Los Viejos, y 2

Hace más de cincuenta años tuve una conversación con un médico que sirvió en el ejército alemán durante la II Guerra Mundial (no lo hizo por gusto; le habían obligado). En el hospital de campaña donde trabajaba, cerca de un campo de batalla, se recibían a diario decenas de heridos que eran rápidamente examinados por el médico jefe, quien los clasificaba según la gravedad. Los soldados más graves eran inyectados con morfina y se les ponía aparte para que murieran de la forma menos dolorosa posible. No se les curaba porque, con el tiempo y esfuerzo que se necesitaba para salvar a uno, se podrían curar y salvar tres o cuatro soldados no tan graves. Era cuestión de elegir lo menos malo.

La Medicina de Guerra está plagada de calamidades difíciles de imaginar por quienes no hemos hecho ninguna guerra. Las situaciones extremas generan contradicciones entre la moral pública y la individual difíciles de resolver, remarcan la relatividad de lo que nosotros llamamos ética y pone en entredicho conceptos claves de nuestra civilización como eso de que el fin no justifica los medios. La guerra es la negación, el reverso de la humanidad.

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Los Viejos

[Nota previa: No habría escrito nada acerca de la vejez de no haber sido por la catástrofe que la actual pandemia ha causado entre los mayores, ante la cual no puedo permanecer impasible]

Hablaré sobre la vejez desde un punto de vista bio-histórico y dejaré para otra vez los avatares sufridos por los viejos durante esta pandemia y el trato que, en general, han recibido. Hoy día, se clama justamente contra la discriminación por sexo, orientación sexual, nacionalidad y procedencia, raza, cultura y demás, pero resulta chocante que no haya aparecido ninguna crítica a nivel popular, aunque sí a nivel académico (edadismo), a la discriminación de los viejos, a pesar de ser estos tan abundantes en la sociedad. Espero que en la previsible desescalada post-epidémica, no se discrimine a los mayores manteniéndolos recluidos.  Hay lugares, no obstante, donde a los viejos con COVID-19 se les ha tratado aún peor que en España (https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-03-27/paises-bajos-coronavirus-colapso-cultura-muerte_2517808/)). Continuar leyendo «Los Viejos»

La madre de todas las catástrofes (incluyendo la actual pandemia)

No hay que pensar mucho para identificar y señalar a esa mala madre: es la sobrepoblación del planeta. Cuando estudiaba la primaria en los años cincuenta, éramos unos 2.700 millones de habitantes; hoy, 16 de abril de 2020, a las 18:00 h, somos algunos más de 7.778 millones (al menos, eso dice el https://www.worldometers.info/es/); la cifra se ha triplicado en 65 años. De hecho, la población se cuadruplicó a lo largo del s. XX. Demasiados para los 170 millones de km2 de las tierras emergidas, contando los desiertos, zonas glaciares, altas montañas… lugares donde es imposible o casi imposible vivir.

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Epidimia, y 2

¿Por qué aparecen las epidemias? Como fenómenos complejos, la eclosión de una epidemia es condicionada por una conjunción de factores que, naturalmente, no son los mismos para las diferentes clases de epidemias. Veamos algunos de esos factores.

Factores socio-ambientales entre los que está el clima; algunas epidemias, concretamente la Peste de Justiniano y la Muerte Negra medieval, estuvieron precedidas de un enfriamiento del clima a nivel global. Estudios dendrológicos (grosor de los anillos de crecimiento de los árboles) en alerces del Altai siberiano y en diversos árboles de los Alpes mostraron una caída de las temperaturas, probablemente asociadas a vulcanismo o a disminución del brillo solar, alrededor del 536, cinco años antes de la aparición de la peste de Justiniano. Hacia el año 1300 empezó lo que llaman Pequeña Era Glacial, precedida por lo que también llaman Óptimo Climático Medieval, que fueron cuatro siglos (X-XIII) de elevada temperatura en Europa, durante el cual la población se cuadriplicó en algunas áreas de Europa. La bajada de las temperaturas produjo la pérdida de cosechas, la hambruna y la emigración de los campesinos a las ciudades.

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Epidimia (sic) – 1

Por Alfredo Rodríguez Tebar

La actual epidemia de coronavirus que nos afecta da pie a reflexionar sobre otras pandemias que la Humanidad ha sufrido y la incidencia que tuvieron sobre el desarrollo progresivo y regresivo, material y espiritual de los pueblos que las padecieron. Algo aprendimos y aprenderemos de ellas.

Quizá la primera epidemia documentada con precisión fue la Peste de Justiniano de 541-543. El cronista oficial de la corte, Procopio de Cæsarea (algo así como el Jaime Peñalver o el Eduardo Inda de la época, quien también se despachó a gusto con las veleidades de la emperatriz Teodora) describió la epidemia en términos precisos y las dudas sobre la identidad de aquella peste se disiparon recientemente cuando en cadáveres de la época se hallaron secuencias del DNA del Yersinia pestis, la bacteria causante de la Muerte Negra.

[Voy a dejar para en final la peste bubónica de 1348 en Europa, quizá la más conocida y de mayor influencia en el rumbo ulterior de la Humanidad, de la cual existen registros históricos abundantes].

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Las manos en la hominización – 1

LAS MANOS EN LA HOMINIZACIÓN, 1

Del primer tema que desearía tratar, hominización, escribí algo de forma un tanto transversal y atravesada en los tres ensayos que publiqué en esta web en la primavera de 2010, titulados “¿Existe Dios?”. Me abstendré ahora de escribir sobre Dios, pero sí traeré de nuevo a colación algunos conceptos que expuse entonces y ampliaré ahora. En esencia, quisiera considerar aspectos importantes de las etapas biológicas y evolutivas que han llevado al hombre a ser lo que es.

Body and brain (1) es el título de un conocido libro de profesor Dale Purves, ilustre neurobiólogo norteamericano, en el que viene a decir y demostrar que nuestro cerebro y en general nuestro sistema nervioso, está al servicio de nuestro cuerpo y, más aún, que nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso evolucionó para cubrir las necesidades de un cuerpo en evolución previa.

Una de las características más notorias de la evolución humana fue la bipedestación, el sostenerse con los miembros inferiores. El nuevo bípedo necesitó soluciones adaptativas a la nueva situación, incluyendo unos miembros inferiores fuertes con unas transformaciones de pelvis y columna que le permitieron caminar y correr erecto. Sobre los miembros inferiores se puede caminar y correr tan deprisa o más que con cuatro miembros y ‒más importante para la selección natural‒ se consume mucha menos energía. La bipedestación posibilitó la liberación de los miembros superiores y la paulatina adquisición de destreza manual. Esta habilidad se debió al surgimiento evolutivo de nuevos músculos, capaces de dotar a las manos de una movilidad altamente compleja y modulada.

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