Haremos más

29-03-2009.
A estas alturas de la legislatura municipal, cuando se han rebasado los dieciséis meses de las elecciones que otorgaron el mandato al actual equipo de gobierno socialista, observamos con bastante decepción cómo los peores augurios se van cumpliendo inexorablemente.

Me refiero al más que probable incumplimiento de las promesas hechas en el programa electoral, que un famoso eslogan lo resumía con estas palabras: «Nosotros haremos más por Úbeda». Con los 30 meses que restan de legislatura, es materialmente imposible cumplir dichas promesas, entre las que quiero resaltar, como más importante y necesaria, la urbanización de las calles Mesones, Nueva, Sagasta, Sacramento y Ancha. Ha transcurrido prácticamente un tercio de la legislatura y sólo se ha urbanizado la mitad de la calle Ancha. Muchos ubetenses nos preguntamos si estará acabada para Semana Santa, porque todo parece indicar que no será fácil; y si es así, qué medidas se van a tomar de cara al itinerario tradicional de los pasos de las cofradías, porque podría ocurrir que se tuviera que adoptar un itinerario distinto al tradicional. Confiemos en que, al final, las obras se acaben.
Pero sigamos repasando algunas de las promesas más sonadas, contenidas en aquel famoso eslogan, «Nosotros haremos más», de cuyo significado muchos no quieren ni acordarse. Recordemos la prometida solución para la Academia de la Guardia Civil, o la apertura de Santa María, o el bulevar Úbeda‑Baeza. Pero la promesa más exótica es el famoso proyecto del Tranvía de la Loma, al que algunos, con una incredulidad intencionadamente humorística, otorgaron el título un tanto películero de “Un tranvía llamado deseo”. Así, este pequeño ferrocarril de vía estrecha, más estrecho e incierto que la voluntad política de sus promotores, viene a sumarse a otras dos grandes “verdades” nunca cumplidas: las aperturas de Santa María y de la Academia. ¿Cuántas votos se han ganado con esas promesas sin cumplir?
El tranvía es otra “verdad” más de las que gustan cumplir con toda celeridad los socialistas. De momento, ya se ha encargado el estudio geológico del trazado y la valoración de las expropiaciones. Cuando concluya este proceso, habrá que redactar un proyecto y superar todas las alegaciones, correcciones y modificaciones. Luego habrá que prever y buscar el dinero y, finalmente, habrá que tener interés y voluntad política de hacer la obra; porque, con la recesión económica que tenemos (de la que se ha enterado Zapatero por los periódicos), el mencionado tranvía puede convertirse en algo parecido al cuento de La lechera.
Pero bueno. Ya son tres “grandes promesas”, que van a dar mucho juego electoral a los fieles e incondicionales votantes socialistas, porque nadie más se lo cree. Se suele estar muy presto a la hora de lanzar promesas a los cuatro vientos, para luego mostrarse muy remiso a la hora de cumplirlas.
En «Nosotros haremos más por Úbeda» pocos creyeron, por dos importantes motivos: uno, porque era bien conocida la escasa capacidad de gestión de quienes hacían tal promesa, según tienen demostrado en legislaturas anteriores; otro, porque sería imposible superar el volumen de obras desarrollado a lo largo de la Legislatura de los partidos Popular y Andalucista.
Eso es de justicia reconocerlo: Úbeda ha tenido en Francisco Mendieta al mejor gestor urbanístico en toda la historia de la democracia. Y ese éxito es muy difícil de digerir por los partidos “progresistas” de nuestra querida Capital de la Loma que, si en algo se han destacado, ha sido en todo menos en progresar. Aunque la promesa electoral estaba ahí, «Haremos más», como un señuelo para captar votos; pero nada más.
Ya lo dijo el conocido líder socialista y alcalde de Madrid, Tierno Galván, el viejo profesor: «Las promesas electorales se hacen para no cumplirlas»; y parece que sus pupilos ubetenses han seguido la máxima a la perfección.
Pero como el que no se conforma es porque no quiere, hoy desde aquí no quiero destacar la escasez de actividad y de obras del equipo de gobierno municipal. Quiero ser más modesto, pero no menos exigente, y pedir lo que la mayoría de los ubetenses añoramos: unas calles limpias y sin excrementos de perro, eliminar las pintadas, despejar los “monumentos” de coches mal aparcados, combatir con eficacia a las palomas, cuidar las zonas ajardinadas, pintar los pasos de cebra y agilizar las obras comenzadas. No se trata de grandes proyectos: se trata sencillamente de conservar lo que otros hicieron.
«Virgencita, virgencita: que me quede como estoy».
 

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