Análisis general de textos, 12

Por José María Berzosa Sánchez.

21.4. Usos específicos.

214.1. Abstracto.

Designación de las cualidades de los seres.

214.2. Concreto.

Designación de seres reales.

214.3. Culto.

Expresiones que no han pasado por las transformaciones normales en su lengua.

214.4. Patrimonial.

Expresiones que han evolucionado según las leyes de su lengua.

214.5. Neológico.

Vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua. El neologismo tiene un uso variable en el tiempo, aunque no muy extenso, porque se utiliza para denominar a un nuevo concepto que se introduce en la lengua común. Si ese concepto se integra definitivamente en el consumo social, la palabra extranjera que lo denomina puede aceptarse tal cual (jersey) o sufrir una acomodación fonética (casete). En ese punto, el neologismo pasa a ser un término prestado.

A).

«Es más alta que la otra, él no le saca mucho más de una cabeza, y las tetas le abultan bajo la camisa, lleva una camisa y un suéter [del inglés sweater] abierto y no un chándal [del francés chandail] rosa, le abultan aunque no mucho, apenas están empezando a salirle, por algo dice él siempre que ahora a las tías les salen las tetas antes que los dientes.

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

En alguna ocasión, el neologismo ha sido ya adaptado, pero el autor no lo recoge.

B).

«… Susana adelantaba la cara sobre el volante para orientarse entre ellos, buscando mientras tanto una emisora en la radio, y luego una cinta de música en la guantera, donde había un desorden de documentos, cintas sueltas, cassettes [casetes] vacías y gamuzas usadas de limpiar los cristales. … Encajó por fin una cinta en el radiocassette …».

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

En otras ocasiones, el neologismo resulta obligado por la carencia de su equivalente en español.

C).

«… con pulcritud meticulosa, la misma con la que guardó en una bolsa de viaje varias mudas de ropa, algunos libros, un walkman, cintas de música, cuadernos, lápices, unos binoculares, una cámara Polaroid, el modelo más rápido y manejable, cabía en el hueco de una mano y se la podía disparar sin que se diera cuenta nadie».

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

También se da el caso de que el neologismo tiene su equivalente en español, pero el uso común prefiere el neologismo.

D).

«Podrían encontrarse en un barrio periférico de Bilbao, o de cualquier otra ciudad, con muros de ladrillo sucio y ropa tendida en pequeñas terrazas, garajes y aceras rotas, bares de claridad grasienta, garabatos de spray [aerosol]».

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

E).

«En lugar de comer en el Monterrey me compro un sándwich [emparedado] y una lata de cocacola y me voy a un parque, si no llueve…».

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

214.6. Arcaico.

Palabra cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado.

A).

«Ésa es otra palabra que el padre no dice, cerdo, dice siempre marrano, dice es menester en vez de hace falta y botica en lugar de farmacia, y al coñac le llama la coñá, el muy bestia…».

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

214.7. Prestado.

Expresiones que una lengua toma de otra con una mínima adaptación fonética o ninguna. En la ciudad francesa de Cognac se produce un tipo de bebida alcohólica, de la que se ha tomado ejemplo para producirla en nuestro país.

A).

«El camarero trajo la copa de coñac y Ferreras bebió la mitad de un trago. En el aire quedó un olor crudo a alcohol».

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1997.

Los nombres propios extranjeros no suelen acomodarse a la pronunciación española. A ellos hay que añadir otros que no se modifican por razones de esnobismo [snob], de rechazo social, o simplemente imitativas.

B).

«Me gustaba beber y en los últimos cursos de la universidad me había habituado al hachís, pero jamás acababa de abandonarme a aquella inconsciencia temeraria que tanto se celebraba entonces, a aquellas tentativas de desarreglo sistemático de todos los sentidos que pregonaban rimbaudianamente los músicos de rock y los gurús de las revistas más modernas, en las que se difundía una acracia oscurantista y agresiva, un underground mugriento, una cultura o contracultura de la embriaguez y de lo monstruoso».

Ardor guerrero. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1995, octava edición.

La rápida evolución de estos neologismos hacia otras palabras o sinónimos que se conforman mejor con el uso del español, hace que determinados textos nos parezcan anticuados a pesar de su reciente aparición.

C).

«Nos tiramos en el suelo incomodísimos; Gabriela se arrastró hasta una mesita de veinte centímetros de alto para servir un café en unas tacitas de cerámica sin asas. Mientras me quemaba los dedos, pensé que sin media docena de whiskies [whiskis] me sería imposible alcanzar en aquella frigidaire [nevera] la temperatura adecuada para volver a acostarme con Gabriela. Ya me había resignado a mi suerte cuando aparecieron sus amigos. Al acercarse, advertí que uno de ellos era mujer, aunque también vestía blue—jeans [vaqueros]».

Sobre héroes y tumbas. Ernesto Sábato, Barcelona, Seix Barral, 1991, 5.ª edición (definitiva).

berzosa43@gmail.com

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