¡Una tarde maravillosa!

Soy Carmen, una niña sevillana, “muy simpática y vivaracha”, según oigo decir a mis familiares, amigos y conocidos, aunque parezca ineducado decirlo; pero mi corta edad todo lo permite.
Hago mi presentación al principio y no al final, como muchas veces les gusta hacer a los escritores afamados, pues soy así de espontánea y sincera. Espero no molestar a nadie. 

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Vicisitudes de la vejez, 21

Por desgracia, llegó la segunda ola Covid, con la desbandada, el desconcierto, el enfrentamiento y la incertidumbre que siempre crean y caracterizan a estas situaciones de pandemia; y de la que se aprovecha mucha gente, políticos incluidos, que tienen la oportunidad de mostrar descarnadamente lo poco que saben del asunto, el ansia de poder y/o dinero y los palos de ciego a dar. A la actualidad me remito.
Todo ello lo sé, por lo bien que me lo cuentan -especialmente- mis nietas, destacadas universitarias ellas, que están más que hartas de que quiera manipularlas el poder de turno con sus añagazas. Como me dicen textualmente: «Es que la clase política actual nos han tomado como rehenes y nos recuerdan a los señores feudales de antaño; pues, a veces, quieren tratarnos como si fuésemos siervos de la gleba, con el marchamo aparente de que aman y cuidan mucho al ciudadano, sobre todo cuando hacen campaña electoral. Lo resumen bien con la frase que (ellas y las diversas generaciones) estudiaron sobre el despotismo ilustrado: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”

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La mentira


¡Qué desazón y desolación siento al oír la radio, ver la televisión, leer los medios de prensa escrita, entrar en las redes sociales… pues todo es deslumbramiento, edulcoramiento, falsa justificación… para decir demasiadas veces mentiras o falsedades; como la canción que aprendí de pequeño, siendo entonces un juego: “Vamos a contar mentiras”!
Hoy en día, en nuestro país, es preciso hacer un trabajo de investigación exhaustivo para averiguar la VERDAD (que, por cierto, no está al alcance de la mano de cualquier ciudadano, si es que lo consigue), puesto que todo el mundo se pone de acuerdo para marear la perdiz y arrimar el ascua a su sardina o modo de pensar, haciendo que se dude de todo y de que no se llegue nunca a saber la auténtica verdad del asunto en cuestión, sobre todo si es importante.

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Andrea Pezzini

Toda empresa humana debería ser dirigida por una persona que poseyese un florilegio de cualidades sobresalientes que pudiese conformar o crear una realidad tangible de disfrute y riqueza continuados.
En Úbeda, hemos tenido la suerte de encontrarla, para goce y beneficio de todos. Es Andrea Pezzini, un italiano especial que ha sabido y querido injertarse plenamente en la idiosincrasia de nuestra ciudad; siendo un valiente y visionario empresario turístico, todo terreno; y que, cual políglota y trotamundos, por vocación, consiguió ayudar a que Úbeda y Baeza fuesen nombradas Patrimonio de la Humanidad.

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¡Se nos fue un hombre bueno!

Hace unos días hablé telefónicamente con Mari, la viuda de Antonio Pérez Molina, el que fuera conserje-limpiador y, en definitiva, hombre para todo -durante 15 años- del Colegio de la Explanada, hoy llamado CEIP “Sebastián de Córdoba”, de Úbeda (Jaén), para darle el pésame y que me contase los últimos aconteceres de su marido, ya que no pude asistir para acompañarla a ella y a sus tres hijos, en ese duro trance, por estar de abuelo imprescindible en Sevilla.

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¡Preocupaciones, que no falten…!

Ya me lo decía de pequeño mi abuelo Antonio: «Fernando, las preocupaciones…que no te falten nunca». Y, por entonces, yo no lo llegaba a entender, puesto que lo que quiere uno -desde que llega a este mundo- es no tener ningún problema ni dificultad para vivir tranquilamente y sin tropiezos de ningún tipo, como los anuncios del veraneo eterno en las Bahamas o el Caribe…

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Mi primer año de vida


Hoy -precisamente- hace un año que vine al mundo, gracias a mi querida mamaíta, especialmente, en un parto natural del que yo nunca tendré memoria consciente (pero sí ella -sobre todo-; y su entorno); ya que ambos no olvidaremos jamás aquellos momentos cruciales de nuestras vidas, aunque yo los sabré realmente por las veces que me lo contará ella, en un futuro; y, también, por las dulces y dolorosas sensaciones físicas y emocionales que le provoqué; bueno, que nos provocamos mutuamente.
Mas es tan tierno y lindo estar nueve meses dentro de una madre y salir al exterior para conocerla en vivo y en directo que no tengo más remedio que referirlo aquí. ¡Es lo más bonito que me ocurrió en aquel momento y que seguramente me ocurrirá jamás! Luego, han llegado sensaciones y aconteceres que me están proporcionando una felicidad continuada inconmensurable…

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Vicisitudes de la vejez, 20

Ando harto preocupada con la nueva ola de pandemia que se nos ha presentado antes de tiempo (en este mismo verano), cuando nos la habían anunciado -“los expertos”- para el otoño. Y me preocupan principalmente mis hijos, nietos y biznietos, puesto que, aquí en Andalucía, empieza el curso escolar el 10 de septiembre y los políticos de esta comunidad autónoma (da igual el color político al que estén adscritos) y otras regiones de España no han hecho los deberes que tanto piden hacer a la población, habiendo tenido -desde marzo, que se cerraron las escuelas- para hacerlos. Se ve que están esperando a que se produzcan nuevos contagios para volver a cerrarlas, como ya lo han hecho en bastantes colegios de Francia o Israel. Nunca aprenderemos del dicho “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

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El pescador de hojas

Esto era una vez un parvulito muy guapo y tierno cuya imaginación desbordante le llevaba por derroteros de ilusión y ensueño que nunca tenían fin…
Hacía muy buena miga con su abuelo materno y siempre estaba emprendiendo aventuras, cual don Quijote y Sancho, o imitando las sugerentes historias de los variados dibujos animados, que veía por la tele, para llenar sus múltiples días y horas de ocio, siempre entretenido; con esa inocencia y ductilidad que solamente las proporciona los cuatro años que Abel tiene, trayéndole felicidad y alegría a raudales, a la vez que colmando sus ansias de libertad y conquista, en este verano cálido sevillano en el que la pandemia vuelve a hacer sus estragos.

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¡Cole sin garantías: no, gracias!

Ya nos lo decían (y bien que lo comprobamos) en la mili: “Al peor soldado, hazlo sargento”. En la compañía no se movía nadie con tal de no salir en la foto. Bromas y puntualizaciones aparte, lo que la pandemia nos está mostrando y enseñando cada día que pasa es proverbial: que con estos diecisiete reinos de taifas hispánicos y sin estética ni ética adecuadas no se puede vivir ni mantener en pie nuestro país y planeta; pero muchos políticos -en general- y bastantes ciudadanos -en particular-, no acaban de enterarse de qué va el asunto. No hay nueva normalidad sino antigua anormalidad, diría yo, tanto en el comportamiento político como el social y personal, salvo honrosas excepciones; que las hay…

 

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