La (infausta) Provincia de Jaén, 2

Alfredo Rodríguez Tébar

Fuentes de riqueza/Fuentes de pobreza de la provincia de Jaén

En la cuestión de la renta per cápita, históricamente, Jaén ha competido con éxito para ser la última de las 50 provincias españolas, siempre al albur de la cosecha anual de aceituna. Si la cosecha ha sido buena, descendemos al puesto cuarenta y tantos. Cuando es mala, el último puesto no nos lo quita nadie. Cuando se examinan las tablas del INE (https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736167628&menu=resultados&idp=1254735576581#) se observan la variaciones anuales en el PIB per cápita (las mayores de las provincias españolas) de forma que en el 2014, la provincia tenía el PIB per cápita más bajo de España con 14.987 €. Un año más tarde, 2015, el PIB saltó a 16.960 € sin duda porque la cosecha de aceituna en la temporada 2013-2014 fue excelente (Figura 1).

                                     Figura 1

Ese año, Jaén subió de la última posición a la 43. En 2018, la última que he visto antes de la pandemia, Jaén ocupaba el puesto 45; provincias andaluzas como Granada, Córdoba y Cádiz eran aún más menesterosas, lo que invita a analizar muy seriamente qué pasa con Andalucía en el contexto español y europeo porque, entiendo, así no podemos seguir.

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La (infausta) Provincia de Jaén, 1

Alfredo Rodríguez Tébar

[En alguna parte he leído que el P. Villoslada Peula, un navarro, eligió la provincia de Jaén para fundar su SAFA, en razón de ser una provincia tan pobre y castigada].

Salí de mi provincia hace 56 años y solo he vuelto de forma esporádica, aunque frecuente, en cortas visitas por motivos familiares y/o personales. Soy de La Puerta de Segura, Sierra de Segura; digo esto con el objeto de mostrar a priori mi sesgo al hablar de la provincia entera. Mi comarca, un feudo de la orden de Santiago, no pertenecía al “Santo Reino”, ni a Andalucía, y fue metida en ella por la distribución provincial de Javier de Burgos en 1833. Desde los años setenta del s. XIX mi tierra se pobló con una gran inmigración procedente del sur de Albacete, tierras interiores de Alicante y norte de Murcia (Caravaca, Bullas, Moratalla…; parte de mis ancestros vino de esta última encomienda santiaguista).

Recuerdo muy bien que en los años cincuenta del s. XX, durante mi infancia, nosotros no nos considerábamos andaluces. Oía expresiones como “bajar a las Andalucías” y tenía un amigo a quién llamábamos “El Andaluz” porque había nacido, en los años cuarenta, en Jaén capital. Nosotros somos realmente neoandaluces, aunque en los últimos tiempos me ha parecido observar entre mi gente sentimientos propios del neoconverso: un fogoso andalucismo con fervorosas celebraciones del 28F, fruto sin duda de la propaganda política dictada desde Sevilla (alguna vez me gustaría escribir sobre la influencia de los poderes públicos en fabricarles una identidad a sus súbditos, como ha sucedido, v.g., en Cataluña).

En este escrito me propongo expresar algunas de las reflexiones que mi provincia me ha inducido a lo largo de los años. Espero decir algo nuevo o, por lo menos, no moverme entre los tópicos de siempre.

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La Percepción de la Realidad, y 3

Alfredo Rodríguez Tébar

En esta entrega pretendo señalar cómo las percepciones, una profunda recreación de la mente desencadenada por una sensación insegura, incompleta y desajustada de la realidad exterior, se pueden domeñar y configurar de forma tal que existan más puntos de acuerdo, dentro de la diversidad, entre los seres humanos. Tal similitud, junto con la eliminación de elementos conflictivos, ayudaría a resolver problemas y conflictos entre individuos y entre pueblos con diferentes culturas y, a la larga, pacificar nuestro mundo. Veamos:

Rebobinando, en la anterior entrega resaltamos que la retina es incapaz de percibir los objetos como verdaderamente son. Nuestra retina no puede distinguir el grado de luminosidad y brillo de los objetos exteriores sin equivocarse; tampoco distingue otros parámetros físicos (fácilmente cuantificables si los abordas con instrumentos de medida) como son la magnitud, distancia y orientación de los objetos, como se muestra en la Figura 1.

