¿Son los jóvenes de ahora menos inteligentes? (Y si sí, ¿por qué?), 1

Menos listos

Por no haber tenido hijos, apenas he tratado con jóvenes y realmente no sé cómo son las dos generaciones que postceden a la mía (mitad de la setentena). Por tanto, carezco de experiencia directa en el tema y lo que pueda decir aquí lo he sacado de estudios publicados en revistas científicas solventes. La falta de experiencia propia no me inhibe, sin embargo, de preocuparme por las nuevas generaciones que, en el caso de España, muestran un preocupante grado de involución cultural e intelectual o, por lo menos, una evidente falta de progreso, como veremos más adelante. Uno ya está “con el pie en el estribo”, que diría Cervantes en el prólogo de su Persiles, pero no por eso me desinteresa el futuro de este país, futuro que nosotros no veremos, pero que deseamos sea mejor que nuestro pasado, para muchos de nosotros, impregnado de pobreza y necesidades.

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Del Invierno de la Edad Media a la Primavera del Renacimiento, 4 (el Arte, y 4)

 

En cuestión de Filosofía, Ciencia y Creencia, fueron varios los países de Europa Occidental los que participaron en el Renacimiento, pero en la cuestión de Arte, el Renacimiento fue una creación casi exclusivamente italiana y, particularmente, toscana con Florencia al frente.

Italia es un país muy especial. Pese a ser pequeño, contiene una gran cantidad y variedad de paisajes; es como un mini-continente. Los años que viví en Inglaterra y Alemania me mostraron la fascinación que los centroeuropeos sienten por Italia, mucho mayor de la que podamos sentir nosotros los españoles. El europeo que puede permitírselo tiene una casa en la Toscana o aledaños. Desde  el s. XIX muchos aristócratas e intelectuales europeos han visitado Italia, han escrito sobre sus experiencias en esa nación o han situado allí la acción de sus obras (recordad los mareos de Stendhal, quien más tarde escribió la Cartuja de Parma; también Thomas Mann el de Muerte en Venecia, James Joyce y otros muchos; hasta parece que a Einstein se le “ocurrió” su Teoría de la Relatividad durante unas vacaciones en la Toscana, que al menos le sirvieron para fusilarle a un italiano, Olinto de Pretto, que la había publicado previamente, la  ecuación más famosa de la Historia, E = mc2).

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Koimesis, Dormición de la Virgen María (Final)

Acabo con este tema que inicié el pasado 15 de agosto, día de la Dormición/ Asunción de la Virgen. Desde un punto de vista iconográfico, la Koimesis ha producido muchas y bellísimas obras de arte en formato de mosaicos, frescos, grandes relieves en piedra, pequeños relieves en madera o marfil, así como en ilustraciones de códices medievales. Las más antiguas son del s. X, aunque se supone que las hubo anteriores que no escaparon del furor iconoclasta de Bizancio, iniciado con León III Isáurico (725) y duró en dos periodos hasta la mitad del s. IX. Debió haberlas anteriores al s. VIII porque un santo de la influencia de san Juan (Yahunna) Damasceno (S. VII-VIII), el último Padre de la iglesia oriental, promovió la iconografía de la Virgen y se dice que su celda en Mar Saba (el monasterio sobre el torrente Cedrón, entre Jerusalén y el Mar Muerto, donde pasó los últimos cincuenta años de su vida) estaba abarrotada de iconos de la Virgen.

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Apuntes sobre los pies en la vida y en el arte

                                                                     

                                                                           A la vejez, cascabeles en los pies

(En homenaje a mis pies, que han resistido 125 kms del camino de Santiago, aunque habíamos planeado caminar 250).

Los pies humanos evolucionaron para ser el único apoyo de un animal que se levantó del suelo (Homo erectus) y dejó las manos libres. El humano es el único mamífero que constantemente camina apoyando en el suelo solamente los pies. Los simios no son bipedálicos, aunque a veces un gorila enfadado pueda, erecto, dar unos pasos, mientras se golpea el pecho con los puños. También los osos, plantígrados como los simios y los humanos, pueden dar unos pasos en posición erecta, pero son fundamentalmente cuadrúpedos.

Figura 1. Pie derecho de un chimpancé y el de un humano

La figura 1 muestra un pie de un chimpancé y uno humano. El del simio tiene los dedos más largos y prensiles; el dedo gordo (hallux) es oponible (como el pulgar en las manos simias y humanas). Unos pies así le son muy útiles para trepar, agarrarse y moverse por las ramas de los árboles. Un chimpancé no tiene que viajar mucho para procurarse el sustento diario que obtiene en la selva sin tener que desplazarse más de un kilómetro. En la tierra, los pies de un chimpancé no son demasiado buenos para andar; los dedos tan largos y un hallux en el lado medial de ambos pies no le facilitan los pasos. Realmente, “camina” apoyándose en los pies y en los nudillos de las manos, una marcha de gran gasto energético. Se estima que un chimpancé moviéndose en el suelo gasta un 30% más de energía que un cuadrúpedo, por ejemplo, un perro de igual peso y, desde luego, gasta más del doble de energía que un humano bipedálico; el bipedalismo, nuestra forma de andar, es el modo de moverse con menor gasto energético entre todos los animales terrestres (las aves son un caso aparte).

