Lenin usaba corbata

Perfil

Por Mariano Valcárcel González.

El nudo gordiano, Alejandro lo solucionó cortándolo de un tajo, cosa no muy elegante pero sí tramposa, acorde con el poder que el caso requería. Ahora estamos en España en un semejante nudo, en este caso institucional y político, y alguien ha tratado de cortarlo usando de mañas y trampas; pero como no se es un Alejandro ni se tiene su poder (y menos su valentía), pues que, en lugar de desenredar el nudo, lo ha enredado más.

El hacedor del nudo ha sido quien luego no sabe deshacerlo. Hace ya tiempo que observé, algo incrédulo, cómo la derecha oficial española (PP y adheridos), en cuanto estimaba que había que ir contra la izquierda (fundamentalmente y por ser gobierno o alternativa, el PSOE), no paraba en obstáculos ni en escrúpulos; guerra sucia basada fundamentalmente en sus voceros a sueldo bien pagados, con datos a veces verdaderos (por la colaboración inestimable del secretario socialista de turno o presidente del gobierno, léase especialmente Zapatero), muchas veces tergiversados o manipulados y hasta inventados, a mayor gloria de la causa. Lluvia de insultos y calumnias, intensa y continua, hasta que calase en la masa, hasta que esta lo aceptase todo como real, hasta que la opinión se hubiese tornado favorable al PP. Es un hecho. Y dio resultado.

Con el buen resultado, vino el orgullo desmedido, la absoluta falta de escrúpulos, el desprecio a la opinión de los demás, la mayoría que se imponía como losa bien sellada sobre el cadáver político del vencido. España, como finca y cortijo de los que se aprestaban a explotarla en su beneficio. La izquierda (especialmente el PSOE) y otros quedaron marginados al papel de convidados de piedra, a ver, oír y no ser escuchados. Se hizo lo que se quiso y se dictaron leyes y normas como se quisieron; y, en cuanto que beneficiaban claramente los intereses de clase y de estatus del capital, de los especuladores, del empresariado más rancio y más retrógrado, se manejaron (y ocuparon) las instituciones como cosa propia y exclusiva de la derecha, no de todo el país. Este es el nudo que se fue tejiendo, bien fuerte y cerrado.

Digo que todo lo observé incrédulo; todavía más: inquieto y hasta asustado. Porque se estaba calcando la situación del periodo republicano en el que la CEDA y adheridos gobernó. Y es que desde su gobierno, entonces, la derecha se empleó en deshacer todo lo que la izquierda (o los republicanos moderados) habían hecho; se empleó tan a fondo que hizo saltar de manera violenta a la izquierda montaraz. A la postre, aquello acabaría con la República; pues, a la acción de demolición de la derecha, terminaría enfrentándose la reacción en frente unitario de la izquierda, y ganando unas elecciones que hicieron que todo fuese ya “o ellos o nosotros”, según quien lo plantease (que los dos bandos enfrentados lo plantearon).

Así que hacer lo que se ha hecho desde el PP en sus años de gobierno, a despecho y desprecio de las demás fuerzas políticas, no podía desembocar más que en la situación actual. Negar la evidencia de la existencia de otros intereses, de otras necesidades, de otras alternativas que no fuesen los parámetros ya decididos en otros ámbitos, no tener cintura y flexibilidad ante el malestar de la calle, creer que todo se le estaba permitido, por ser mayoría absoluta, cerrar filas para proteger a impresentables y a la vez protegerse la cúpula del partido ante evidencias que cada día iban surgiendo… Todo esto creó un caldo de cultivo donde crecieron los extremismos más inverosímiles. Se les dio la oportunidad de aprovechar para sus propuestas a quienes, a despecho del pasado, plantearon la vuelta a políticas nefastas por lo idealizadas y por su evidente fracaso; pero los nuevos cantores de la redención y la fraternidad paradisiaca no quieren entender de fracasos, cuando tienen tan a mano el volver a intentarlo. Recurren a las viejas fórmulas, como se recurrió en tiempos republicanos, como reacción a la acción demoledora de todo los que significase “izquierdismo” (social, educativo, cultural, laboral, económico…), que la derecha española, ciega como el toro que sale del toril a la plaza, ha estado realizando en estos últimos años. Con la boquita de piñón animaban a los “indignados” a entrar en la liza democrática; lo han hecho y con el resultado conocido.

Va el líder (actual) del PP y presidente en funciones del gobierno de la nación y dice que no tiene votos suficientes en el Congreso para ser investido de nuevo… A pesar de sus siete millones de votantes (¿puede entenderse que todavía haya tantos?), no consigue los diputados suficientes; pues ¿qué esperaba tras esa política antes descrita de tierra quemada, de abuso de poder, de desprecio a los demás partidos?, ¿esperaba que ahora, por su buen hacer, estos le premiaran con su confianza? Y hace la jugarreta de declinar ir a una votación de investidura, cuando estaría obligado a plantearla o, si no, marcharse, pues no se atreve. Es inaudito que el cinismo o la falta de escrúpulos también acaben con lo poco que queda de práctica democrática. Quiere aparentar que deshace el nudo, pero espera que se lo aflojen otros (o queden de idiotas, por no saberlo hacer).

Y los que surgieron favorecidos del caos social e institucional que dejaron los anteriores lo quieren todo y no se pararán tampoco en prendas; que si tienen que acabar, primero, con sus despreciados socialdemócratas lo harán, pues no menos exige la reconocida práctica de “todo el poder para el soviet” (en este caso para los círculos, circulillos, elipses, espirales y demás curvas), que su líder máximo ya interpretará a su conveniencia. Se nos muestran como rompedores de lo anterior, supuestamente “viejo”, y lo hacen con facundia y exhibición de malas formas, confundiendo la cortesía y la educación (también en el vestuario) con la pureza de ideas o intenciones. No saben de nada, realmente; solo de ideales; pero se basan en formularios de manual añejos. Y, sin embargo, no recuerdan que Lenin usaba traje y corbata, una selección mental curiosa. Darle la vuelta a la tortilla vale la pena, aunque el nudo no se desate.

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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