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La Percepción de la Realidad, 2

Alfredo Rodríguez Tébar

En mi anterior articulillo (Percepción de la Realidad, 1, del 23 de marzo) describía a grandes brochazos, con un respetable grado de imprecisión, cómo una parte de la realidad física exterior, aquella que puede ser captada por nosotros, llega a la retina, donde es capturada, y experimenta la primera transformación. Recapitulando, la sensibilidad de nuestra retina es limitada y son, por lo tanto, muchos aspectos y características de la realidad las que no puede percibir, como, por ejemplo, la discriminación de dos puntos próximos y/o lejanos para la que no tenemos la agudeza visual adecuada, o reflexiones de luz fuera del rango electromagnético que puede excitar los pigmentos retinianos. En este escrito trataré de describir cómo la señal eléctrica generada en la retina excitada por la visión de un objeto alcanza la corteza visual situada en la parte occipital de nuestro cerebro, y cómo la percepción es allí modificada por diversos procesos, específicos de la individualidad de cada cual.

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La Percepción de la Realidad, 1

Alfredo Rodríguez Tébar

¡Aaah… migo! Ya sabéis que nada es verdad ni es mentira, todo es según el color… etc. No me propongo escribir sobre aspectos sociológicos o psicológicos de la percepción que generan “visiones” diferentes de la realidad que dan lugar a opiniones diversas y contrarias o incluso modos de ser diferentes. Tampoco voy a tratar el tema desde un punto de vista filosófico, ni referirme a idealismos con diferentes adjetivos, pues la madre natura no me dotó para volar sobre elevados epiciclos de la abstracción. Cuando leo algo, v.g. el idealismo según Kant, no me entero absolutamente de nada; cuando nos explicaba el Idealismo don Isaac, de casi nada). Una vez aclarado lo precedente, solo pretendo compartir algunos apuntes, deformados por mis propias opiniones, sobre la Fisiología de la percepción haciéndome de nuevo las preguntas tantas veces hechas: ¿Hasta qué punto es real lo que percibimos? ¿En qué extensión lo que percibimos e integramos no refleja a la realidad exterior y es bueno que no lo haga? ¿Es necesario y/o positivo que así suceda?

Parto del supuesto de que la realidad existe fuera de nosotros y de que es sustancialmente independiente de nuestro modo de percibirla. O sea, yo entiendo que si salgo de mi casa y me dejo la luz encendida, la luz permanecerá encendida independientemente de que yo la vea o deje de verla (no hagáis la prueba que tendréis que pagar un pastón por la muy real factura de la luz). Es más, yo creo, como adepto a razonamientos materialistas, que existe la realidad absoluta o las realidades absolutas, que nosotros solamente en parte podemos captar, casi siempre deformadas y reinterpretadas.

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Anti-Progreso, y 3 (Las Causas, y 2)

Voy a finalizar esta serie que llamé Anti-Progreso de la que he publicado en estas páginas cinco entregas, el 20 y 29 de noviembre, el 6 y 26 de diciembre del pasado año y el 14 de enero del año actual. No quiero dejar sin terminar la serie y es por lo que escribo esta última entrega.

En aquella, Anti-Progreso 3 (Las Causas, 1), analicé algunas de las razones por las cuales el progreso humano se ralentizó o se obstruyó durante tanto tiempo, dando pie a preguntarse dónde estaríamos ahora si unas actitudes, situaciones o fuerzas no hubieran dificultado el progreso o se hubieran opuesto a él, a veces con saña. Porque, si nos abstraemos de nuestros condicionamientos y sabemos planear sobre la Historia sin impregnarnos demasiado de ella, veríamos que  la Humanidad, hasta finales del s. XVIII progresó bien poco. Las condiciones de un campesino europeo del s. XVII, por ejemplo, no eran muy diferentes de las de un campesino de Ática contemporáneo de Aristóteles en el s. IV a.C., más de dos mil años antes: comía poco y de lo mismo, padecía las mismas enfermedades para las que existían las mismas curas (inútiles la mayoría), se calentaba de la misma forma (talando bosques y quemando leña), se movía y transportaba objetos por sí mismo, a lomo de caballerías o en carros de tracción animal y vivía casi los mismos años, unos treinta de promedio. Está claro, al menos para mí, que la filosofía, la ciencia, las religiones…, que florecieron y sirvieron para asentar diferencialmente nuestra cultura, no sirvieron de nada para aumentar el bienestar de la gente y darles una vida mejor y más larga, porque de eso se trata y no de otra cosa.

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Emigración

Alfredo Rodríguez Tébar

(Me sentí identificado en el retrato del Tío Paquete, de Francisco de Goya, museo Thyssen, Madrid)

En el reciente viaje de la sonda Perseverance a Marte, la prensa española recogía la noticia de que una ingeniera de origen colombiano, Diana Trujillo, fue una de las directoras de vuelo del ingenio espacial que consiguió un amartizaje perfecto. Diana llegó a los EEUU jovencita con 300 dólares en el bolsillo, sin saber inglés y empezó limpiando casas en el país de acogida para sobrevivir. Luego accedió a universidades y por fin entró en la NASA. Hasta aquí es una historia próxima a un cuento de hadas en la que una chica pobre, buena y muy bonita acaba casándose con el príncipe azul.

Pero en esta historia hay un claro perdedor: su país de origen. Colombia, como la mayoría de los países de esa parte del mundo, no es un estado que ofrezca muchas oportunidades a la mayoría de sus naturales. Es un país muy desigual (Índice Gini > 0,55), donde el 90% de la riqueza está en manos de un 10% de la gente. Es más que probable que si Diana se hubiera quedado en Colombia, no habría tenido sino empleos precarios, pero eso jamás lo sabremos. Es posible también que Diana sin salir de Colombia hubiera obtenido su grado en ingeniería y, a la larga, ideado procesos industriales que hubieran beneficiado la economía colombiana y el bienestar común. Repito, nunca lo sabremos. Y ya por imaginar, es también posible que, con la enorme experiencia adquirida en la NASA, Diana retorne a Colombia, enseñe Ingeniería en una universidad formando a futuros ingenieros o ponga una fábrica de robots de alta tecnología que produzca trabajo y riqueza en su entorno.

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¿CUÁNDO Y CÓMO ACABARÁ ESTA PANDEMIA? 1

Alfredo Rodríguez Tébar

Es la pregunta de los cinco euros; la respuesta es que nadie lo sabe. No obstante, si vais a Google y buscáis When will Covid-19 pandemic end, os saldrán muchas decenas, cientos de artículos, reportajes y crónicas que hablarán sobre el tema, pese que ninguno ofrecerá una respuesta clara que, por lo demás, es imposible dar. De hecho, en este escrito haré una particular (quizá sesgada) síntesis de mis lecturas y reflexiones sobre el tema. Debo antes advertir que no he sido virólogo ni epidemiólogo; tan solo he usado ocasionalmente algunos virus como instrumentos para introducir material genético en las células nerviosas. Me curo así en salud, admitiendo que puedo cometer algunos errores.

La actual pandemia es la primera causada por un coronavirus (otras epidemias debidas a otras especies de coronavirus como SARS-CoV-1de 2002-03 y MERS de 2012 no llegaron a los niveles de pandemia) y, por lo tanto, no tiene por qué ser un calco de otras pandemias causadas por micro-organismos patógenos diferentes. No obstante, si exceptuamos los casos de la viruela y del SIDA, los brotes más álgidos de otras pandemias a lo largo de la Historia no han durado más de dos o tres años en una determinada, aunque amplia, área geográfica, y para ninguna había vacunas que neutralizaran el mal. Quisiera pensar que, aún sin vacuna, la actual epidemia desaparecería en un año a partir de ahora sin prejuzgar que el virus, una forma distinta, pero derivada de él, pueda volver al cabo de unos años y causar otro desastre, mayor o menor.

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Más despistado que un camaleón (Canito) en la Safa

Alfredo Rodríguez Tébar

(a Manuel Verdera Casanova, nunca olvidado, con el afecto de siempre)

Cuando me despisto (algo que me ocurre con frecuencia) se me representan de golpe dos imágenes paralelas: la de la pava en un garaje y la de Canito en la SAFA ¿Cómo fue que Canito apareció allí en el otoño de 1962 o en la primavera de 1963? Hagamos un ejercicio de memoria; Canito la merece.

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Anti-Progreso, 3 (Las Causas, 1)

Alfredo Rodríguez Tébar

En el escrito anterior de esta serie, iniciamos una revista a las causas del Anti-Progreso y expuse como la primera de ellas una significativa falta de comunicación entre pueblos y culturas. Continuando ahora, revisaré cuatro causas adicionales que considero importantes para el Anti-Progreso; las dos siguientes que expongo en este escrito son, primero, la inercia de las sociedades para aceptar cambios; y segundo, el peso excesivo de grandes genios que no admitían contestación. Las dos causas restantes las contaré en la siguiente y última entrega.

  1. Negativa a aceptar cambios y defender la pervivencia de patrones establecidos por parte de la sociedad.

No me refiero solamente a la relativa incapacidad del pueblo llano, en tiempos pasados, para aceptar y asimilar cambios, sino a la actitud de los santones de la ciencia para aceptar cualquier novedad que les rompiera sus escleróticos esquemas mentales. Aunque detesto elevar la anécdota a categoría, voy a contar las peripecias y el rechazo que sufrieron, después de reportar sus descubrimientos, dos personajes, verdaderos benefactores de la Humanidad, de los que hemos hablado en estos escritos: William Harvey y Edward Jenner. Creo que reflejarán las actitudes de la intelligentsia europea del momento, prisionera de un conservadurismo miope que no admitía la revisión y el cuestionamiento de conceptos y prácticas tradicionales generalmente aceptados.

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