Mi primer año de vida


Hoy -precisamente- hace un año que vine al mundo, gracias a mi querida mamaíta, especialmente, en un parto natural del que yo nunca tendré memoria consciente (pero sí ella -sobre todo-; y su entorno); ya que ambos no olvidaremos jamás aquellos momentos cruciales de nuestras vidas, aunque yo los sabré realmente por las veces que me lo contará ella, en un futuro; y, también, por las dulces y dolorosas sensaciones físicas y emocionales que le provoqué; bueno, que nos provocamos mutuamente.
Mas es tan tierno y lindo estar nueve meses dentro de una madre y salir al exterior para conocerla en vivo y en directo que no tengo más remedio que referirlo aquí. ¡Es lo más bonito que me ocurrió en aquel momento y que seguramente me ocurrirá jamás! Luego, han llegado sensaciones y aconteceres que me están proporcionando una felicidad continuada inconmensurable…

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Vicisitudes de la vejez, 20

Ando harto preocupada con la nueva ola de pandemia que se nos ha presentado antes de tiempo (en este mismo verano), cuando nos la habían anunciado -“los expertos”- para el otoño. Y me preocupan principalmente mis hijos, nietos y biznietos, puesto que, aquí en Andalucía, empieza el curso escolar el 10 de septiembre y los políticos de esta comunidad autónoma (da igual el color político al que estén adscritos) y otras regiones de España no han hecho los deberes que tanto piden hacer a la población, habiendo tenido -desde marzo, que se cerraron las escuelas- para hacerlos. Se ve que están esperando a que se produzcan nuevos contagios para volver a cerrarlas, como ya lo han hecho en bastantes colegios de Francia o Israel. Nunca aprenderemos del dicho “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

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El pescador de hojas

Esto era una vez un parvulito muy guapo y tierno cuya imaginación desbordante le llevaba por derroteros de ilusión y ensueño que nunca tenían fin…
Hacía muy buena miga con su abuelo materno y siempre estaba emprendiendo aventuras, cual don Quijote y Sancho, o imitando las sugerentes historias de los variados dibujos animados, que veía por la tele, para llenar sus múltiples días y horas de ocio, siempre entretenido; con esa inocencia y ductilidad que solamente las proporciona los cuatro años que Abel tiene, trayéndole felicidad y alegría a raudales, a la vez que colmando sus ansias de libertad y conquista, en este verano cálido sevillano en el que la pandemia vuelve a hacer sus estragos.

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¡Cole sin garantías: no, gracias!

Ya nos lo decían (y bien que lo comprobamos) en la mili: “Al peor soldado, hazlo sargento”. En la compañía no se movía nadie con tal de no salir en la foto. Bromas y puntualizaciones aparte, lo que la pandemia nos está mostrando y enseñando cada día que pasa es proverbial: que con estos diecisiete reinos de taifas hispánicos y sin estética ni ética adecuadas no se puede vivir ni mantener en pie nuestro país y planeta; pero muchos políticos -en general- y bastantes ciudadanos -en particular-, no acaban de enterarse de qué va el asunto. No hay nueva normalidad sino antigua anormalidad, diría yo, tanto en el comportamiento político como el social y personal, salvo honrosas excepciones; que las hay…

 

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Vicisitudes de la vejez, 19

Menos mal que me encuentro fuera del foco infernal de infección de la Covid-19 de mi antigua residencia de ancianos, en donde han vuelto a confinar a sus internos, en un acto más de cebamiento hacia los sufridos ancianos o viejos de nuestra generación. Esta segunda oleada de coronavirus en España me ha pillado en mi propia casa, haciéndome temblar nada más pensar que otra vez me tendrían confinada y sin salir de mi habitación, sin visitas familiares ni amigables de ningún tipo, en aras de las normas y protocolos inventados por los mandamases o jefecillos de turno que poco saben de lo que una mujer mayor siente y padece en estas situaciones límite.

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Vicisitudes de la vejez, 18

Antiguamente, nuestra educación sexual, dejaba mucho que desear: era más bien corta y exigua, especialmente para las mujeres, puesto que los hombres tenían siempre el beneplácito social y familiar del prostíbulo reconocido (o sin reconocer), en definitiva, la doble moral que todavía impera; y hasta era prescriptivo y necesario que cuando un hombre se acercase al matrimonio fuese bien enterado de lo que debía hacer en la noche de bodas…; y las siguientes; aunque a más de uno le sobreviniese el gatillazo u otros problemas similares que nunca debían de contarse en la taberna con los amigachos, sino mentir diciendo todo lo contrario…

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¡Cuidado con el resentido!

Todo el mundo sabe que todas las personas tenemos momentos puntuales de resentimiento, pero que lo mejor es dejarlos pasar y no insistir machaconamente en ellos, pues nos va nuestra propia limpieza y tranquilidad mental en el intento.
No obstante, hay seres humanos cuya fijación mental es portentosa, pues en cuanto sale a relucir un determinado tema -al que andan siempre apegados y traumatizados, por diversas razones-, seguramente porque en su infancia o en cualquier otro momento evolutivo de su vida lo pasaron mal; y del que no se pueden despegar, aunque quisieran, porque se les ha quedado perennemente impresa esa pegatina mental.

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¡Mil gracias, José Mª, por tu desinteresada entrega!

Como los españoles -en general- y los ubetenses -en particular- somos muy dados a santificar al muerto, ignorando o denigrando al vivo, mientras anda en este mundo vivito y coleando, no quiero que esto ocurra con nuestro antiguo presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de Magisterio de la Safa de Úbeda (AAMSU), José María Berzosa Sánchez. Es mejor realizar los homenajes y parabienes en vida ya que, una vez se haya ido al otro barrio, sobran vaselinas y vanaglorias.

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El constructor de cabañas

Érase una vez un inocente parvulito que tenía una visión mágico-fantástica del mundo y al que le sobraba imaginación. También poseía una enorme energía física, con ansias desbordadas de divertirse, lo que le permitía fantasear la realidad y hacer uso interesado de los materiales que encontraba a su alrededor.
Por eso, uno de sus juegos preferidos era construir una cabaña, cada día, (con el permiso de sus papás o abuelitos; si es que no podía conservar la antigua), tratando de que se acoplara -como anillo al dedo- a su dispersa imaginación; y, de camino, colmase toda su dicha infantil para poder transitar y esconderse en ella, mientras sus padres o abuelos hiciesen como que no lo encontraban, con gran regocijo y satisfacción por su parte.

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Hoy cumples diez meses…

Querido Saúl:
Cuando ahora lo que se lleva mayoritariamente son textos cortos, fríos y mutilados para felicitar o resaltar algún evento o cumpleaños, a través de las redes sociales modernas (Facebook, Whatsapp, Twitter, Instagram…), yo -siendo ya mayor- he preferido escribirte esta carta, a la vieja usanza, que me parece más sincera y amorosa para felicitarte por tu décimo cumplemés, ya que, en tu primer y segundo año de vida, cada treinta días, me parece una fiesta a celebrar, sin aspavientos ni alharacas, pero con gran alegría de mi corazón, ya que tú, mi segundo nieto, me estás haciendo pasar momentos tan agradables y dignos de vivirse, mientras tengo la suerte de tenerte entre mis brazos, cual abuelo enamorado, que nunca podré olvidarlos.

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