Vicisitudes de la vejez, 5

Por Fernando Sánchez Resa.

Hay momentos en mi vida, especialmente en esta etapa final en la que me encuentro, que me pregunto por el sentido de ella, no llegando a comprender realmente el porqué estamos los humanos aquí; y yo, menos, incluso siendo católica practicante, pues las dudas e interrogantes de todo tipo me asaltan por doquier.

Y no es que me encuentre en un estado depresivo. Ya dije que no soy propensa a ello; pero, conforme van pasando los años, te vas dando cuenta de lo poco que le importas a nadie, sobre todo si ya te encuentras viuda, aunque a unos menos que a otros; mientras casi todos hacen el paripé o el intento de disimularlo lo mejor o peor posible, tomándote por tonta, cuando no lo eres; aunque muchas veces tenga una que interpretar también ese papel impostado por no liarse a llorar desconsoladamente.

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“Es grande ser joven”

Por Fernando Sánchez Resa.

En aquel miércoles (27/5/2015), a pesar de que no fuera el día habitual de proyección semanal en el Cineclub “El Ambigú”, los cinéfilos de siempre íbamos dispuestos a ver otra hermosa y divertida película del alegre ciclo primaveral que nos tenían programado Andrés y Juan, que tanto monta: “Es grande ser joven” (It´s great to be joung, 1956), genuina y original obra de cine británico de gran encanto.

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“Anónimo veneciano”

Por Fernando Sánchez Resa.

Voy a relatar cómo me fue y lo que sentí aquel miércoles, 22 de abril de 2015, cuando me personé en el Hospital de Santiago de Úbeda (Jaén), con el ánimo anhelante de visionar una película italiana que llevaba tanto tiempo rondando en mi cabeza: “Anónimo veneciano” (Anonimo veneziano, 1970), dirigida por Enrico Maria Salerno, siendo su opera prima.

Al cambiar de día habitual (los jueves), la asistencia de los cinéfilos incondicionales se resistió un poco; no obstante, estuvimos los que queríamos estar; y bien que lo disfrutamos.

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La Sevilla americana de Murillo, y 3

Por Fernando Sánchez Resa.

Una vez consumida la primera parte de la visita, dentro de esta destacada mole de piedra rodeada de una escalinata por los cuatro costados, salimos a la calle para dirigirnos a su fachada lateral norte, en donde se encuentra la Cruz del Juramento, lugar en el que se cerraban antiguamente los tratos con un apretón de manos; mientras, los villancicos de la calle Constitución suenan alegremente, haciéndonos volver a la realidad cotidiana, con las casetas puestas para vender figuras de belenes, pues todavía en esta bendita tierra se continúa con esta bella tradición. Por eso, todos los años, por estas fechas y en sus aledaños, se celebra la Feria del Belén, con belenes napolitanos adaptados a la idiosincrasia andaluza y sevillana, algunos muy graciosos, por cierto. En esta ocasión ya iban por la XV.

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La Sevilla americana de Murillo, 2

Por Fernando Sánchez Resa.

El Archivo de Indias se creó en 1785 por mano del rey Carlos III, con el objetivo de centralizar en un único lugar la documentación referente a la administración de las colonias españolas hasta entonces dispersa en diversos archivos: Simancas, Cádiz y Sevilla. Es el mayor archivo existente sobre la actividad de España en América y Filipinas conteniendo información sobre la historia y la geografía de aquellos territorios. Cuenta con unos 43.000 legajos, con unos 80 millones de páginas y 8.000 mapas y dibujos, que ocupan más de nueve kilómetros lineales. Hay documentos de gran valor histórico: textos autógrafos de Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes, Vasco Núñez de Balboa, Hernán Cortés o Francisco Pizarro. En 1987 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto a la Catedral, la Giralda y los Reales Alcázares de Sevilla.

