Análisis general de textos, 11

Por José María Berzosa Sánchez.

2124.3. Sinonimia.

Figura de construcción que consiste en usar intencionadamente voces de significación semejante, para amplificar o reforzar la expresión de un concepto.

A).

«Quedó pasmado don Quijote, absorto Sancho, suspenso el primo, atónito el paje, abobado el del rebuzno, confuso el ventero, y, finalmente, espantados todos los que oyeron las razones del titerero».

Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes Saavedra, Barcelona, Planeta, 1962, primera edición.

B).

«Todo lo que significa

golondrinas, ascensión,

claridad, anchura, aire,

decidido espacio, sol,

horizonte aleteante,

sepultado en un rincón».

Cancionero y romancero de ausencias. Miguel hernández, edición de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, Madrid, Cátedra, 1993.

21.3. Usos anormales.

2131.2. Impersonal de tercera persona.

Uso de la tercera persona verbal por la primera, para producir una sensación de mensaje independiente y objetivo.

A).

«En muy poco tiempo se licenciaría el reemplazo anterior al nuestro, y Salcedo, que pertenecía a él, abandonaba particularmente su circunspección para mirarnos con cierta sorna a Pepe Rifón y a mí y repetirnos las bromas de los veteranos, usando la tercera persona, según el privilegio hereditario de los abuelos:

—Conejos —nos decía con seriedad—: El bisa que suscribe tiene el honor de comunicaros que aquí os vais a quedar, en el Regimiento de Cazadores de Montaña Sifilia 67, a hacerle compañía al monolito, al Urumea, al Chusqui y al brigada Peláez, a quien Dios guarde muchos años. A mí me jodería …».

Ardor guerrero. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1995, octava edición.

213.2. Laísmo.

Empleo de las formas la y las del pronombre ella para el dativo.

En la expresión de determinadas zonas del centro de España, el laísmo es muy frecuente:

A).

«Chucherías que la han dado las madres … La hablaré de todos sus maridos … Ya se la puso en la cabeza el ser ella monja también … En esa inteligencia puedo asegurarla que no tendrá motivos de arrepentirse».

El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, Castalia, 1975.

Un comentario aparte merecen las siguientes citas laístas:

«La hace sentar inmediata a él».

«A ella la toca responder».

Son dos ejemplos de verbos que no forman perífrasis, sino que unos son el núcleo, hace y toca, y otros funcionan como objeto directo, sentar y responder. Por tanto, el pronombre la funciona como objeto indirecto, porque no depende de las formas en infinitivo, sino de las formas personales hace y toca, que ya tienen su objeto directo en los infinitivos respectivos.

Un caso equívoco puede ser:

«Me llama para que la defienda, la libre, la cumpla una obligación, porque no queda claro si una obligación, que es el objeto directo de cumpla, también lo es de defienda y de libre. Si es así, los tres la serían no etimológicos o laístas».

El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, Castalia, 1975.

213.3. Leísmo.

Empleo de la forma le o les para el acusativo masculino singular o plural cuando el pronombre no se refiere a personas, o para el acusativo femenino singular o plural.

El leísmo está también completamente extendido en el uso de ambas Castillas. En la obra de Moratín que nos sirve de referencia, solo una vez, la criada Rita utiliza un lo etimológico cuando está buscando el papel que don Carlos les arrojó a la ventana y dice:

«Yo no lo encuentro, señorita».

Paquita le responde:

«Le tendrán ellos … No le busques. Ellos le tienen».

El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, Castalia, 1975.

Otras citas pueden ser:

«Vuelve a atar el pañuelo y se le da a Rita … Muy pocas le consiguen».

El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, Castalia, 1975.

213.4. Loísmo.

Empleo de las formas lo y los del pronombre él en función de dativo.

En El sí de las niñas hay un único caso de loísmo y se produce por la misma confusión perifrástica que hemos comentado antes. En «Los hace levantar» (El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, Castalia, 1975), levantar funciona como objeto directo de hace, por lo que el sentido de la frase sería hace a ellos (les) que se levanten.

Un autor nada loísta, por su origen andaluz, como Muñoz Molina, ofrece un ejemplo como el siguiente:

«El brillo dorado de unas estrellas de oficial en una bocamanga ya lo sumía en el nerviosismo, lo hacía tragar saliva, estirar el cuello, rascarse el mentón con sus flacos dedos amarillos».

Ardor guerrero. Antonio Muñoz Molina, Madrid, Alfaguara, 1995, octava edición.

berzosa43@gmail.com

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