El músico del rey

 

TÉCNICA: CUENTO MUSICAL (Audición musical)
 
Este tipo de cuento puede servir para introducir a los niños en la música clásica.
 
La pieza elegida para la audición musical es La música nocturna de Madrid (1780), compuesto por Luigi Boccherini (1743-1805).

 

 
Este Quinteto de Boccherini, pertenece al barroco. Es una obra que evoca la música que podía ser escuchada en una noche madrileña en tiempos del rey Carlos IV:
 
 
  • El sonido del Ave María de la parroquia.
  • Canciones religiosas del rosario.
  • Música y danzas del pueblo en la calle.
  • Canciones callejeras.
  • El toque de retreta en los cuarteles, etc.
 
El hecho de elegir esta música es debido a que resulta sugerente, atractiva, sencilla y fácil de entender por los alumnos.
 
Presentación
Como supongo que sabréis, la mayoría de los reyes que han reinado a lo largo del tiempo han resultado ser a veces maniáticos y caprichosos. Esta es la historia de un rey español que tenía la virtud de que le encantaba la música, pero también era algo caprichoso.
Introducción y desarrollo
Aquel rey español era un entusiasta de la música, acudía a todos los conciertos, operas y lugares donde se pudiera escuchar una buena música. Tanto amaba la música que exigía que todas las mañana se le despertara con una melodía diferente, y que nadie la hubiera escuchado antes que él.
Este capricho del rey traía locos a todos los responsables del palacio.
El mayordomo de palacio había reunido a todos los grandes músicos y compositores de la corte y les había explicado los deseos y caprichos del monarca.
Por turnos, los músicos y compositores iban componiendo cada día una melodía diferente. Así día tras día, mes tras mes y año tras año. Pero la fuente de la inspiración se agotaba. Ya a ningún músico o compositor se le ocurría ninguna nueva melodía.
Además ocurría que el rey era un gran conocedor de los secretos de la composición y todos los días hacía su crítica a las melodías que había escuchado para despertarse.
—¡Aquí sobran violines! ¡En esta habéis puesto demasiadas violas! ¡En aquella no teníais que haber introducido los timbales! ¡No me gusta el piano en este acorde!
Hasta que los músicos de la corte, cansados de imaginar y de crear melodías, dijeron al mayordomo de palacio que ya no se atrevían a componer más canciones para despertar al rey porque las que pensaban y escribían eran muy parecidas, casi iguales a otras anteriores.
Al día siguiente, el Rey esperaba plácidamente que sonara la nueva melodía para despertarlo, pero ¡no sonó ninguna!
El Rey, indignado, llamó a su mayordomo para saber qué es lo que había sucedido y por qué ningún músico había acudido a despertarle. El mayordomo, apurado y preocupado, le contó al Rey lo que pasaba.
El Rey montó en cólera y ordenó que se buscara por todo el país y por todos los territorios en los que él reinaba a los músicos que estuvieran dispuestos a satisfacer sus deseos.
El mayordomo le sugirió al Rey que firmara un edicto reclamando la presencia de estos músicos desconocidos. Así lo hizo y por todos los lugares de su reino se publicó dicho edicto.
En Lucca, una ciudad italiana, vivía un músico llamado Luigi Boccherini que no era nada famoso. Sólo tocaba su violonchelo algunas veces en aquella ciudad. Era muy pobre. Allí también llegó el edicto del rey y Luigi lo leyó.
Entonces pensó que esa podría ser su oportunidad para ser famoso y que no la podía desaprovechar.
Luigi, que era algo atrevido, y bastante decidido, ni corto ni perezoso cogió su viejo violonchelo y se fue a Madrid, donde se encontraba el palacio real. Llamó a la puerta y unos criados del rey le preguntaron quién era y qué deseaba. Les dijo que era músico y que había leído el edicto del rey. Éstos rápidamente le llevaron al despacho del mayordomo real.
El mayordomo le preguntó a Luigi si sabía componer y si tenía capacidad para atender los deseos del rey. Luigi, que era algo atrevido, dijo que sí, que estaba dispuesto.
