Irracionalidad y racionalidad al votar: unas primeras reflexiones

15-11-2011.

Pretendo solamente presentar unas reflexiones que sirvan de algo al futuro votante. No tendría sentido resumir aquí la amplia teoría publicada sobre la decisión y el voto (1).

La decisión del voto es raramente racional. Pero hay que tender a racionalizarla en la medida de lo posible para evitar sesgos inadmisibles.

Empecemos por formular correctamente la pregunta sobre el voto. ¿Qué presidente serviría mejor las necesidades del país? En estos momentos es incalificable que la pregunta sea quién me conviene más a mí o a mi partido.

 

 

La información que sería necesaria para un votante racional

Dados los candidatos X e Y, pregúntese por los Criterios de base, ¿quién lo va a hacer mejor?, en áreas como por ejemplo:

(No se trata de una enumeración exhaustiva de los criterios,
sino de un ejemplo o una muestra).

· En el área de la política nacional, europea, internacional.

· En la economía nacional, regional, local.

· ¿Quién sería más eficaz en los sectores económicos claves?

· ¿Quién tiene, en mi opinión, las mejores opciones de política económica?

· ¿Quién va a administrar mejor los servicios del Estado: la Sanidad, la Educación, la Administración Pública?

· Sobre el plan personal, ¿quién parece más servidor del Estado? Es decir, ¿quién busca más bien el servicio de la nación que satisfacer su ambición personal de poder?

· Valores morales diferentes de los candidatos.

· Etc.

Y, en segundo lugar, dada esa lista de criterios (y los que el lector haya añadido, por su cuenta), ¿cuáles son los que más peso e importancia tienen en el momento actual?

Consideración

No cabe duda de que el problema que se plantea al elector es absolutamente desmesurado por la cantidad de información que requiere. La información que posee el votante para poder formarse un juicio personal antes de decidir es absolutamente insuficiente. De donde resulta que la decisión del voto, pretendidamente elaborado con racionalidad y autonomía personal, es bastante utópica, por no decir totalmente utópica. Mucho más cuando se consideran los aspectos previsionales de los futuros comportamientos de los candidatos y del estado de la economía y de la sociedad, que tan esenciales son para decidir el voto. ¿Qué opciones y qué acciones, qué programas se necesitarían para el futuro? La realidad es que para muchos millones de flotantes e indecisos, que finalmente son siempre los decisivos, su acto de decisión será de una racionalidad limitada (bounded rationality en la literatura).

Pero aunque la racionalidad del voto así diseñada no sea más que aparente, más vale intentar racionalizar en lo que se pueda, para filtrar y reducir la influencia de prejuicios, pasiones y falsos criterios.

La decisión individual del voto

La decisión de voto presenta interesantes y diferentes aspectos que pueden ser analizados tanto desde el ángulo de la psicología individual, como desde el de la sociología.

Por lo que respecta a la psicología individual, de algo nos puede servir acudir a los fundamentos de la Neurociencia.

Minimodelo neuronal de la decisión en las elecciones

Constatamos que el acto terminal y determinante es un movimiento de un brazo que elige una papeleta u otra. Ese es el acto final. ¿Cómo conducirlo del lado correcto? ¿Qué precede este movimiento, neurofisiológicamente hablando? Es una impulsión precedida de una cadena de eventos cerebrales.

¿Candidato X o candidato Y? Antes de ese acto final serán convocadas asambleas de neuronas sitas en diferentes localizaciones cerebrales. ¿Cómo se producirán las asociaciones de redes neuronales?

Diferentes comportamientos

De las asociaciones de redes neuronales resultarán una serie de comportamientos de distintos tipos:

a) Comportamientos estrictamente aleatorios, que se explicarían y tienen sentido en total ausencia de memorias.

Esta forma elemental sugiere los comportamientos estereotipados, incapaces de adaptación a los datos del entorno, insensibles a la experiencia; por ejemplo, como la que se da entre los ciegamente fieles a la obediencia del partido.

b) Igualmente irracionales son los comportamientos que responden solamente a los impulsos del momento. Así reaccionan un perro o un gato, guiados únicamente por instintos y apetencias límbicas (implicadas en las emociones, el hambre y la sexualidad’).

Lo que sucede es que, progresando más allá que estas especies animales, en la especie humana ha habido un desarrollo extraordinario de las regiones orbitofrontales, que son la sede de numerosísimas asociaciones de elementos memorizados.

Existen en esas regiones masas de neuronas puramente asociativas, con conexiones entre células codificadas sensorialmente y con estructuras (o metaestructuras) jerárquicamente superiores en las redes. Además de las que codifican las experiencias referidas, existen conexiones con las vías del sistema límbico y sus vinculaciones emocionales.

