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Por Dionisio Rodríguez Mejías.
 
BUENAS NOCHES, DON JUAN LUIS

 

 

No, nada. Que hace unos días que le veo solo en este Rincón del Café y he pensado que por qué no venía a hacerle un poco de compañía. No; si ya sé que usted es un hombre satisfecho y que la vida no le va mal; es más bien por mí. ¿Sabe? Yo pasé doce años de internado, que se dice pronto, y hace más de cuarenta que salí de la Safa.
Y parece mentira, pero no me saco a las Escuelas de la cabeza, que dice mi mujer que soy un romántico y un inmaduro, por no decir imbécil; y yo creo que algo de razón debe llevar y que lo mismo podría llamarlo “Síndrome de Estocolmo” como eso que les entra a los que han secuestrado y acaban siendo amigos de los secuestradores y cuando aparece la Guardia Civil gritando: «¡Manos arriba!» y diciéndoles que ya son libres se les aflojan los lagrimales y se abrazan a los terroristas y, lo que son las cosas, parece que no quieran volver a casa con la mujer y con los hijos.
Y ya que le tengo a mano no quiero que se escape sin decirle, como mi amigo Paco Martínez, que para nosotros es un honor y una satisfacción verle por este Café. ¡Ahí es nada! Tener a un jesuita como compañero de tertulia. ¡Un lujo asiático, como se dice ahora! Que sí, hombre, que sí. No se quite importancia. Ya sabe lo que decía Lenin: «Si tuviera una docena de cuadros tan talentosos y dedicados como los jesuitas, el movimiento comunista barrería el mundo». Pues claro; luego le dio por justificar lo injustificable y, no es que a mí me importe mucho, pero ya ve usted en lo que ha venido a quedar la cosa, en el pobre Llamazares con cara de perejil revenido y con dificultades para pagar los sueldos de los colegas de partido, que sólo de pensarlo me llevan los demonios, porque de joven, aunque usted no lo crea, yo era comunista. No se ría, no. ¿Que no lo cree? Ande, pregúntele al padre Mendoza. ¡Lo que le hice sufrir!
Y es que, cuando te entra el virus del comunismo en edad juvenil, te transformas en una mosca molesta e impertinente ‑ya sabe usted a lo que me refiero‑ y no paras de picotear los venerables atributos de tus educadores, dicho sea con el mayor respeto. Que si por qué llevaban a Franco bajo palio, que si aquí no se respetaban los derechos humanos, que si no había derecho a huelga, ni libertad de expresión… en fin… ¡Como si el padre Mendoza tuviera alguna culpa! Y él, tirando de paciencia y disimulando, como si se chupara el dedo; y yo, que dale Perico al mazo, diciendo tonterías que, sin que salga de aquí, era para mandarme… ya sabe usted adonde.
Por cierto, ¿vio usted al Rey en la tele el día de Nochebuena? ¡Qué bonito!, ¿no? A mí, lo que más me gustó es eso de que todos debíamos tirar del carro para salir de la crisis. Ya ve, yo pensé en aquellos carros de las películas que, cuando se atascaban, venía John Wayne galopando y les decía, a voces, que aligeraran la carga si querían salir del barrizal y que se dieran prisa, que los caballos estaban agotados. Y entonces se desprendían de casi todo lo que suponía un estorbo, aunque siempre quedaba un barril de whisky que les daba pena abandonar; pero John Wayne, ¡bueno era él para andar con tonterías!, se subía al carro y mandaba a hacer puñetas un montón de cosas, sin importancia, en apariencia, pero que para un viaje tan largo resultaban pesadas.