El mayordomo, que estaba desesperado, lo llevó a sus aposentos y lo dejó, ya más tranquilo, no sin advertirle que tuviera mucho cuidado y que pensara muy bien en el lío en el que se había metido.
—¡Ah, y recuerda que al amanecer tienes que tener preparada tu primera melodía!
Luigi se puso manos a la obra. Tenía mucha imaginación y al poco rato ya tenía compuesta su primera melodía para despertar al rey. El Rey escuchó aquella mañana el sonido del violonchelo y quedó muy satisfecho.
Pasaron los días, las semanas, los meses y Luigi seguía componiendo sin parar. Hasta que un día, al amanecer, se dispuso a tocar de nuevo para el Rey y éste al escucharle dijo:
—¡Luigi, esa ya la he oído antes! ¿No te das cuenta de que has repetido siete acordes? Además no me gusta nada que hayas hecho intervenir a las flautas en esta composición.
A Luigi Boccherini aquellas palabras del rey lo desanimaron muchísimo. A medida que el día iba pasando se daba cuenta de que ninguna idea le venía a la cabeza para poder componer la música del día siguiente. Pasó la tarde y desesperado salió a la calle a dar un largo paseo.
Anochecía en Madrid y Luigi no se atrevía a volver al Palacio sin tener una idea sobre qué música podría componer. Entonces pasó por delante de una iglesia y escuchó cantar a las mujeres que rezaban el rosario y cantaban canciones religiosas. No lejos de allí, vio a un grupo de jóvenes que bailaban y cantaban unas canciones populares, al son de una música de danza. Estos sonidos le agradaron mucho a Luigi. Caminaba meditabundo, cuando escuchó que del interior de una taberna, salía un grupo de hombres y mujeres, algo alegres, cantando unas cantinelas preciosas.
Ya cerca del palacio, pasó por delante de un cuartel donde un soldado con su corneta tocaba a retreta, anunciando a los soldados que era la hora de regresar al cuartel. Luigi Boccherini, llegó a Palacio, se decidió a entrar y llegó hasta sus aposentos.
Era casi madrugada y todos aquellos sonidos, cantinelas, canciones populares o religiosas y músicas de danzas que había escuchado en su paseo nocturno, le rondaban por su mente. ¡De pronto, algo le iluminó su cabeza! ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
—¿Y si hago como una ensalada con todos estos sonidos agradables que he escuchado? ¡Estoy seguro de que habré compuesto una nueva música para despertar al Rey!
Dicho y hecho. No durmió en toda la noche preparando aquella composición.
—¿Cómo la llamaré? —dijo cuando había terminado—. ¡Ya lo tengo! Será un quintetino de cuerda y la llamaré “¡La noche de Madrid!”.
Al amanecer preparó la orquesta y aquellos sonidos agradables de la melodía llegaron a oídos del Rey.
(En este momento se puede iniciar la audición, interrumpirla tras unos instantes y continuar la narración)
El Rey despertó sobresaltado.
—¿Quién ha compuesto esta música tan maravillosa?
El mayordomo que estaba por allí cerca y que también la había escuchado se apresuró a responder al Rey:
—¡Ha sido Luigi Boccherini, Majestad!
—¿Cómo has dicho que se llama ese músico? ¡Luigi Boccherini!
—¡Hazle entrar inmediatamente!
Luigi pasó al dormitorio del Rey. Éste le dijo:
—¿Tu has compuesto esa maravilla?
Luigi intentó explicar al Rey lo que había sucedido.
—¡ No se hable más! —prosiguió el Rey—. Desde este momento te nombro director de la Orquesta de Cámara Real. ¡Ah! Y desde hoy sólo escucharé al despertarme esta música maravillosa que has compuesto para mí. ¡Por cierto! ¿Cómo la has titulado?
Luigi respondió:
—Es el Quintetino para cuerda “¡La noche de Madrid!”.
(En este momento se puede continuar la audición musical como fondo y subir el volumen al terminar de hablar)
Una profunda alegría llenó el corazón de nuestro pobre músico. ¡El azar le había llevado al éxito!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
 

 

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Publicado en: 2004-10-25 (76 Lecturas)

 

 

 

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