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La Sevilla americana de Murillo, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

Me gustaría contarte, amable lector, los pormenores de la visita que hice el pasado 2 de diciembre de 2018, precisamente en aquel crucial domingo de las elecciones andaluzas, al Archivo de Indias de Sevilla -y a algún emplazamiento más-, pues estaba invitado gratuitamente, por distrito “Casco Antiguo”. Fui con la primigenia idea de conocer, un poquito mejor, a Bartolomé Esteban Murillo, en el 400 aniversario de su nacimiento, y ese edificio emblemático sevillano que todavía no conocía y que albergaba muchas sorpresas, además de tener tres cuadros de su época de juventud.

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Bécquer y el barrio de San Lorenzo, y 3

Por Fernando Sánchez Resa.

Otro amor de Bécquer fue Casta Esteban y Navarro, que sería su esposa, y con la que tuvo tres hijos; el último, con un bandolerito, con el que se fue a vivir, dejándole su tercer retoño, producto de ambos, a nuestro poeta. De ser una persona oscura y huraña, Bécquer de pequeño, aunque seguro que jugaría por estas callejas y plazas de su amado barrio de san Lorenzo, pasó -de mayor- a ser más extrovertido e incluso juguetón con sus dos-tres hijos, aunque eso le durase poco, puesto que la sífilis, por culpa de sus varios amores y conquistas carnales le pasasen factura bien temprano: a los 34 años. Curiosamente, su hermano Valeriano también fallecería el mismo año que Gustavo, con 37, de una enfermedad hepática. Ambos estuvieron enterrados, primeramente en Madrid, en la sacramental de San Lorenzo y San José, pero desde 1972 yacen en el Panteón de Sevillanos Ilustres, en Sevilla.

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Bécquer y el barrio de San Lorenzo, 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Aunque siempre que se presentaba Bécquer, Julia lo despachaba sin contemplaciones, pues lo que ella quería, en verdad, era una vida más regalada que la que le podía ofrecer este aficionado poeta; por eso, se casó con un ministro de Hacienda, de la época.

También salieron de la parroquia para decirnos que se oía en demasía la representación que estábamos presenciando y que no se podía decir misa, por lo que nos alejamos todos mientras Dani, ya sin micro, iba explicando más detalles interesantes de la agitada vida de nuestro amado poeta de juventud; desvelándonos que no murió de tuberculosis realmente, como todos creíamos o nos han hecho creer, sino de sífilis; pero que sus amigos y demás personas -que tanto lo estimaron- edulcoraron su muerte, pues por entonces aquello estaba muy mal visto. Es como si ahora dices que te has muerto de sida…

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Bécquer y el barrio de San Lorenzo, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

En aquella noche de viernes (del 23 de noviembre de 2018) tenía dos alicientes previstos, que conseguí plenamente: asistir a la ruta teatralizada “Bécquer y el barrio de San Lorenzo” y conocer -un poco mejor- ese barrio en el que todavía me pierdo por sus calles, si no echo mano del GPS.

Llegué con tiempo suficiente, pues estaba citado a las 21 horas, en la plaza de San Lorenzo, mientras dos “lipasanes” (empleados de la empresa sevillana de limpieza) estaban adecentándola, regándola con largueza, mientras algunos transeúntes íbamos huyendo de las salpicaduras del agua de sus mangueras.

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Don Juan Tenorio, y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

La tercera parada se produjo en la plaza de doña Elvira, de resonancias flamencas, pues algunas canciones en azulejo así lo delatan. Es uno de las muchos espacios creados exprofeso para la exposición de 1929, puesto que aquí vivieron en un tiempo los judíos; y, al serles confiscadas sus casas y bienes, cuando se marcharon obligados en 1492, cayeron en manos de los cristianos sevillanos, más bien pobres, porque los ricos no querían mancharse con ese baldón. Y mucho más tarde tiraron sus edificios e hicieron el barrio hollywoodiense actual para que las fortunas ricas viniesen a la exposición del 1929 e invirtiesen en Sevilla su dinero. Gran diferencia tuvo este evento con la Expo del 1992, que fue hecha para que la visitase todo el que quisiere y pudiese, fuese o no rico, de todo el orbe mundial.

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