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Hombre, Alfredo, has logrado ambientar el Rincón del Café como si fuera un auténtico Saloon al más puro estilo. El secreto de tu juventud, que nos acabas de desvelar, de ser aficionado a las novelas del Oeste, ha sido una contribución decisiva para el decorado del telón de fondo. Gracias. Aunque si no hubieras guardado tal secreto tampoco es que hubiera sido delito, máxime, puntualizando como has hecho ahora, que no eras fan de Lafuente Estefanía, sino que tus predilectos eran otros “más sofisticados”, como Silver Kane y Keith Luger. Con esta salvedad, lo sabes muy bien, tu academicismo hubiera quedado siempre incólume.

Hasta ahora yo también he tenido un secreto, aunque por motivos opuestos a los tuyos: nunca logré acabar una novela del Oeste. Un poco “culillomalasiento”, como soy, se me hacía interminable toda una tarde de calor sentado con una novela del Oeste en la mano. Sentía como si me pincharan. Y mientras tú te embelesabas leyendo a aquellos autores “tan sofisticados”, yo me iba y me subía a los árboles a ver nidos de pajarillos (he dicho “ver”, que conste).
No sé si fue culpa del padre Galofré, que en gloria esté, la causa de mi desafección por las letras (y por los números), ya que su inefable “revererendísima” cumplió su amenaza, lanzada sobre mí desde principio de curso, de suspenderme en cada uno de los tribunales de los que él formara parte: siete. Pero esa es otra historia que algún día deberé contar. Lo cierto es que, incluso hoy, me cuesta un enorme esfuerzo llegar hasta el final de un libro, entre otras cosas porque me resulta engorroso leer a alguien que escriba peor que yo. Y eso no va contigo, que sabes que te leo de la A a la Z; por eso quedo informado del resultado de tus investigaciones en el campo de la Estadística, al que inmediatamente voy a dar respuesta, pero antes te rogaría que volvieras a leer con detenimiento mi escrito 090017, concretamente un punto, de cinco líneas sólo, en el que se habla del «millón de parados de Nueva Cork», «la falta de asistencia sanitaria», y «el derecho de los negros». Fácilmente se puede deducir que “el lujo”, al que se hace referencia, no es el que yo haya trabajado con americanos, sino el que los americanos se puedan permitir vivir en esas circunstancias adversas. Circunstancias que en muchos otros países pudieran ser dramáticas, pero que en el país más rico de la tierra se puede llevar con cierta holgura. ¿No es eso un lujo? Otra precisión más: léase “estadounidense” donde digo «americano».
Y pasando a las estadísticas, también es necesario hacer una salvedad: el manejo y la interpretación de los números, tan fríos, rígidos y carentes de calor humano, que a veces se contraponen a la verdad empírica. Veamos: tú y yo ya llevamos un buen rato de plática en este saloon. Nuestra consumición ha sido de dos güisquis y dos sodas. Lo normal es que el barman, de la gorra de visera, “vea” (sin ver) que cada uno de nosotros ha tomado un güisqui con soda, cuando en realidad tú has tomado los dos güisquis y yo las dos sodas. No es porque digas más disparates, sino porque yo soy abstemio.
¿De verdad te crees que un marroquí o un colombiano está mejor atendido sanitariamente que un estadounidense? Yo no me lo creo si así te viera con un colt 45 desenfundado y por muchas cifras que me des. El hecho de que no haya una sanidad estatal y obligatoria no quiere decir que los ciudadanos estén desatendidos. Cuanto más rico es un país más sanidad privada hay, y eso ya es más difícil de controlar estadísticamente.
¿Cuánta gente en España sería partidaria de dejar de pagar la Seguridad Social obligatoria y con ese dinero irse a la sanidad privada? De hecho cada vez hay más gente que tiene las dos opciones, y le sería un alivio dejar de pagar la obligatoria. No sé mucho de economía, como de casi nada, sólo presumo de una cosa (y perdón por la pedantería), de tener un poco de sentido común que, como todo el mundo sabe, es el menos común de los sentidos. Y eso me hace tener muchos encontronazos con la gente de mente cuadriculada. Que tampoco es tu caso, aunque la fe en los números permite poca elasticidad mental.
Y hablando de números, aquí tienes los del IDH (Índice de Desarrollo Humano), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Un indicador social que toma como base tres parámetros:
1) Vida larga y saludable (medida según la esperanza de vida al nacer).
2) Educación (medida por la tasa de alfabetización de adultos; tasa bruta combinada de matriculación en primaria, secundaria y superior; y años de duración de la enseñanza obligatoria).
3) Nivel de vida digno (medido por el PIB per cápita PPA en dólares).
Estados Unidos aparece en el número 12, con un 0,951, y España aparece en el número 13, con un 0,949.
Otro dato muy significativo es el que nos da el FMI en el 2008 sobre PIB-PPA per cápita. Relación de países ordenados según su PIB a valores de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) per cápita.
En este ranking, EE UU figura en el número 6, con 46 541 $; y España, en el número 28, con 30 764 $.
Y para finalizar, no voy a contar ningún chiste, porque no es ninguna guasa que la alternativa a la distribución de la riqueza del liberalismo sea repartir el 100% de la miseria (como único bien) entre el 95% de los ciudadanos, a pesar de que sea muy justo y equitativo.
En la próxima entrega diré algo sobre el conflicto de Palestina-Israel.
Saludos.
 

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