Todo este complejo permite que las experiencias que hemos vivido anteriormente hayan podido ser clasificadas como útiles o inútiles, agradables o desagradables, positivas o negativas; y que en este momento podamos orientar así la decisión frente a una situación, de una manera u otra, “análoga” a las ya experimentadas.

Lo malo es cuando nos enfrentamos con situaciones inéditas que no pueden ser clasificadas a priori como agradables o desagradables, a causa del evidente déficit informativo, y mucho más cuando están envueltas en la incertidumbre del futuro.

c) Comportamientos plenamente conscientes.

El acto consciente y racional es la consecuencia del funcionamiento más completo y más integrador de todas las áreas cerebrales, a pesar de que hay que admitir que el inconsciente es mucho más vasto y más actuante incluso de lo que piensa la teoría psicoanalítica. Eso es verdad en la medida en que el inconsciente acumula en su sótano las reservas para la acción, puesto que contiene las motivaciones fundamentales y las amplísimas y definitivas reservas del aprendizaje sociocultural que cada individuo ha recibido y del que es tributario.

Este minimodelo, y de ello soy bien consciente, no debe hacer creer por su gran simplicidad que todo está claro y explicado. (Dejo, además, de lado el gran debate sobre el libre albedrío, presente en toda decisión, incluida la del voto).

De paso, señalo que en la decisión existe una dimensión previsional. Ello requiere que intervenga algo que es específicamente humano, a saber, la posibilidad de construir el futuro imaginándolo. Un paso que va más allá de los esquemas reduccionistas y materialistas. Otro día hablaremos de ello.

Voto irracional

Piénsese en el empujón de última hora. La enorme importancia del último empujoncito (le coup de pouce), como lo demostró el 13 de marzo de 2004.

Los votos irracionales ponen de manifiesto la dificultad del individuo para descifrar y etiquetar hechos, situaciones y para valorar programas. Donde existe un tal vacío de información fiable y donde puede haber tantas y tan serias distorsiones cognitivas, la decisión no puede ser totalmente racional. Es lo que subtiende el minimodelo neuronal arriba esbozado.

Los aspectos sociológicos el proceso individual de voto

Notemos que el voto es también asunto de imagen social del candidato. ¿Votaría la gente al más feo, al menos fotogénico, al peor comunicador, al menos carismático? ¿Qué influencia tienen las corrientes y modas ideológicas?

Lo que vaya a suceder tras el voto no será el resultado de una operación de racionalidad colectiva, como si hubiese millones de ordenadores cerebrales calculando algorítmicamente. El proceso será irracional en la mayoría de los casos. Eso es evidente.

En estos momentos es de prever que el factor determinante sea el gran temor de ver perdurar una situación de catástrofe. Y por eso lo importante para los estrategas es crear atmósferas colectivas.

A pesar de todo más vale que tú seas racional

No es solución el no votar. Piensa en la desdicha que fue y que es en otros países el no poder votar. Más vale algo que nada. Hay que evitar que prevalezcan la ligereza o el mal humor.

Esbozo rápido del método

· Enumera los criterios con su importancia relativa.

· Evalúa a cada candidato frente a criterios seleccionados.

· Haz la agregación del valor de cada candidato.

(Ver el siguiente Esquema sencillo de evaluación).

Este esquema ultrasencillo es de un valor muy limitado. Más vale eso que nada. Pero aún así es una utopía imaginar que cada votante va a proceder según un esquema parecido explícita o implícitamente. No se puede exigir a cada votante que proceda con racionalidad completa.

Sin embargo, la mayor racionalidad posible debe ser exigida a los creadores de opinión pública, es decir a los medios de comunicación. Producir y ofrecer análisis racionales es el gran e importantísimo trabajo de los creadores de la opinión pública. Y su gran responsabilidad moral es la neutralidad y el análisis objetivo.

ESQUEMA SENCILLO DE EVALUACIÓN
Candidato X
Nota atribuida
Importancia del Criterio
Puntos *

Criterio A

entre 0 y 10

entre 0 y 10

entre 0 y 10

Criterio B

entre 0 y 10

entre 0 y 10

entre 0 y 10

Criterio C

entre 0 y 10

entre 0 y 10

entre 0 y 10

Etc.
TOTAL DE PUNTOS DEL CANDIDATO X

*Puntos = Nota atribuida multiplicada por la Importancia del Criterio.

Hacer otro tanto para el candidato Y. Comparar los totales.

 


NOTA

(1) El que desee un tratamiento más extenso del tema de la decisión puede consultar: Blas Lara, La decisión, un problema contemporáneo, publicado por Espasa Calpe.


 

Preguntas y aclaraciones a bf.lara@hispeed.ch

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