Y algo de eso creo yo que deberíamos empezar a pensar, también aquí. Porque este carro, no es el de Manolo Escobar ni el de Paco, el de la Plaza del General Saro. ¡Este carro se las trae! Y, como «No hay virtud más eminente / que el hacer sencillamente / lo que debemos hacer» (que decía Pemán en El divino impaciente), deberíamos tomar ejemplo de John Wayne y gritar a nuestros gobernantes que hay que aligerar el carro de gastos innecesarios, festejos, viajes, asesorías, enchufes, sueldos, sobresueldos, estudios, reformas, coches, servidumbre, chóferes, campañas de publicidad y demás bagatelas a la mayor gloria de quién gobierna. Que el carro, con los parados y los jubilados va bien servido. ¡Casi doce millones! Miedo da decirlo; pero ellos no tienen ninguna culpa de no tener trabajo o tener muchos años.
Veo que empiezo a aburrirle. No se preocupe, si ya me lo imaginaba, y es que bien mirado uno debería hablar con los que son como él, y no pretender salir de su círculo. O sea, como dice el cantar popular:
Cada uno mire a su igual:
la burra mire al borrico,
que nunca se entenderán
un buey grande y otro chico.
Pero se pone uno a hablar y se le va el santo al cielo y sobre todo cuando salen los valores a relucir que, dicho sea de paso, catorce años oyendo hablar de educación y de principios y, hoy día ‑no tenga en cuenta lo que le voy a decir‑, son un estorbo; que cuanto más bueno es uno, peor; que hoy triunfa la gente ligera de cascos, que a la vista está.
En fin, padre, se hace tarde y nos van a cerrar ElRincón. Le agradezco la atención prestada, aunque le he visto dar alguna cabezada, de vez en cuando. No se preocupe. No le he dicho nada porque de no ser usted, nadie hubiera soportado el rollazo que le acabo de largar; que hoy nadie quiere que le hablen de paro, crisis, internados de jesuitas, comunismo o educación en valores. A ver, pregunte a sus alumnos quién era Pemán y quién ha leído El divino impaciente. Y eso que en Andalucía… a lo mejor; pero yo, que vivo en Barcelona, imagínese. De acuerdo: John Wayne es más conocido, eso no se lo voy a discutir.
Vuelvo a rogarle que se pase por este Rincón con más frecuencia, que los antiguos alumnos de la Safa, aunque la mayoría sean medio rojos y no paren de hablar de la escuela laica y cosas así, tienen principios y valores, humanos y religiosos, para exportar; lo que pasa es que hoy día estas cosas no están de moda. ¡Tenía que haberlos visto hace cuarenta años!
En fin, don Juan Luis: con estas líneas sólo he intentado hacerle un rato de compañía en este viejo Rincón. Sepa que esta charla ha sido para mí un verdadero placer y sepa también que agradezco sinceramente su amabilidad.
Barcelona, 2 de enero de 2009.
roan82@gmail.com

