No sé si estoy en Úbeda o estoy en el cielo

Primera Asamblea de Antiguos Alumnos de Magisterio
Septiembre de 2002
 
No sé si estoy en Úbeda o estoy en el cielo. Se me origina esta duda en esa porción de auditorio que no sé, ciertamente, si son ángeles en forma de damas… o son damas hermosas como los ángeles.

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Biografía de un docente

Hace 72 años nacía en Úbeda (Jaén), ciudad plagada de monumentos e historia, un hombre que con el devenir del tiempo llegaría a ser maestro en el sentido más amplio de la palabra. Siendo su padre militar y poeta, le dio la impronta más señera para que su profesión fuese la de educador, recibiendo por parte de su madre esa femenina mano necesaria para que esta honrosa senda fuera de rosas coronada.

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¿Maestro? No. Gracias

Bajo el título “Creo que no es sólo nostalgia” manifestaba, a través de nuestra página web, mi entusiasmo por la posibilidad de contactar con tantos compañeros como hemos pasado por la Safa, entre otras cosas, para compartir nuestras experiencias por si en ellas encontrábamos algo que pudiera “ser válido” para el día de hoy.

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La república de Monsalud (Carta a mi maestro)

Ilustración de Diego del Moral Martínez.
Querido y respetable maestro: por fin he terminado las investigaciones que durante cinco años he estado realizando sobre la importancia de los nematodos en la formación del suelo. El trabajo ha merecido la pena, las conclusiones parecen valiosas, pero de todo este tiempo voy a contarle un hecho que me ocurrió en Monsalud, un pueblecito de Badajoz al que me había desplazado para recoger una muestra de tierra con el interés de encontrar una especie no frecuente en el sur de España.

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Un educador poco convencional

Il aimait chacun des êtres qu´il rencontrait dans la mesure où ils avaient besoin de lui. Il en cherchait pas à fouiller les consciences. Il disait “Ce qui importe, c´est de donner”. Il donnait, à longueur de journée. Il ètait aucune complaisance ni aucune curiosité maladive dans la façon qu´il avait d´ecouter ceux qui se confiaient à lui. Ceux qui avaient besoin de parler, il les laissait parler; ceux que voulaient plaisanter, plaisantaient; d´aucuns allaient pleurer dans son bureau comme l´on va pleurer près de sa mère…
Tanguy
Michel del Castillo

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El aldabonazo

El padre Gallego tenía la cara verde y amarilla, de color de acelga y aceite de ricino. Al menos le sobraba un número en los zapatos y un par de tallas en la sotana. Presumía de haber estudiado tres años de medicina y le gustaba hablar de cómo le llegó la vocación religiosa, una tarde en que rompió relaciones con su novia, una chica rubia hija de un militar de Sevilla. Nosotros pensábamos que ella lo habría dejado por otro mozo con más porte y mejor color de cara, pero él insistía en contarnos la tarde en que “sintió el aldabonazo de la llamada del Señor” ‑como le gustaba decir‑ y decidió marchar al noviciado. Era, en realidad, astuto, hábil y un maestro en el arte del engaño y la simulación.

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Los árboles

“Arbor honoretur cuius nos umbra tuetur”.
Los árboles I
Cerca de mi casa, y pegada al arroyo de mis correrías infantiles, había una chopera. Breve y estrecha. Suficiente para acoger entre sus hojas pájaros y cigarras. Eran chopos canadienses, de tronco liso y erguido. En ellos aprendí a trepar hasta que su fronda me ocultaba por completo. Con cinco o seis años allí descubrí mi primer nido. Era de colorines. Fue como un sello de ternura troquelado sobre mi sensibilidad infantil.
A doscientos o trescientos pasos, tras una cerca, había otros árboles mucho más altos y frondosos. Cuando, uno o dos años adelante, me atreví a saltar el cercado, vi que también eran chopos. De hoja más pequeña y de un verde más oscuro. Imposibles de escalar. Su tronco, rugoso y cortezudo, estaba arropado desde la base por ramas fuertes y tupidas. Eran chopos castellanos.

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Indecencias

07-06-06.
Creí que yo había llegado al límite del asombro, me lo creí como tantas cosas que uno creía y en las que ya no cree. Que la vida te da los palos por donde a veces no los esperas y de quienes menos los esperas, parece cosa ya establecida como regla inexorable. No esperes el agradecimiento, ni siquiera la consideración de quien no te la ha tenido nunca… Bueno, que me voy por otros lados.

Una cadena “privada” de televisión lanza un “producto”, como tantos otros ya en antena, de bajísimo contenido en el que predominan dos supuestos ganchos mediáticos, el que en él intervienen “personajes famosos” y en que los confinan para convivir en un “hotel”. Bien, es un programucho con una estructura endeble y apto para cabezas de debilidad mental o que no tengan otra cosa que hacer. Libertad hay para verlo (o no).

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