¿Las dos Españas de nuevo?

Por Salvador González González.

Recuerden “El proverbio y cantar” de Antonio Machado, número 53. Ahora que nuestro JM Berzosa está tratando de temas métricos, rimas y ritmos:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes al
mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón
.

Lo escrito en negrilla, súper conocido, se me ha venido a la mente cuando he seguido el debate reciente de investidura en el Congreso del 29 de octubre; hemos presenciado y oído cómo EL ODIO ha prendido en algunos parlamentarios, que lo destilan por su boca y tratan de sembrarlo en los escaños del Congreso, en la soberanía popular, con la pretensión ‑al parecer‑ que desde ahí irradie y se extienda a todo el exterior.

España, durante más de 150 años, sufrió un estado permanente de guerra civil, latente o explícita, desde la guerra de la independencia (1808) hasta el final de la dictadura en 1977.

Nos dividió en todo. En la política: absolutista o liberales, reaccionarios o progresistas, monárquicos o republicanos, azules o rojos, franquistas o antifranquistas. En la religión: confesionales o laicos, clericales o anticlericales. Según Agustín de Foxá, durante siglos, los españoles fuimos detrás de los curas, unos con un cirio en la mano y otros con un garrote.

La idea de país, también: centralistas o separatistas, la España uniforme o uniformada y la anti-España y, además, lo más grave era que había que tomar bando ineludiblemente de un lado o de otro; la síntesis o el eclecticismo siempre resultó sospechoso entre los españolitos.

Todo esto parece que, por fin, empezó a clausurarse con el advenimiento de la democracia, con la transición y la Constitución de 1978; pero ahora, de nuevo, parece que surgen unos “rufianes” y “los pocos que le aplauden en el Congreso”, que pretenden poner en jaque todo el avance en esa convivencia y diálogo que trajo la transición, en la reconciliación de unos con otros, pretendiendo volver al “viejo y caduco” dilema, regado por el odio más mezquino, que traslucía la grotesca intervención del que parece vender algo novedoso, cuando no es más que ‑como he dicho‑ vuelta a las dos Españas, de nuevo denunciado por A. Machado. Así, la intervención del parlamentario Rufián (el significado de su apellido, según la RAE, es ‘hombre vil y despreciable que vive del engaño y la estafa’ o ‘persona sin honor, perversa’), sembrando el odio y siendo aplaudido por los que, como él, quieren seguir esa senda dolorosa y frentista. Hay, lamentablemente, muchos rufianes en la política española; yo diría que más de la cuenta. Son gentes, en su mayoría, de menos de 40 años (aunque los hay también mayores), que no vivieron la transición y lo que costó llegar a esa convivencia, tolerancia e integración de las dos Españas, pretendiendo romper con todo ello y volver a españoles buenos y malos, poniéndose ellos como los buenos naturalmente y alimentando esta división mediante el odio de unos contra otros.

Los que ya peinamos canas, que vivimos y participamos en esa transición (entre los que me encuentro naturalmente), que fue modélica y vendida al exterior, porque lo fue, ya que con ella se rompía la secular visión que de España se tenía fuera, como tierra irreconciliable consigo misma; por eso, quiero terminar estas reflexiones al hilo del espectáculo bochornoso y cafre, dialécticamente hablando, que patrocinaron los que dicen querernos librar de la “vieja Casta”, cuando lo que están haciendo es volver a “poner la película de nuevo desde el principio, para que veamos otra vez a Caín contra Abel en este nuestro país”. Los que vivimos y participamos, como he dicho, activamente en la transición, palpamos entonces que se había superado ese enfrentamiento, haciendo factible la tolerancia y el olvido de esa división en las dos Españas.

Ahora, unos irresponsables ‑políticamente hablando‑ quieren tirar todo esto al cajón del olvido, volviendo a la casilla de salida, para empezar de nuevo una partida dolorosa de jugadores enfrentados hasta el extremo. Estaría, por ello, muy bien recuperar al conjunto andaluz JARCHA, que fue el abanderado de esa transición, ya que sus letras y canciones eran siempre el preludio y/o el final de cualquier acto político en que se exigía la democracia en España. Para estos nuevos jóvenes‑viejos, termino con las letras de la canción buque‑insignia de este grupo andaluz: “Libertad sin ira”, para que éstos sepan y conozcan qué se pedía y cómo, de nuevo, parece que tendremos que volver a pedir todos de la misma forma y con el mismo propósito.

“Dicen los viejos que en este país hubo una guerra
y hay dos Españas que guardan aún
el rencor de viejas deudas.

Dicen los viejos que este país necesita
palo largo y mano dura
para evitar lo peor.

Pero yo solo he visto gente
que sufre y calla
dolor y miedo.

Gente que solo desea su pan
su hembra y su fiesta en paz.

LIBERTAD, LIBERTAD, SIN IRA, LIBERTAD,
GUÁRDATE TU MIEDO Y TU IRA,
PORQUE HAY LIBERTAD, SIN IRA LIBERTAD,
Y, SI NO LA HAY, SIN DUDA LA HABRÁ.

Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana
y no es posible que así pueda haber
gobierno que gobierne nada.

Dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta
que todos aquí llevamos
la violencia a flor de pie.

Pero yo solo he visto gente muy obediente
hasta en la cama.

Gente que tan solo pide
vivir su vida, sin más mentiras y en paz.

LIBERTAD, LIBERTAD, SIN IRA, LIBERTAD,
GUÁRDATE TU MIEDO Y TU IRA,
PORQUE HAY LIBERTAD, SIN IRA LIBERTAD,
Y, SI NO LA HAY, SIN DUDA LA HABRÁ.

bellajarifa@hotmail.com

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