Querido don Jesús

Querido don Jesús:
No soy el más indicado para dedicarte estas líneas de reconocimiento, porque tienes muy buenos e ilustres amigos, capaces de glosar un buen artículo lleno de todas las cosas buenas que tú te mereces. Pero al menos, como “el tonto del lugar que se creyó golondrina y un día se echó a volar desde lo alto de una encina”, me atrevo y me dirijo a ti para que mi granito de arena, si es posible, complemente tus recuerdos.

Y lo voy a hacer, en recuerdo de los personajes que tú nos animaste a leer y de los poemas que contigo aprendimos: Machado, Rubén Darío, Gerardo Diego…; porque al leer tu libro de memorias, me han ido viniendo a la cabeza algunas de aquellas cosas que contigo aprendimos.
 “Enhiesto surtidor de sombra y sueño…”. Eso ha sido tu vida en el columpio: un firme surtidor de sabiduría y de buen hacer con tus amigos los educandos, que Dios ha puesto en tu camino. Y digo firme, porque ya he visto la de vendavales que has tenido que capear para hacer lo que tú has querido hacer en bien de los demás.
Te han zarandeado durante años como si de un “olmo viejo y hendido por el rayo…” se tratara. Pero que tú, de viejo, no has tenido nunca nada, sino que has sido un mozo entre mozos que ha sabido dar lo que has tenido en tus manos: los recursos a tu alcance para hacer de ellos hombres nuevos y capaces de luchar por un puesto bajo las estrellas. (Esto último no sé dónde demonios lo habré leído).
“Algunas hojas verdes le han salido….”. Tú, castellano viejo y de pro, has sabido hacer florecer, en los corazones de tus “béticos”, ramilletes de verdes hojas, y no ocasionalmente con los soles o las lluvias de algún abril o mayo. Ha sido un florecer continuo y hermoso de flores y frutos, que ya estás viendo maduros en la cantidad de amigos en los que han germinado las semillas que tú sembraste.
Tu vida en el columpio ha sido “polvo, sudor y hierro…”; pero no te ha hecho desfallecer, sino que, como un buen Cid castellano, has sabido gritarte a ti mismo: “¡En marcha!”. Y, con paso firme, has caminado “por la terrible estepa castellana” con muchos de los tuyos. Y seguro que vas a alcanzar el cielo que aquel ciprés de Silos con sus negras ramas nunca pudo alcanzar.
Jesús, un fuerte abrazo. Creo en ti, emérito maestro.
Marcelo, desde Almería, donde se funde polvo, sudor y hierro.
17-02-05.
(62 lecturas).

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