La estatua del general Saro en Úbeda

02-01-2009.
Mi querido amigo Loren:
Ya ves, al final hemos visto la estatua del general Saro puesta nuevamente en su sitio: en la Plaza Vieja, o en la plaza de la Torre del Reloj, como indistintamente es conocida. Para que veas el resultado de ser insistente en pedir lo que nos pertenece, porque la estatua fue erigida por suscripción popular de la ciudad de Úbeda y forma parte de nuestro patrimonio urbano.

Es un interesantísimo conjunto escultórico del creador Jacinto Higueras, comprovinciano nuestro, de Santisteban del Puerto. Cierto que el actual equipo de gobierno del Palacio de las Cadenas había prometido su reposición, pero no han estado de más las constantes peticiones que se han hecho desde distintos sectores de la sociedad ubetense por si acaso se les olvidaba. Ya se sabe que, a veces, los políticos se suelen hacer los olvidadizos.
Y no digamos nada del anterior equipo de gobierno, autor del desaguisado de las obras del aparcamiento de la plaza, que la han dejado hecha una pena. Estos trabajos fueron el motivo por el cual hubo que desmontar el grupo escultórico y confinarlo en un destartalado almacén de la antigua cárcel. “El general en la cárcel”. Ya te puedes figurar cuánto chiste fácil fue capaz de concebir la aguda inventiva popular.
Pero no es chiste, Loren, ya que después de cinco años, terminadas las obras, el general seguía en la cárcel, quizás condenado a “cadena perpetua”. ¿Qué hubiera sido de Mágina, la ciudad que nuestro universal Antonio Muñoz Molina recrea en sus novelas? ¿Qué hubiera sido de la plaza sin su general Orduña…? Posiblemente, nuestro querido paisano y académico hubiera tenido que reescribir gran parte de su obra literaria, todo porque unos “demócratas” se creen los elegidos para prescribir qué estatuas son buenas o son malas, o cuáles se deben de poner o se deben de quitar. Pocas intenciones tendrían de ponerla, a pesar de que el proyecto de las obras contemplaba su reposición. Encima del dislate de ese horrendo aparcamiento, van y no lo terminan.
La obra escultórica ha sido objeto de una importante restauración a cargo del escultor local Alfonso Cobo, ya que en los traslados sufrió importantes desperfectos. A pesar de ello, algunos rostros de la parte posterior del grupo acusan severas amputaciones.
Con la reposición de la Estatua debemos dar por saldada la deuda que el Ayuntamiento tenía con la ciudad de Úbeda. Desde esta Atalaya, rendimos homenaje, dentro de nuestra humildad, al general Saro. Nacido en Cuba e hijo adoptivo de Úbeda, gran benefactor de la ciudad.
A instancias suyas se realizaron grandes obras: los grupos escolares del Cristo del Gallo, de la Explanada y el del Alcázar, hoy verdaderos monumentos; el teatro Ideal Cinema; el cuartel de caballería de Recría y Doma, hoy Academia de la Guardia Civil; la biblioteca municipal, la apertura del Parador de Turismo, la Escuela de Artes y Oficios, la reconstrucción de la Casa de las Torres, la Comunidad de Regantes del Jandulilla y el inicio de las obras del ferrocarril Baeza-Utiel. Todas ellas hechas en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, antes de la Guerra Civil.
No sabemos qué vinculación tuvo Saro con el franquismo, ni de su participación en la Guerra Civil, ya que fue asesinado justamente un mes después de la sublevación. En cualquier caso, con la entrada en vigor de la Constitución en 1978 se decretó una amnistía general con la que se puso punto final a todos los llamados delitos políticos de uno y otro bando. Esto es algo muy importante para la convivencia nacional y que debemos invocar siempre. No se puede imputar por tanto ningún motivo político al general Saro por muchas vueltas que se le quiera dar y por mucha “media” memoria histórica que se quiera sacar a relucir.
Ahora sí, con la estatua repuesta en su lugar (y no antes, como se pedía a través de encuesta desde este mismo medio), sería procedente que cualquier colectivo o partido político o ciudadano cualquiera propusiera una consulta popular para quitar la estatua. Y ya puestos a preguntar absurdos, yo les sugeriría que incluyeran también en la pregunta el quitar la estatua de San Juan de la Cruz, por ser un santo de la Iglesia, ya que la Iglesia apoyó el franquismo; o quitar la estatua del alférez Rojas Navarrete, por ser un militar de la época de Franco; y quitar también la estatua de Andrés de Vandelvira, por ser un arquitecto que hacía palacios y catedrales para los ricos y poderosos. ¿En honor a quién habría que erigir estatuas?
A una ciudad tan monumental como Úbeda, con un excepcional elenco de hijos ilustres, no le sobran estatuas: le faltan. No es hora de quitar, sino de poner.
Publicado el 14 de abril de 2007.

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