«AMARCORD» (‘recuerdo’) de Begíjar

25-03-2012.

En aquel tiempo de mis años en Safa de Úbeda, solíamos ir a los pueblos vecinos con nuestra compañía de teatro Tespis llevando, entre otras, obras de Buero Vallejo, Zorrilla, Alfonso Sastre y un sainete de Muñoz Seca y Pérez Fernández: Los aparecidos. Esta última, por su simpatía y brevedad, con frases como la de «Gracias a Dios soy ateo» eran muy aceptadas por los espectadores.

El modus operandi era siempre el mismo: recaudar fondos para nuestro viaje de estudios. Vendíamos estampas de la Inmaculada de Murillo plastificadas (novedad en esos años) y El drama de Jesús, en pueblos como Lopera, Sabiote, Rus, Begíjar…

Fue, en este último, donde me hablaron maravillas de los maestros de escuela Mendoza y Negrillo, progenitores de mi padre espiritual Jesús Mendoza SJ, que lo fue durante los años que Dios, el padre Navarrete y don Diego Fernández quisieron mantenerme allí.

Recuerdo sus homilías; sus ejercicios espirituales junto al padre Sobrino (que fue colaborador religioso en la producción de Cecil B. de Mille, Los Diez Mandamientos); su narración de cómo se rodó la escena impresionante del paso del Mar Rojo y la “muerte” cinematográfica de los egipcios; sus confesiones (el pecado de leer el Arrepentimiento de Espronceda); los rosarios de la aurora bajo las acacias, cuyas flores caían sobre nosotros.

Años más tarde, viendo los vilanos que el viento movía en Amarcord (‘yo me acuerdo’) de Fellini, recordaba los meses de mayo en que cantábamos “Con flores a María”. Para el padre Mendoza, era muy importante impulsarnos a la devoción mariana.

Aparte de los cursos en la Safa, estuvimos con él en el verano de 1962 en el colegio ICET, en el barrio malagueño de El Palo, adonde se inauguró un chiringuito: Casa Pedro. Gracias al padre Mendoza, nos invitaron a comer unos días. Varios años después, coincidimos en Bruselas, en el colegio de los jesuitas de Saint Michelle, del que don Jaime de Mora, hermano de la reina Fabiola, me dijo una vez, en el Ideal Cinema, que estuvo estudiando allí…

Ofició el matrimonio de mi hija Carmeli y mi yerno Marco Valerio en la iglesia de San Pablo, en Úbeda. Mis nietos Gianna y Francesco están siendo educados con el espíritu religioso del padre Mendoza.

Mientras mi padre espiritual perfeccionaba y ampliaba su cultura políglota, que le hacía merecedor de que se le dedicase el aula Centro de Lenguas Modernas en la Safa de Úbeda, nosotros hacíamos Tanteos, del que escribió José Moreno Cortés «Solo puedo contar recuerdos y nostalgias». Algo de historia, ¿no? Perdóname estos ejemplos.

Tarde, pero con ilusión, el padre Mendoza me dio un artículo para que lo incluyera en el n.º 5, en la Navidad de 1964. Su título es “Mensaje” y lo encabeza con una frase del político francés del siglo XIX, de familia protestante, François Guizot: «El mundo pertenece a los optimistas; los pesimistas no son más que espectadores».

Guizot fundó la asociación “Ayúdate y el cielo te ayudará”. Como vemos, discrepa, con el texto de “Mensaje” del apóstol de Begíjar en su colaboración con nuestra revista de juventud: «La alegría es aquello que da (hay más gozo en dar que en recibir) el mensaje de Navidad a los hombres [Navidad de 1964]. También hoy es posible la alegría; pero, como siempre, a condición de aceptar al Salvador».

En el editorial, Jesús Burgos escribe: «A los jóvenes se les pide alegría, fuego, arrebato, marcha de combate; amor, amor, amor de Navidad».

«Brindemos y olvidemos, entre salvas de champán, que la vida es parca en días de vino y de rosas… Quizás, mañana mismo, el bajamar de la resaca deje sobre la playa de nuestra vida, entre vidrios de botella y ramos ajados, un interrogante». ¿Qué es la Navidad? Juan Pasquau escribe en el mismo número: «¿Nos hemos puesto alguna vez a desear con toda nuestra alma a Dios?». He ahí un buen ejercicio de Navidad.

Malpesa, el poeta de Tanteos: «Pronto Navidad. La palabra Paz ‑ofrenda y deseo‑ cobrará savia nueva. “¿Qué pide usted para el año que empieza?”, preguntarán a los famosos. Y ellos responderán: PAZ». En la página siguiente, el premio Nobel Camilo José Cela desea: «La Paz, esa bendición de Dios. Prefiero con Cicerón (Epistolae ad Atticum VII, 14) la paz más injusta a la más justa de las guerras».

Rafael Blanco termina su poema:

Y, Señor,
ellos se han dividido
con la llama del recelo.
¡Quémalo! ¡Quema este mundo
con un maldito fuego!
Y, sobre las brasas de este,
¡haz, Señor, un mundo nuevo!

***

El padre Mendoza se nos ha ido. Su imagen, sus escritos, sus homilías… permanecerán hasta siempre. Pida a Dios por todos nosotros.

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