 


 

2
Por Francisco Fernández Martínez.
 
Un brindis en honor de nuestro compañero Manuel Almagro que desde su “Atalaya” ha contribuido a que nuestro paseo por Úbeda nos sea más familiar, aunque quizás, la expresión más correcta sería con más calado “nostálgico”.
La verdad sea dicha, y es que, desde mi retorno a Úbeda con motivo de las Asambleas de nuestra Asociación, al deambular por sus calles, he echado siempre de menos al general Saro en la plaza de la Torre del Reloj. Quizás sea porque me recordaba la anécdota de la fotografía que ya os conté en esta página. Aunque la plaza ya no sea la misma, es posible que con la vuelta del general Saro se nos antoje como con más solera.
Así que querido Manolo, vaya por ti este brindis y mi enhorabuena por haber conseguido vuestro propósito, aunque sólo sea en parte, de recuperar la Úbeda tradicional y monumental.

 


 

3
Por Manuel Almagro Chinchilla.
Hola José María:
Ya he recibido las normas (el manual deontológico) a las que hay que atenerse para las colaboraciones literarias. Gracias, una vez más, por ésta y otras atenciones, querido Redactor Jefe.
Por otra parte, hablando del Ricón del Café, debo decirte que me he llevado una grata sorpresa al ver que nuestro compañero, Francisco Fernández Martínez, me agradece el artículo del general Saro.
Como no suelo entrar en el Rincón, no por nada, sino simplemente porque como las pocas veces que entré no le vi actividad alguna, siempre he pasado por él con toda indiferencia. Hoy, por casualidad, se me ha ocurrido entrar y he visto la divertida e interesante carta que Dionisio le dirige a don Juan Luis, “Buenas Noches”. Tan embelesado estaba en la lectura que, cuando quise acordar, llegué casi sin darme cuenta hasta el final, donde me topé con el comentario antes mencionado de Paco Martínez.
Gracias, Paco, por tu brindis. No sabes cómo me alegra y cómo me anima tu comentario. Estas son las compensaciones más gratificantes que podemos recibir quienes tenemos este dichoso de “vicio” de escribir. Asimismo, también es una satisfacción haber colaborado para que tu paseo, lleno de «nostalgia», tal como dices que lo has vivido, por nuestra querida Úbeda, te haya hecho disfrutar y rememorar aquel tiempo pasado del que siempre solemos decir que «fue mejor».
Nota: Creo que este es el sistema para publicar en el Rincón. Si hay otro, ya me lo dirás.
Un abrazo.

 


 

4
Por Antonio Lara Pozuelo..
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¡FELICES «REYES»!
Vuelvo del Foro de charlar con Pepe Aranda y Enrique Hinojosa, y me he venido a tomar un café al «Rincón» para arrimarme al calorcillo de alguna amigable discusión. Mala suerte: aún flotaba el olorcillo de un excelente nescafé que acababan de consumir Dionisio, Francisco Fernández y Manuel Almagro. Y al rescoldo me puse a leer lo que en el mostrador habían dejado.
Una vez más (¡cuántas veces lo habré dicho!) Dionisio hace gala de su fluida prosa periodística, esta vez sin el aliño picante y la irónica malicia a la que nos tiene acostumbrados; probablemente se deba a que su intervención está dirigida al respetable director general de la actual Safa, quien, por cierto, la otra semana se asomó al «Rincón» para desearnos «Feliz Navidad» mediante la reproducción de una postal y tres líneas que más parecían dirigidas a la sección de párvulos (los «babys azules» de los años 50) que a los peliblancos o calvirredondos antiguos alumnos que ahora somos. Bien es cierto que algunos pueden conservar un cándido corazón con esa «ingenuidad infantil» dispuesta a creerse la perpleja y quizás irónica contradicción de [cito y los signos de exclamación no son míos] «¡Esa Virgen embarazada…!» y sus consecuencias. Menos mal que, para celebrarlo, Paco Fernández invita al director a saborear un adulto carajillo. Y al regocijo y bienvenida de Dionisio y de Paco me sumo si Juan Luis Veza quiere participar en lo nuestro, porque, por aquello del silogismo, él es de algún modo nuestro director general.
Y hablando de «generales», aplaudo el artículo de Manuel (al tiempo que lo felicito por su santo con algo de retraso) Almagro: las pocas veces que había vuelto a Úbeda desde el año 64, siempre eché en falta la estatua del cubano general Saro presidiendo la «plaza de los cipotes». Probablemente porque formaba parte de mi paisaje adolescente, como Paco el vendedor de golosinas bajo las arcadas, o la vitrina repleta de zapatos del comercio de mi compañero de curso, Joaquín Vera García. Quien, por cierto, tenía una prima preciosa a la cual, cuando venía a visitarlo, le cantábamos a coro aquella canción que nos enseñó don Isaac y que, confeccionada para la circunstancia, decía: «La prima-Vera viene ya / cantemos todos este cantar: / ¡qué guapa y qué buena estáaa!».
Por razones estéticas y perentoriamente de equidad, los argumentos de Manuel Almagro son (fueron, porque el artículo fue publicado en el 2007) sin duda, contundentes y repletos de sentido común. Pero él sabe muy bien que a todo, si se quiere ‑y hay gente para todo‑, se le puede sacar “pajillas”.
Nuestro Rincón se calienta como en el «bon vieux temps» de hace un par de años. ¡Que en esto no tengamos crisis en el 2009, y que nos sea escrupulosa y etimológicamente beatífico!
Por cierto…

 

SONETO SIN FIN DEL PEREZOSO
(Lunes)         Empiezan la semana y el trabajo.
Quedan atrás reposo y alegría.
(Martes)      Avanza imperturbable la sangría
de nervios: los deberes a destajo.
(Miércoles)    Cual cántaro caído boca abajo,
así mengua el acopio de energía.
(Jueves)       Corto es el sueño y demasiado el día:
¡reducidos quedamos a estropajo!
(Viernes)       Son las horas del viernes alimañas
que tardan en morir con vil suspiro.
(Sábado)       Sábado, sabadito, ¡qué respiro
                  orea el corazón y las entrañas!
(Domingo)     Domingo luminoso, ¡no te enlunes!,
¡no corras!, ¡para! Que en llegando el lunes…

 

 


 

5
Por Diego Rodríguez Vargas.
Hay algo que me seduce de este Rincón. No sé si es la curiosidad de leer a viejos compañeros de fatigas o de encontrarme a mí mismo. Lo cierto es que cada vez que lo abro, me sorprende alguien con algún acertado comentario, con parrafadas que me remueven antiguas sensaciones o me hacen sonreír o, simplemente, me emocionan. A nadie quiero molestar; sólo seguir la tertulia que habéis empezado y de la que disfruto en estos momentos.
Sonrío cuando Dionisio se declara comunista en su juventud, porque tenía un especial sentido crítico ante situaciones sociales que, a casi todos, nos pasaban desapercibidas por la ignorancia política en que vivíamos. Hombre, que yo sepa, comunista es mucho más que eso. ¿O es que te has quedado corto? Ahora se lleva eso de haber sido comunista. Queda bien para ejemplo de los demás que, enseguida, perciben el sentimiento de culpa en los errores del pasado y la sabiduría de haber rectificado a tiempo. Se lo he oído al portavoz de la cúpula eclesial en la COPE, Jiménez Losantos, al escritor Sánchez Dragó… y ahora a ti. Los caminos del Señor son inescrutables, querido Dionisio, y yo te felicito por tu apuesta democrática. Pero no olvides que si el comunismo no hubiera existido, los derechos de los trabajadores no se habrían consolidado en el mundo. Es un decir, con la que está cayendo con esta inoportuna crisis, consecuencia de ese liberalismo económico que tanto han defendido Bush y Aznar. Por eso, yo, sin ser comunista, respeto a todos los que de buena fe lo fueron y lo siguen siendo.
Me sorprendo con la excelente carta a Loren de Manuel Almagro, al meter en el mismo saco del franquismo a San Juan de la Cruz, Vandelvira o al alférez Rojas. Sé que es de forma irónica y no hay más pretensión que defender a troche y moche la idea de que los políticos se pasan, se confunden en la obsesión de romper con el pasado cercano. Me alegro por la reposición del General Saro. Ahora sé un poco de este personaje, que tantas veces vigilaba nuestros paseos domingueros por la plaza del Reloj, o de los soportales, que ya no me acuerdo cómo le decíamos.
Me admira nuestro siempre querido Juan Pasquau en su felicitación del año 1955, disertando sobre el sentido de la vida, del tiempo que se fue y de la memoria. «Porque no ha muerto en nosotros el año que finaliza; al contrario, al dejar de ser en el almanaque, ha comenzado a vivir, a ser vivencia, en nuestra alma… Porque ni la inteligencia ni la voluntad pueden operar en nosotros si no se sirven, si no se instruyen e instrumentan de la pura memoria…». Por un momento pensé que oía a don Lisardo en clase de Psicología.
Pero lo que verdaderamente me ha emocionado es el poema de Enrique Hinojosa “Un caminillo ando alegre por la mañana temprano…”. ¿Dónde está ese camino, amigo Enrique, que yo lo quiero pasear contigo cuando me jubile?
No te molestes, Dionisio, por mis torpes reflexiones. Sólo pretendo una pizca de crítica en este Rincón. Si no, la tertulia parecería un «Amén». ¿Vale? Gracias por tu felicitación postal. Me hizo mucha ilusión.
Buenas noches.

 


 

6
Por Manuel Almagro Chinchilla.
Y en vista del éxito que obtuve con la visita, seguí curioseando por aquí, por los aledaños de este Rincón, quizá subyugado por el irresistible aroma que había impregnado el ambiente los cafés que acabábamos de tomar Dionisio, Paco Fernández y “un servidor”, cuando al poco rato llegaste tú, Antonio.
Sí, Antonio Lara Pozuelo. Gracias por tu felicitación, no llegas tarde, todos los santos tienen octava.
Y hablando de retrasos, ya tenía ganas de saber de ti, después de aquel breve pero jugoso encuentro que tuvimos en Alcalá la Real, donde asistimos a esa trascendental Asamblea que más pareció una prueba de maratón, no porque careciera de interés cultural-histórico-afectivo, sino por la velocidad con la que hubo que ir cubriendo los distintos actos contenidos en el programa. Recordarás, cómo no, tu truncada conferencia que me (nos) dejó con la miel en los labios; aunque luego, gracias a la intervención de nuestro presidente, fue publicada en su totalidad en nuestra página web; pero no es lo mismo oírla de viva voz, acompañada de gestos, tonalidades y otros matices personales del autor, que leerla en la inanimada pantalla de un ordenador por muy moderno que sea.
A la visita a la Fortaleza de la Mota, interesante en extremo, tampoco se le pudo tildar de muy pausada que digamos. Pero bueno, todo fue en aras del programa. Excelente programa por cierto, en el que Rafael Hinojosa, al que hay que rendirle tributo, fue el alma mater del evento, y a quien espero no soliviantar su fina suspicacia con la comparación deportiva de la jornada.
Como te decía, Antonio, no pudimos echar una parrafada un tanto serena. Cuando con toda premura nos dirigíamos al teatro Martínez Montañés, preguntamos en la calle a unos “zagalones” (“zangalitrones” se dice en el ubedí básico) que nos indicaran una cafetería; y allí nos apresuramos, como a hurtadillas, un poco como a “asomatraspón”, donde por unos momentos sentamos nuestros “reales” junto a José María, vuestras respectivas esposas y Maricarmen Ruiz. Unos cafés que “os supieron” a gloria, porque a mí me sienta como la mismísima dinamita; pero eso no quita que sienta especial fascinación por su aroma, con olor a cielo recién molido. Y tú, haciendo un alarde de sibaritismo, simultaneabas ese olor a gloria bendita con unos efluvios ricos en nicotina, procedentes de un “cilindrín” color marrón. Fumar pasó de moda y hoy es símbolo, como poco, de estar mal informados.
Cierto que a los argumentos que han propiciado la reposición de la estatua de Saro se le pueden sacar “pajillas”. Pajillas como vigas, a juzgar por los reiterados sabotajes que ha sufrido la obra escultórica desde su restitución: por dos veces, el ángel que dirige el grupo armado, ha sido decapitado; y el general, un buen día, amaneció con un palo, a modo de lanza, clavado en el pecho. La estatua ya contaba con anterioridad con otros desperfectos, agujereada por balas de fusil.
Y hablando de estatuas, decirle a Diego Rodríguez que a los soportales de la plaza del General Saro, según el manual “ubedí básico”, se les llama portalillos. Asimismo, las esculturas de Vandelvira, San Juan de la Cruz y Rojas Navarrete no las he metido en el saco del franquismo, obviamente, porque no tienen nada en común; las he metido en el saco de los antifranquistas, por si estimaban oportuno llevárselas.
Asimismo, estimado Diego, me sorprende tu afirmación cuando dices que gracias al comunismo los derechos de los trabajadores se han consolidado en el mundo. Bueno, puede ser, si hacemos un gran ejercicio de imaginación y miramos el mundo al revés. Qué dices de EEUU, con el 50% de la producción mundial y donde jamás hubo comunismo, ni creo que lo haya en un futuro próximo. ¿No están consolidados los derechos? Habrá que ir a echarle una mano. ¿De qué ha servido consolidarlos, si es que estaban, en el hasta hace poco “paraíso” comunista de la URSS y sus satélites?
Yo también respeto, faltaría más, a todos los que fueron comunistas y a quienes siguen siendo; pero, por favor, dime dónde se encuentran éstos últimos.
Un abrazo y que los Reyes Magos sea generosos.

 


7
Por Antonio Lara Pozuelo.
SI NO, TODO SERÍA DECIR AMÉN (DIEGO)
También a mí me encanta, amigo Diego, este Rincón (aunque no me desagrada el Foro, por su agilidad y conexión casi «in vivo») en donde podemos «echar un rato» de tertulia y manifestación de nuestras opiniones en torno a temas muy diversos.
Desde hace tiempo, he venido observando que ya se trate de un tema histórico, religioso, cultural, económico, educativo, literario, etc., etc., a menudo la charla tiende a encauzarse hacia la manifestación de una determinada sensibilidad de carácter político. Es cierto que algunas veces (y todos las recordamos con cierta tristeza) el cauce se desbordó. La que ahora parece entramarse, teniendo como pretexto la estatua del general Saro, es interesante y, sobre todo, inteligente y respetuosa de la opinión del otro. ¿Que tiende a «desbordarse»? Pues sí: por ejemplo, cuando se dice que «ahora se lleva eso de haber sido comunista», aludiendo a Dionisio, comparándolo con lo que en su día dijeron los Dragó y Losantos; y por ejemplo, cuando de la estatua se pasa a que los «derechos de los trabajadores» han sido «consolidados» por el comunismo (Diego) o por la derecha más liberal (Manuel). Humildemente pienso ‑y puede que estéis de acuerdo‑ que los dos han contribuido a ello en mayor o en menor medida y en tanto en cuanto los dos han sido parte integrante de un sistema político democrático. Nunca cuando uno de los dos se ha convertido en dictadura.
Pero lo que más me sorprende ‑y lo noto también cuando voy a España‑ es que, como dije, existe una gran proclividad a politizar cualquier temática y, a menudo, de manera enardecida. Y es posible que os sorprenda que a mí me sorprenda. Tened en cuenta que cuando salí de España el año 64, apenas tenía 22 años, y los más «importantes», vividos en la Safa y ayunos de «conocimientos» políticos. Y que viví el 68 en Suiza; viví «la vuelta» a la democracia en Suiza y el fallido golpe de Estado también en Suiza, entre otras cosas… Salí dolido de España, porque el franquismo no dejaba «vivir» a quienes pensaban de modo diferente. Y salí apenado de ella porque la dictadura había sido fruto amargo de un enfrentamiento entre «dos Españas» machadianas.
Ahora estoy terminando de leer «El corazón helado» de A. Grandes; hace unas semanas terminé «Soldados de Salamina» de Cercas, y poco antes me leí «El vano ayer» de I. Rosa. Mucho (aunque soy consciente de que se trata de una ficción) me están enseñando de esa «tensión» entre las dos Españas que también percibo cuando en el noticiario de la tele internacional muestra las penosas intervenciones en nuestro Parlamento: carcajadas, abucheos y descalificaciones de un lado y de otro como en una mala corrida de toros… Es verdad que en Inglaterra, en Francia o en Italia suele ocurrir algo parecido… ¡Qué pena me dan estas manifestaciones de la democracia con el trabajo y el dolor que ha costado conseguirla!
También, como a ti, Diego, a mí me emocionó el «Caminillo» de Enrique. Y porque por él andaba tranquilo y «alegre», también a mí me gustaría acompañaros en el paseo.
Buenas noches, amigos.

 


8
Por Dionisio Rodríguez Mejías.
¿DE QUÉ HABLAMOS HOY?
¿Cómo no van a molestarme, amigo Diego, tus reflexiones, si incluso tú las calificas de torpes? ¿Cómo no voy a enfadarme por esa absurda patadita de advertencia que me propinas debajo de la mesa? ¿Cómo no incomodarme por ese tosco coscorrón frailuno con el que me intentas enmendar? No, querido amigo. Yo creo que hay que hablar, responder y convencer, argumentando y exponiendo cada uno sus razones, desde el respeto y la consideración. Pasar repartiendo lisonjas a unos y coscorrones a los otros, erigiéndose en adalid de valores democráticos, me parece ridículo y lamentable.
Es muy cierto que no acepto los métodos sutiles que algunos emplean para imponer las reglas de juego y los límites sobre los que puede discurrir un diálogo o una discusión. También es cierto que me gusta hablar de lo que me parece que es verdad, sin acatar imposiciones que vengan desde fuera. Y es muy cierto que los más de doce años que pasé en las Escuelas influyeron profundamente en mi vida, porque allí descubrí que se puede ser muy feliz, cuando hay fe y se cree en las personas, aunque no se tengan demasiadas comodidades. Pero eso no me convierte en un antisistema.
No defiendo a ultranza ideas de derechas, de izquierdas ni de centro. Es más, nunca me ha gustado la política y nunca he necesitado vivir de la política. Esa es la verdad. Hablo de política, como lo hago de fútbol o de cine, porque de algo hemos de hablar; pero intento hacerlo con sentido del humor, como se ha hecho en España desde siempre, sin que nadie se rasgue las vestiduras. Y si hoy escribo de unos, mañana puedo hacerlo de los otros, porque no estoy atado a nadie. No lo dudes. Escribo porque me divierto, aunque tenga muy claras mis limitaciones; tampoco juego bien al tenis, pero llevo años intentando mejorar el revés y disfruto con ello.
Siento hablarte en estos términos a ti, a quien tanto cariño y admiración profeso; pero mi afecto no te autoriza a corregirme, etiquetarme o catalogarme según tu ideología. Creo que tengo derecho a exigir el mismo respeto y comprensión que dedico a los demás.
¿Por qué me “felicitas” por mi “apuesta democrática” y al tiempo me equiparas a Sánchez Dragó y a Jiménez Lozanitos? ¿Quién eres tú para etiquetar o catalogar a nadie? ¿Con qué derecho lo haces? ¿Por qué razones? ¿Estás seguro de que no necesitas tratamiento? ¡Cuídate, Diego! No caigas en el apasionamiento excesivo, que a nuestra edad no es aconsejable. Decía Machado:
Es el mejor de los buenos
quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida:
un poco más, algo menos…
Y no te preocupes; me importa más lo que pienso de mí mismo que la opinión que sobre mí puedan tener los demás. Pero ya que hemos entrado en esta distendida charla de café, te rogaría que me indicases cuáles son los asuntos sobre los que debo hablar y cuáles silenciar, para no apartarme de esa senda democrática que merece tus felicitaciones. Supongo que si don José Blanco sugiere a los obispos “que se encierren en las sacristías y no salgan de allí”; si el señor Bermejo recomienda a los que opinan sobre ANV que “mejor se callan”; si don Pedro Solbes dice que está “harto” de escuchar “tonterías” sobre la situación económica; si el señor Presidente llama al partido de la oposición xenófobo e integrista; y si don Pedro Castro llama “Tontos de los cojones” a casi once millones de ciudadanos, esos temas tampoco deben ser los adecuados. ¿Verdad? ¿De qué hablamos entonces, amigo Diego?
Hablar de crisis es antipatriótico; de política autonómica provoca crispación; de fracaso escolar es hacer demagogia; del problema de la vivienda es propio de resentidos; hablar del paro, de derrotistas; y hablar de ese nuevo Ministerio, que en Andalucía llaman de “Igual da” (que esté o que no esté), me imagino que tampoco merece tu aprobación. Luego, ¿de qué opinamos? ¿Hablamos de la cúpula de Barceló? ¿Hablamos de coches oficiales y reformas de despachos? ¿De qué hablamos? ¿Por qué no me lo aclaras para que escriba sobre algún asunto y puedas volver a felicitarme? ¿O vamos a pasarnos toda la vida poniendo a parir a Bush, a Aznar y a los obispos? Ya sé que esos son tus temas preferidos, pero a mí me parece mucho más divertido hablar, por ejemplo, del señor Pedro Castro. Ya sabes… sobre gustos… ¡Vaya pareado que se ingenió y vaya slogan para los próximos mítines!:
¡¡Once millones
de tontos de los cojones!!
[Repítase durante unos minutos, acompáñese de rítmicos aplausos y dígase después el resultado.]
Fantástico, ¿verdad?
¡Eso sí que es fomentar el diálogo, cultivar la tolerancia, respetar al adversario y predicar, con el ejemplo, educación para la ciudadanía! Oiga: ¡finura y esencias de democracia! ¡Felicidades! ¡Sí señor!