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κοιμήσης θεοτόκου. La Dormición de la Paridora de Dios (extendido)

La Virgen María no murió; se durmió en presencia de san Juan, san Pedro y san Pablo, entre otros, y dormida fue recogida por unos ángeles que la elevaron al cielo.

La Asunción de la Virgen es una gran fiesta en el ámbito mediterráneo. Suponía una larga semana de descanso entre el final de la recolección del grano y la vendimia.

En la Iglesia ortodoxa, la Dormición de la Virgen fue representada muchas veces en frescos y mosaicos. Quizá el más conocido es el mosaico de Salvador en Chora, en el barrio Fehner de Estambul:

La devoción a la Virgen en el cristianismo occidental fue posterior, pero su advocación es muy fuerte. Fue declarada dogma de fe en 1950. Hoy la Asunción es celebrada en muchos lugares, sobre todo del norte de España. Su iconografía es muy diferente a la oriental, por ejemplo, esta de Murillo (la Virgen no está dormida):

Y por último, en España llamamos Flores de la Virgen al Hymenocallis festalis. Una de las flores más bellas del mundo. Florecen ahora en agosto, de ahí su nombre. Las de abajo son de las que Gloria y yo cuidamos en nuestra terraza.

Al 15 de agosto

Al 21 de agosto con un nuevo tallo floral.

Añadido: Sabéis que el emperador Diocleciano (Diocles) renunció al trono y se fue a su tierra (a Iliria, la actual Croacia) donde se había construido un enorme palacio.  Alrededor de su palacio creció una ciudad que llamaron Ex Palatum (Spalatum), la actual Split. Debido a la inestabilidad del imperio, varios legados fueron a ver a Diocleciano en su retiro para rogarle que volviera porque la situación en Roma era muy mala. Diocles declinó la invitación y les contestó: «si vierais la flores que cultivo en mi jardín, no me pediríais que volviera». Lo puedo entender, aunque tiene mérito porque Diocles no conocía el hymenocallis, una planta salvaje del Atlántico colombiano.

El Hymenocallis es una bulbosa. Pienso sacar las cebollas este octubre y llevaré alguna a nuestra reunión en Úbeda, por si alguno la quiere para plantarla.

Feliz, largo y cálido verano para todos.

[Es el título de una gran peli de 1958 ,dirigida por Martin Ritt basada en una novela de W. Faulkner y protagonizada por una de las parejas más maravillosas de la historia del cine: Joanne Woodward y Paul Newman]. La vi en un cine de verano de Úbeda en 1962.

Del Invierno de la Edad Media a la Primavera del Renacimiento, 3 (El Arte, 3)

Alfredo Rodríguez Tébar

Bizancio y el Renacimiento

La noche del 28 al 29 de mayo de 1453 (calendario juliano), las tropas otomanas de Mehmet II consiguieron entrar en Constantinopla tras varios meses de asedio. Desde que el ejército de Heraclio I fue derrotado en la batalla del río Yarmuk por las tropas omeyas de Jalid ibn al-Walid en el año 636, lo que supuso la pérdida de Siria y Palestina, pasaron 817 años de progresiva e imparable contracción del Imperio Bizantino (Basileia Romaion), primero por el acoso árabe y después por el turco, hasta su desaparición final. Un ejemplo único de resistencia histórica.

La caída de Constantinopla parece que causó consternación en toda Europa, pese a que Basileia Romaion llevara décadas reducida a la Ciudad, su importancia económica y política fuera cero y nadie le prestara demasiada atención. Un ejemplo, a finales del s. XIV, el basileus Manuel II Paleólogo emprendió un largo viaje a Europa Occidental (Roma, Milán, París, Londres) donde fue recibido con simpatía y buenas promesas de ayuda militar que jamás se concretarían. Cuando cayó la Ciudad, los occidentales fingieron sentirlo mucho e incluso, tiempo después, marcaron 1453 como el año en que acabó la Edad Media y comenzó la Moderna. La Iglesia de Roma, apenas prestó atención a Bizancio desde el Cisma del Patriarca Miguel Cerulario en 1054. En su sorprendente autobiografía, Eneas Piccolomini (a) Pío II cuenta al final cómo reunió un ejército a cuyo frente se puso, en un intento de rescatar Constantinopla. A buena hora. Murió mientras atravesaba la península italiana con intención de embarcar sus tropas no recuerdo si en Brindisi o en Bari (Pío II. Así fui papa, Argos Vergara, 1980; los datos de Bizancio a los que me refiero están, entre los que recuerdo, del clásico: S. Runciman. La caída de Constantinopla. Austral, 1973).

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Del Invierno de la Edad Media a la Primavera del Renacimiento, 2 (El Arte, 2)

Alfredo Rodríguez Tébar

Creo que en mi anterior entrega fui injusto con Stendhal y su síndrome. He leído entretanto una breve biografía del escritor francés, quien era un gran enamorado de Italia y su cultura y residió largos años allí. He visto lo que dice Medline (una enciclopedia médica) del síndrome de Stendhal. Aprendí que tal síndrome fue definido por la doctora Graziella Magherini, a quien no tenía el gusto de conocer. La insigne psiquiatra lo acuñó a partir de las descripciones que el propio Stendhal hizo al entrar en la basilica de la Santa Croce de Florencia. Yo habré estado tres veces en esa basílica y admito que mi sensibilidad no era la de Stendhal. Pero en mi intento de saber qué le había pasado a ese hombre, he descubierto algo extraño que puede explicar su síndrome.

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Del Invierno de la Edad Media a la Primavera del Renacimiento, 1 (el Arte, 1)

Alfredo Rodríguez Tébar

Debo advertir que el título es rotundamente falso. Desde mi punto de vista, ni la Edad Media fue invernal ni el Renacimiento fue esa época dorada, con retorno incluido al clasicismo, que muchos historiadores, principalmente italianos, nos han hecho creer. Pero de este tema, del tránsito de una edad a otra, sí voy a especular.

Para esa transición, he tomado el Arte, la Ciencia y la Creencia como paradigmas, haciendo notar que los tres no tuvieron un desarrollo paralelo. Mientras que no hubo una transición abrupta y rupturista en la Ciencia, sí la hubo en el Arte y en la Creencia, que alteró el balance de poder en Europa. En Ciencia no puede haber ruptura, sino estancamiento o progreso; la ruptura indicaría que la ciencia de antes o la de después no era verdadera ciencia. El Arte, sin embargo, sí está sujeto a gustos y preferencias que pueden generar rupturas con el pasado, aunque en el caso de la arquitectura se depende en parte de posibilidades técnicas e innovaciones que pueden ser rompedoras como el caso de la cúpula de Santa Maria del Fiore de Brunelleschi en Florencia (de la que hablaré en su momento). En el terreno de las Ideas (lo que llamo Creencia), Europa sufrió un auténtico cambio revolucionario con la Reforma, un movimiento que llevaba gestándose al menos siglo y medio (creo que venía por lo menos del s. XII; lo veremos).

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Luz, más Luz

Alfredo Rodríguez Tébar

[Licht, mehr Licht, dicen que fueron las últimas palabras de J.W. v. Goethe en su lecho de muerte]

3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. / 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas (del Génesis).

En mi anterior escrito, La Percepción de la Realidad, 2, del 1 de abril pasado, prometí una historia mínima de la luz y percepción visual, que ahora trataré de hilvanar.

La luz y la visión han sido objeto de reflexión y estudio desde el inicio del pensamiento humano. Muchos intuyeron que la luz fue lo primero que apareció al principio de los tiempos. Así lo hizo alguien a quien vengo citando con frecuencia, Robert Grosseteste (Figura 1), el profesor de Oxford, que llegó a ser obispo de Lincoln.  Escribió: «La luz física es la mejor, la más deleitable, la más hermosa de todas las entidades que existen. La luz es lo que constituye la perfección y la belleza de todas las formas físicas«; en su opúsculo De Luce explica cómo la luz fue un instrumento de Dios para crear el Universo, producto de una gran explosión que llenó todo el espacio concebible (una versión medieval del Big Bang). Leyendo a Grosseteste o a Hildegard von Bingen se da uno cuenta de que los tiempos medievales no fueron tan oscuros como nos dijeron, y que el Renacimiento que vino después despreció el medievo, mientras sobrevaloró el retorno a “la antigüedad clásica”, que dudo mereciera la pena en toda su dimensión.

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El futuro que tendréis

Alfredo Rodríguez Tébar

[El título está dirigido a aquellos de 50 o menos años, los que tenéis por delante un futuro de treinta o más años]

Hace 40 años

En 1980 leí, como suscriptor que era, un número monográfico de la revista Triunfo dedicado al futuro (Figura 1; se puede encontrar en http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXXV&num=9-10&imagen=1&fecha=1981-07-01)

Figura 1

En estos días hallé la revista entre mis papeles viejos; la hojeé para ver en qué habían acertado, pero no recordaba que no se hicieron predicciones concretas. La mayoría de los artículos de la revista tratan más del sentido de la Historia que del Futuro; se comparaba el pasado con posibles futuros. Varios autores hacían referencia al inminente 1984 de G. Orwell. En la página 4, el artículo de Eduardo Haro Tecglen, es ya definitorio en su título: El Futuro no existe partiendo de la falta de sentido de la Historia. Es posible que el futuro no exista y haya que inventarlo y construirlo.

Futuro imperfecto

Creo que uno de los mayores impulsos del ser humano es la trascendencia. Así, consciente del final de esta vida, ha encontrado otra, otra vida, donde ahí ya no habrá muerte, aunque sí ventura o desventura, dependiendo de cómo nos hayamos portado en esta terrenal vida. Ante el hecho cierto de que un día habrá que abandonar este mundo, al hombre siempre le preocupó lo que le iba a suceder entretanto y así surgieron los brujos, chamanes y, en su versión más moderna, futurólogos, quienes de forma mágica o racional predicen el futuro o, al menos, lo conjeturan.

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