Anti-progreso, 1 (la vacuna)

 

Alfredo Rodríguez Tébar

Más bien debería titular este escrito como La Progresión del Progreso o, mejor, ¿Cómo progresa el Progreso, o no?, porque el progreso que nos ha traído hasta aquí no nos ha venido como una exponencial ascendente, ni siquiera en una subida lineal. Más bien ha sido como una línea quebrada con grandes saltos y altibajos, con largos periodos de atonía y otros de depresión, a veces de más de un milenio. El progreso, para progresar, ha tenido que vencer muchos obstáculos, de los que cito algunos.

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Las manos en la educación y en el progreso de los pueblos, 4

Alfredo Rodríguez Tébar

  1. i) La Educación por las manos.

No tengo la menor idea de cómo es la educación preescolar, primaria y secundaria en España. No he tenido hijos y me he dedicado a cosas abstrusas, aunque de importancia menor. No sé por lo tanto lo que se enseña y cómo se enseña y entrena a los niños para la vida. Tampoco sé si, en el sistema educativo español, se cuida que los niños adquieran destreza manual, que practiquen juegos en los que se estimule el uso de las manos y, en particular, de los dedos. La destreza manual, la motricidad fina, es muy importante para el desarrollo cerebral y del lenguaje del niño  y así lo confirman cientos de estudios publicados en las mejores revistas (https://www.researchgate.net/publication/329443319_Development_of_manual_dexterity_in_preschool_children;  https://onlinelibrary.wiley.com/doi/pdf/10.1111/jpr.12041). La adquisición de destreza manual tiene también un efecto terapéutico sobre cerebros dañados o malformados en los niños. El contar con los dedos contribuye a crear una mente numérica. Sé por familiares que los métodos Waldorf y Montessori prestan mucha atención al entrenamiento manual de los alumnos (de todo esto, vosotros sabéis mucho más que yo y apreciaría que alguien escribiera en esta web algo sobre la enseñanza y práctica de la destreza manual en la escuela).

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El lenguaje de las manos, 3

Dentro de la descripción que vengo haciendo sobre la importancia de las manos y la manualidad en la evolución humana y en el progreso de las sociedades, toca hoy apuntar su papel en el desarrollo de la comunicación humana de por sí ‒mediante el lenguaje gestual‒ y en la aparición del lenguaje vocal, más distintivo de nuestra especie.

Los humanos tenemos unas manos o, si se quiere, una parte distal de los miembros anteriores/ superiores, con una complejidad anatómica y una capacidad de movimiento que requiere amplias zonas de la corteza cerebral para su control y modulación, como ya describimos en una entrega anterior.

Los homínidos más primitivos, así como los primates actuales no humanos, utilizaron y utilizan las manos como principal instrumento de comunicación; así se creó un lenguaje gestual de complejidad creciente, aunque sin llegar a la de los lenguajes de signos actuales usados actualmente por las personas sordas. Sin embargo, no son solamente las manos las que participan en este tipo de lenguaje; los brazos, la expresión de la cara (posición de la boca y labios, arqueamiento de  las cejas…) y, en menor medida, el resto del cuerpo eran, y son, utilizados en el lenguaje gestual que acompaña a las manos.

Este lenguaje permite a un humano establecer un cierto nivel de comunicación con, por ejemplo, un chimpancé o un bonobo, a quien se le ha enseñado un lenguaje de signos. Aún sin entrenamiento, un simio muestra ciertos signos gestuales compartidos con los humanos, v.g. una mano en supinación (la palma hacia arriba) indica que un chimpancé o un humano está pidiendo algo. No obstante, los intentos por enseñar a un chimpancé algunos elementos de lenguaje vocal con los que comunicarse han resultado infructuosos.

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1962, una rondalla en la SAFA

 

Noté que una sombra grande y alargada venía a mi encuentro.

—¡Alfredo! ¡Enséñame ahora mismo tu púa!

—¿Qué púa, padre? —pregunté con voz bajita, casi inaudible, de lo acoquinado que estaba.

—¿Qué púa va a ser? ¡Con la que tocas la guitarra!

—Yo no toco la guitarra; y, además, la guitarra no se toca con púa; solo con los dedos.

—¡Tú siempre pasándote de listo! —estalló el prefecto— ¿No estás en la rondalla?

—Sí, pero yo toco el laúd.

—Bueno, pues enséñame la púa de una vez y no me hagas perder el tiempo.

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¿Por qué la pandemia se ensaña con España?

 

La lectura de un artículo en La Vanguardia de hoy, 5 de septiembre (https://www.lavanguardia.com/vida/20200905/483297341162/espana-pais-europeo-mas-crece-pandemia-covid19-coronavirus.html) me ha llevado a consultar los estudios y estadísticas del grupo BIOCOMSC de la Universidad Politécnica de Cataluña (https://biocomsc.upc.edu/en/covid-19). Por los medios de comunicación sabemos que la incidencia acumulada del virus en España es la más alta de Europa. Algunos datos: Los últimos 14 días de agosto se han diagnosticado 230 casos/ 100.000 hab en España, somos los primeros en el ranking, más del doble que en Francia, el segundo, con 100. Países que en la primera oleada estaban a la par que España, tienen ahora 26 (Italia) o 25 (Reino Unido) casos. Asímismo, tenemos una alta tasa de reproducción, 1,37 (número de contagiados por un contagiado) lo que asegura que la pandemia irá a más en nuestro país ¿A qué se debe que España esté tan mal? La explicación inmediata de esa diferencia con los países de nuestro entorno no es otra que la forma en la que se ha hecho la “desescalada” y la debilidad del gobierno que no supo resistir la presión de los agentes económicos y de la oposición política.

