“El ala oeste”

Por Jesús Ferrer Criado.

Cada vez que hay elecciones presidenciales en Estados Unidos ‑el primer martes después del primer lunes del noviembre que toque‑, los medios nos refrescan información sobre la Casa Blanca y su situación, a saber, número 1600 de la Avenida de Pensilvania en la ciudad de Washington.

La Casa Blanca no es una casa cualquiera, sino un complejo de edificios que en conjunto ocupan miles de metros cuadrados. Todos recordamos una serie de televisión, “El ala oeste”, donde se contaban las reuniones de trabajo del Presidente con sus asesores y que precisamente tienen lugar en las dependencias de ese lado. El despacho de la Primera Dama está en el ala este, seguramente para que no estorbe.

Aunque ya he vivido en diferentes casas, ninguna de ellas tenía alas, ni al oeste ni en ninguna otra dirección. Tampoco las tenían las casas de mis amigos. A lo más que llegaban es a tener un cuarto para la plancha. Y es que hay asuntos en los que el tamaño sí importa.

Últimamente, estoy aprendiendo mucho sobre los puntos cardinales. Cuando hace ya bastantes años atravesaba yo España hacia mis obligados destinos laborales, solía cruzar los pueblos por la mitad. Muchas veces eran calles estrechas y empedradas, herencia de tiempos antiguos exentos todavía de vehículos a motor. Hoy ese mismo pueblo es rodeado, “circunvalado”, por una autovía con varias salidas que rezan, por ejemplo, Corraluchos norte, Corraluchos oeste, Corraluchos centro y en ese plan.

Alguna vez paré en Corraluchos buscando algo y nadie me señaló ni al norte ni al sur. Las direcciones antiguas eran “más allá de la gasolinera” o “pasada la Venta del Alambre” o “aquí al volver”.

Ahora se dan importancia, desde que han descubierto que su pueblo tiene puntos cardinales. Les preguntas algo y te dicen:

—No tiene pérdida. Tire usted hacia el sur y, cuando llegue a la plaza, tuerza hacia el nordeste.

(Es el mismo tío de la boina que antaño te dirigía a la Venta del Alambre. Antes llevaba medio “caldogallina” apagado en la comisura de los labios y ahora, después del infarto, se tiene que conformar con un palillo de dientes que chupetea para no aburrirse).

Nos hemos tecnificado. Estamos empezando a orientarnos y, por fin, me está sirviendo de algo mi vieja brújula con su nerviosa aguja oscilando entre la S y la E.

Aquí mismo, en Andalucía, hemos dicho siempre levante y poniente, pero en América no es así. Las películas de vaqueros no eran de poniente sino del oeste. Igualmente le llaman costa este a la que da al Atlántico y oeste a la del Pacífico. Incluso uno de los ríos de Nueva York se llama East River, o sea, ‘río este’, que yo pienso que es un nombre muy soso. En cambio Mississippi sí me gusta.

En Asia es otra cosa. Los chinos, y los otros pueblos que están pegados al Pacífico por ese lado, se llaman orientales, por lo de oriente. Esta palabra se refiere a que por ahí nace el Sol; o sea, lo mismo que levante, pero más fino. Recordemos que Japón es también conocido como el Imperio del Sol naciente. Y, claro está que los del lado opuesto somos occidentales, de occidente, porque por este lado se oculta el Sol y muere. Luego está eso de Oriente medio, que decimos nosotros, pero yo no sé si los chinos llaman a esa zona “Occidente medio”, que podría ser, y que significaría que el Sol está ya medio muerto.

Sabemos, por las películas, que en la Guerra Civil americana había tropas sudistas y nordistas y que ahora tienen Carolina del Norte y Carolina del Sur, Virginia y Virginia Oeste. Y es que los americanos son muy de puntos cardinales, muy técnicos y muy brujuleros.

Pensándolo bien, todos nosotros podemos, dentro de nuestras posibilidades, ser un poco americanos también. Me explico. Nuestras casas aunque no tengan “alas” pueden tener, por ejemplo, pared norte y pared oeste.

—Oye, Cuqui, ¿dónde te coloco la maceta, en la ventana norte o en la sureste?

Cuando pongas la mesa, también puedes sentarte al sur, al sudeste o donde tú veas, porque una mesa cuadrada mira a la vez a todos los puntos cardinales; y, si es redonda, ni te digo: a todo el orbe en general.

El dormitorio tiene también sus orientaciones. ¿Te imaginas?

—Ven aquí, cariño, que esta noche vamos a dormir en el ala oeste de la cama.

—Se tratará de una reunión de trabajo, supongo.

—Pues, según se mire.

jmferc43@gmail.com

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