugar posible de obtener ayuda: a la puerta Sur, única abierta. Allí se les exigen “dos euros” para pasar al interior, a pesar de que los profesores solicitan, por favor, que lo único que quieren es poder refugiarse todos por unos momentos. Pero nada; la postura es inflexible: «Dos euros». Ni por caridad, ni por humanidad, hubo misericordia. Los responsables del control tuvieron toda la “conciencia” del mundo de presenciar, sin inmutarse, cómo unos menores eran sacudidos por una fuerte tormenta de granizos de grandes proporciones. Conciencia que nos hace distintos a los animales y que cada ser humano lleva impreso al nacer en su código de conducta, ya sea el Duque de Segorbe o la mujer que vende las entradas. Pero no había vuelta de hoja: dos euros. “Dos euros de ayuda humanitaria”, pedidos en la misma puerta de la iglesia más grandiosa de la ciudad de “Úbeda, Patrimonio de la Humanidad”. ¿Qué Humanidad? ¡Qué humanidad!
“Dos euros de solidaridad humana”. Un mercadeo pordiosero y ramplón que presta ayuda a dos euros por cabeza. Un mercantilismo repugnante y pobretón en la puerta de El Salvador de Úbeda. De El Salvador del Mundo, que en su día nos prescribió amar al prójimo como a nosotros mismos.
 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *