Dos noticias al azar

07-02-08.
Dos noticias, dos, que aparecieron en prensa y que tienen cierta relación y ningún desperdicio.
Una, proveniente de Turquía, donde se pretende levantar la prohibición “laica” del uso del velo islámico en zonas oficiales y culturales (por ejemplo en escuelas y universidades). A esta pretensión de los islamistas, en auge en ese país, se oponen muchos de la sociedad civil (por ejemplo, rectores de universidad).
 

Otra proviene de España y nos expone que, en un pueblo, el párroco niega la participación de una persona en una cofradía porque se casó por lo civil y no por lo religioso (católico, claro).
En apariencia, estas dos noticias nada tendrían que ver entre sí y a nadie se le ocurriría relacionarlas, en apariencia, naturalmente. Pero las dos obedecen al mismo trasfondo: la influencia de lo religioso y la interferencia en la vida, no sólo individual sino civil y social, de las comunidades en las que se desarrolla.
Es cierto que, tal vez, ese párroco pueblerino obre con total coherencia; tal vez ese párroco sea mucho más consciente de la importancia no solo de llamarse, sino de ser… Por eso, este buen hombre corta por lo sano, si su feligrés no ha obrado conforme a lo que su religión le dicta; si no ha sido sumiso a la doctrina que se le ha enseñado; si no ha obedecido, en suma, los mandamientos de su supuesta creencia religiosa, no merece ‑ni puede‑ intervenir en la vida religiosa comunitaria. ¿Cómo va a ser modelo público de su fe si no la practica? Ese cura es tremendamente consecuente. Lo malo de este caso es que pone en evidencia que las reglas y las normas predicadas luego tienen suma plasticidad al aplicarlas, según por quiénes y a quiénes. Si tomamos como ejemplo el matrimonio religioso de la Princesa (consorte) de Asturias, autorizado y puesto en escena con bombo y altavoces, contemplamos que no fue sino un apaño de rábulas leguleyos (en derecho canónico) para obviar y pasar por alto que esta dama era previamente una casada por lo civil y divorciada por igual vía… ¡Claro, como no existió ningún matrimonio religioso, pues se da por no existido todo lo anterior! A esta conclusión debiera haber llegado nuestro fundamentalista sacerdote, pues la actividad penitencial no tiene nada que ver con el estado de las relaciones de pareja. Este cura debiera observar que sus superiores de altísimo rango hacen la vista gorda cuando les conviene… ¿O acaso debiera ser al revés?
Los turcos tuvieron una revolución cultural y social a raíz de las derrotas militares habidas en el primer cuarto del siglo veinte. Ataturk, que era un general, decidió acabar con dos regímenes, según su apreciación y la de muchos de los que le seguían, con el secular sultanato y, por ende ‑pues eran consustanciales‑, con la influencia religiosa (en este caso islámica) en la sociedad y en todos los ámbitos de aquella Turquía. Intentó acabar de un plumazo también con la atrofia cultural que ello significaba, hasta dejando de lado la escritura turco-árabe para pasar a caracteres latinos.
Si nos ponemos en aquella época y en aquellas circunstancias, la imposición de la transformación debió ser brutal. No es que acabara con el hecho religioso: es que trató de dejarlo reducido al ámbito personal y de la comunidad de creyentes. Y así aguantaron hasta que los fallos en el sistema de secularización y modernización de estos años (el fallo de la llamada sociedad laica), en su deficiente implante y discurrir, ha propiciado la vuelta ‑y revuelta‑ del ímpetu religioso. Allí vuelve la religión a querer invadir y dominar los terrenos que en teoría había perdido (como por estas tierras también se empieza a notar). Y los restos de la sociedad laica, al fin y al cabo más democrática y libre, tratan de impedir que poco a poco se pierdan estos valores. Negarse a que se permita la utilización de esos símbolos de creencia religiosa (alguien dirá, engañado o engañándonos: «un simple pañuelo a la cabeza de la mujer, ¿qué importancia tiene?») es negarse a que más tarde o temprano se pase al chador, al burka…, a la sumisión pública de la mujer.
Dos formas de entender la vida y el hecho religioso. Dos formas de intentar aplicar las creencias (o no) en la sociedad. Dos formas, en suma, que muestran el peligro tan fuerte en que nos hallamos.

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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