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¡Esas manos!, 2

Pre‒Texto

[El 17 de marzo pasado, cuando aún no éramos plenamente conscientes de lo que nos caía encima, publiqué en esta web un escrito titulado Las Manos en la Hominización, 1, que mereció la visita, entera o parcial de unos cincuenta lectores; muy pocos en comparación con otros articuletes que he publicado, relacionados de alguna forma con la pandemia que nos acosa; un tema de mayor actualidad, evidentemente.


Quizá fuera pretencioso por mi parte ir contando de forma gradual cómo la complejidad de nuestras manos induce la complejidad de nuestro cerebro. Y lo digo mayormente porque yo no soy ni antropólogo ni biólogo evolutivo; tan solo me acuerdo aún de algo, poco, de Anatomía y Neurociencia. Pretendía resaltar la importancia de las manos y del trabajo manual no solamente en la evolución de los seres humanos, sino también en la adquisición de valores culturales y materiales que son la base del bienestar en las sociedades modernas. Voy a seguir con esta serie, que constará de tres o cuatro entregas, confesando ya cuáles son mis intenciones por ver si así, estos escritos fueran de más interés:


Quiero mostrar que la falta de destreza manual en la sociedad española, el no haber desarrollado o continuado valores artesanos e industriales a la par que otros países europeos occidentales, ha sido una causa mayor de la decadencia de este país a partir del s. XVII. Pretendo mostrar también que ese defecto de manualidad es responsable de la postración y retardo de la sociedad andaluza en particular, y explica hechos como que los escolares andaluces estén entre los peores de Europa según revela cada informe Pisa que se publica. Pretendo, por último, mostrar que las labores manuales de la mujer española, de mayor complejidad que las del hombre, le han conferido un mayor desarrollo cerebral para muchas habilidades, aunque por su situación de sumisión y maternidad, no ha podido hasta ahora desarrollar y demostrar en toda su amplitud].
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¿Una epidemia en la SAFA?

¡Hola a todos!

Voy a comentar y, en lo posible, completar la parte de la “comida” (con los rezos no me meto, que se me ve el plumero) del reciente artículo de nuestro presidente José Luis (Recuerdos de la SAFA – 11: La cena y el rezo). Conjeturo que la narración de José Luis se sitúa en 1966, cuando hacía ya dos años que yo había abandonado la SAFA. Es posible que las cosas cambiaran bastante desde mi ida (y espero que para mejor).

Hago un inciso para decir que la memoria es a menudo muy traicionera. Evocamos las mismas situaciones a lo largo de los años y tengo la sospecha de que con cada evocación modificamos partes de los hechos que rememoramos. Por tanto, admito que la memoria me puede fallar en algunos puntos secundarios, aunque creo que mis recuerdos son fidedignos en lo esencial, y son estos:

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Los Viejos, y 2

Hace más de cincuenta años tuve una conversación con un médico que sirvió en el ejército alemán durante la II Guerra Mundial (no lo hizo por gusto; le habían obligado). En el hospital de campaña donde trabajaba, cerca de un campo de batalla, se recibían a diario decenas de heridos que eran rápidamente examinados por el médico jefe, quien los clasificaba según la gravedad. Los soldados más graves eran inyectados con morfina y se les ponía aparte para que murieran de la forma menos dolorosa posible. No se les curaba porque, con el tiempo y esfuerzo que se necesitaba para salvar a uno, se podrían curar y salvar tres o cuatro soldados no tan graves. Era cuestión de elegir lo menos malo.

La Medicina de Guerra está plagada de calamidades difíciles de imaginar por quienes no hemos hecho ninguna guerra. Las situaciones extremas generan contradicciones entre la moral pública y la individual difíciles de resolver, remarcan la relatividad de lo que nosotros llamamos ética y pone en entredicho conceptos claves de nuestra civilización como eso de que el fin no justifica los medios. La guerra es la negación, el reverso de la humanidad.

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Los Viejos

[Nota previa: No habría escrito nada acerca de la vejez de no haber sido por la catástrofe que la actual pandemia ha causado entre los mayores, ante la cual no puedo permanecer impasible]

Hablaré sobre la vejez desde un punto de vista bio-histórico y dejaré para otra vez los avatares sufridos por los viejos durante esta pandemia y el trato que, en general, han recibido. Hoy día, se clama justamente contra la discriminación por sexo, orientación sexual, nacionalidad y procedencia, raza, cultura y demás, pero resulta chocante que no haya aparecido ninguna crítica a nivel popular, aunque sí a nivel académico (edadismo), a la discriminación de los viejos, a pesar de ser estos tan abundantes en la sociedad. Espero que en la previsible desescalada post-epidémica, no se discrimine a los mayores manteniéndolos recluidos.  Hay lugares, no obstante, donde a los viejos con COVID-19 se les ha tratado aún peor que en España (https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-03-27/paises-bajos-coronavirus-colapso-cultura-muerte_2517808/)). Continuar leyendo «Los Viejos»

La madre de todas las catástrofes (incluyendo la actual pandemia)

No hay que pensar mucho para identificar y señalar a esa mala madre: es la sobrepoblación del planeta. Cuando estudiaba la primaria en los años cincuenta, éramos unos 2.700 millones de habitantes; hoy, 16 de abril de 2020, a las 18:00 h, somos algunos más de 7.778 millones (al menos, eso dice el https://www.worldometers.info/es/); la cifra se ha triplicado en 65 años. De hecho, la población se cuadruplicó a lo largo del s. XX. Demasiados para los 170 millones de km2 de las tierras emergidas, contando los desiertos, zonas glaciares, altas montañas… lugares donde es imposible o casi imposible vivir.

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