 


9
Por Antonio Lara Pozuelo.
 
DE LA LLAMARADA EN LA PALABRA AL DOLOROSO FUEGO
Me da la impresión de que Dionisio y un servidor estábamos escribiendo simultáneamente las intervenciones que preceden a ésta. Pero que la mía llegó a manos de nuestro celebrado Regidor y que éste la «colgó» en el Rincón unos minutos antes de que lo hiciera con la de Dionisio. Lo digo porque en su «respuesta» a Diego (5) no tiene en cuenta (en realidad, no tiene por qué tenerlo) lo que esbozo en la mía (7).
Lo digo porque una cosa es el diálogo tranquilo, sosegado, sereno y mesurado (se hable de lo que se hable) y otra el que (se hable de lo que se hable) existe la tendencia a personalizar e interiorizar la respuesta del interloculor. Y ya estamos entrando en el derbordamiento y enardecimiento al que me referí en mi intervención anterior: de la estatua de Saro (Manuel Almagro) ya nos estamos abriendo una zanja plagada de animosidad en signos de interjección, de interrogación, de demandas de respeto y de comprensión mutuos, etc. etc. Y rebosando ironía, se mezclan decires y haceres de ministros y ministerios, obispos, pintores, periodistas, tendencias xenófobas, integristas, partidistas y ciudadanos de a pie, mezclados con variados asuntos sobre los que «puedo o no puedo hablar si mi interlocutor me lo permite».
Yo, que vivo en Suiza, alejado (que no desinteresado) de la vida española, me pregunto «¿A qué viene todo esto? ¿De qué es síntoma esta crispación entre amigos, que se llaman entre sí amigos?». Tristemente (porque ello condujo a un importante abandono y casi anulación del Rincón) recuerdo que hace unos meses (o pocos años, no sé) alguien (tampoco recuerdo el nombre) empezó su intervención en el Rincón diciendo poco más o menos lo siguiente: «Después de haber leído la respuesta (de no sé quién) dan ganas de largarse y no volver a escribir en el Rincón».
Esta fue una llamarada de la palabra producida por otras palabras que se interpretaban mordientes. Sí: la palabra puede arder hasta quemar al otro. La palabra está para iluminar inteligencia, imaginación, emociones, sensibilidades, pensamiento y un largo etcétera. Que dé luz, la palabra; pero, por favor, que no queme ni, menos, incendie.
Si en el título hablo del «doloroso fuego», quería referirme al terrible, viejo e interminable conflicto que enfrentan en Gaza a palestinos e israelitas. He ahí dos pueblos geográficamente abocados a la coexistencia, al diálogo, al entendimiento y negociación; pero que viven desde el año 1947 dándose la espalda, en el mejor de los casos; y, en el peor de ellos, provocando terribles masacres; mientras quienes crearon esta situación se escandalizan o gesticulan o contemplan la situación con los brazos cruzados.
Como pregunta Dionisio «¿De qué hablamos hoy?», hubiese querido exponer mi opinión sobre este «Doloroso fuego» y conocer también la vuestra. Pero veo que me he alargado demasiado en «la llamarada»…
Lo dejo, si os parece, para la próxima.

 

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