Último pensamiento o última cena

Que pasaría esta tarde

si el corazón dijera «¡Basta!»

y te quedaras sola

con el viento que azota al propio viento

en el desierto y sin lágrimas.

Después de la harira,

la carne de cordero con ciruelas

y los dulces lunares de turrón,

en verdad, en verdad te digo

que esta noche, mujer,

alguno de los dos

me habrá de traicionar.

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«À propos de nous»

Hay diecinueve pasos

desde mi soledad hasta tu nombre.

Hay diecinueve espejos

con flores degolladas

‑equivocados pétalos sin sangre‑.

Hay diecinueve sábanas tendidas

con pinzas de zorzales

y tú, mientras se orea mi memoria,

recoges los limones

de las ramas más bajas

y zurces de amarillo

el sol deshilachado.

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Tu número de teléfono

Las claras horas de noviembre tienen

más profundas las aves, más discreta

la música, el azul más vaporoso,

las verdades dispersas, indultadas.

Escondidos están en las palmeras

tus sueños trastornados, mis delirios

de pobreza. Si a veces tú descuelgas

el teléfono para hablar contigo

y contarte tus propias soledades,

yo contesto al otro lado con voz

muy parecida a la de un actor viejo

de la nouvelle vague.

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Malos sueños

Monstruos descabezados con coronas

de flores, bailarinas sin caderas,

los brazos de serpientes, generales

abiertos como libros o corderos

en las carnicerías de la kasbah.

Y tú pasabas hojas y medallas

y trenzabas las largas cabelleras

de los monstruos y adornabas el vientre

de las bailarinas con rosas negras.

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Partida de ajedrez

El lugar de la calma ya no existe,

una torre, el desierto, la revuelta,

estancias donde fuimos incapaces

de abrir las puertas del ropero donde

guardábamos la ropa de la reina.

Genuflexión, silencio y aventura.

El camino no fue el más indicado

para llegar al huerto de los caquis

con mirlos perezosos y laúdes.

La luz de las tulipas en la mesa

cuartea las figuras del tablero.

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“Femme, je vous aime”

 

El amor es un juego de espejismos, un juego

de erizados cristales, falsas lunas, declive

de las playas bañadas de oro líquido y pálido.

A un mismo tiempo pasan la luz y las tinieblas,

el aroma y el tacto, la tentación y el gozo.

Falso el amor y falsos los espejos. La imagen

que aparece desnuda como un árbol de estrellas

es la fugaz presencia de la muerte gloriosa.

Si salieran al campo los ángeles con alas

pintadas ‑o vidrieras‑, ángeles alhelíes

envueltos en espejos y heridos por el rojo

del ocaso, el amor tendría alzadas torres

para evitar que fueran sus huéspedes incómodos.

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Visita a “madame Louise”

 

Bonjours, madame Louise!

Vestida años cuarenta,

con el alma plisada de noviembre

y el pelo a lo garçon,

intensos tintes,

el bolso, los zapatos y el sombrero

a juego con el traje masculino

y exhalando un ajado

perfume marroquí.

El rímel y las joyas

exageran su edad inacabada.

¿Cómo reconstruir su viejo espíritu?:

les plaisirs du palais,

chanson à boire.

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Lectura en común de Paul Bowles

 

No es protector el cielo,

el cielo es un incendio si es noviembre

y no lo cruza ni un pájaro asfixiado.

Sobre la tierra cae

el aire vertical de los membrillos,

áspero y dulce.

El mito y la ficción.

Mago del cine o casi cine.

Doce anillos concéntricos de luz,

como bodas de tórtolas errantes

que vuelan en un círculo

de polvo clandestino,

anudan los limones.

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