Apuntes sobre los pies en la vida y en el arte

                                                                     

                                                                           A la vejez, cascabeles en los pies

(En homenaje a mis pies, que han resistido 125 kms del camino de Santiago, aunque habíamos planeado caminar 250).

Los pies humanos evolucionaron para ser el único apoyo de un animal que se levantó del suelo (Homo erectus) y dejó las manos libres. El humano es el único mamífero que constantemente camina apoyando en el suelo solamente los pies. Los simios no son bipedálicos, aunque a veces un gorila enfadado pueda, erecto, dar unos pasos, mientras se golpea el pecho con los puños. También los osos, plantígrados como los simios y los humanos, pueden dar unos pasos en posición erecta, pero son fundamentalmente cuadrúpedos.

Figura 1. Pie derecho de un chimpancé y el de un humano

La figura 1 muestra un pie de un chimpancé y uno humano. El del simio tiene los dedos más largos y prensiles; el dedo gordo (hallux) es oponible (como el pulgar en las manos simias y humanas). Unos pies así le son muy útiles para trepar, agarrarse y moverse por las ramas de los árboles. Un chimpancé no tiene que viajar mucho para procurarse el sustento diario que obtiene en la selva sin tener que desplazarse más de un kilómetro. En la tierra, los pies de un chimpancé no son demasiado buenos para andar; los dedos tan largos y un hallux en el lado medial de ambos pies no le facilitan los pasos. Realmente, “camina” apoyándose en los pies y en los nudillos de las manos, una marcha de gran gasto energético. Se estima que un chimpancé moviéndose en el suelo gasta un 30% más de energía que un cuadrúpedo, por ejemplo, un perro de igual peso y, desde luego, gasta más del doble de energía que un humano bipedálico; el bipedalismo, nuestra forma de andar, es el modo de moverse con menor gasto energético entre todos los animales terrestres (las aves son un caso aparte).

Tal ahorro de energía le fue útil y necesario al humano porque, en una sabana africana sin apenas árboles, nuestros ancestros encontraban su sustento diario en un área no menor de 10 kms a su alrededor. Para comer, necesitaban caminar más en la sabana que un chimpancé en la selva. En la sabana, el pie sufrió transformaciones profundas: pérdida de oponibilidad del dedo gordo y su alineamiento longitudinal con los demás dedos que se fueron acortando. Unos dedos más cortos y, principalmente, un hallux alineado son esenciales para correr rápido y para la estabilidad del corredor.

Figura 2. Esqueleto de un gorila comparado con un humano, mucho más grácil. Las extremidades inferiores del simio son más cortas y arqueadas, con lo que no se guarda la rectilinearidad del avance del miembro inferior a cada paso.

Sin duda, este proceso fue precedido o estuvo asociado con la rectificación de las extremidades inferiores (Figura 2). En los simios, la disposición arqueada de los huesos de los miembros inferiores produce al andar un bamboleo de la pelvis que supone un gasto extra e inútil de energía.

El arco. Arcos del pie

En arquitectura, el arco es un elemento muy común porque permite dirigir las fuerzas de la gravedad hacia elementos seleccionados (estribos), abrir oquedades en los muros y ahorrar material de construcción. Es muy antiguo y fue usado por los babilonios (v.g., Nabuconodosor, siglo VI a.C.; Puerta de Ishtar, Pergamon Museum, Berlín). Parece que los griegos no usaron los arcos, pero sí los romanos en multitud de ejemplos que aún perviven.

En su evolución, el pie humano también desarrolló una serie de arcos que permitían dirigir los vectores de la fuerza gravitatoria hacia los puntos más fuertes y adecuados para soportar el peso del cuerpo. En la Figura 3 he señalado tres de los seis arcos del pie. El mayor, longitudinal, en rojo, es el que deriva la mayor parte de la fuerza, el peso del cuerpo, hacia atrás, el talón, y hacia adelante, donde el vector es descompuesto por el arco transverso anterior (en azul), dirigiendo la fuerza hacia las epífisis (extremos) distales de los metatarsianos I y V. Estos tres puntos: el talón y los extremos de los dos metatarsianos indicados, son los que reciben la mayor parte del peso en una pisada correcta.

Figura 3. Pido disculpas por la calidad de la figura que he tenido que dibujarla yo, porque la mayoría de las figuras anatómicas en Internet están bajo licencia y no quiero buscarle problemas a nuestra web.

El colapso del arco longitudinal (en rojo) origina el pie plano. El colapso del arco transverso anterior (azul) hace que la fuerza recibida en la parte anterior del pie no se derive hacia los lados. Los que padecen este colapso acaban desarrollando un gran callo en la parte central y anterior del pie, que les amargará la vida.

Figura 4. Se muestra la distribución de fuerzas en el pie, su derivación por los dos arcos mencionados y los tres puntos de apoyo, A, B y C, del peso del cuerpo en la planta del pie.

Tradicionalmente, los pies se han clasificado en varios tipos. Los dos principales han estado definidos por el arte pictórico y escultórico. El pie egipcio es el que aparece en el arte del antiguo Egipto: el dedo más largo es el hallux (el gordo) y la longitud de los dedos se va acortando hasta llegar al V. Por el contrario, el pie griego se caracteriza por presentar el dedo II como el más largo. Hay muchos ejemplos de ello. En el renacimiento italiano los escultores, todos, esculpían pies griegos, debido a esa manía que tenían de copiar lo antiguo. Como ejemplo, muestro el pie izquierdo del David de Miguel Ángel (Figura 5)

Figura 5. Pie izquierdo del David de Miguel Ángel, donde se aprecia que el dedo II es el más largo; es un pie griego.

Lo que los escultores griegos o italianos probablemente desconocían es que el pie griego se origina por un alargamiento anormal del segundo metatarsiano (que ocasiona el adelantamiento del segundo dedo), lo que destruye el arco transverso anterior del pie y puede producir molestias severas al andar. A algunos de los que padecimos un pie griego nos tuvieron que acortar quirúrgicamente el segundo metatarsiano para reconstruirnos el arco anterior transverso. En resumen, el pie griego puede ser más bonito en una escultura, pero puede ser una desgracia para quien lo tiene.

Los ‘quesos’ de San Juan de la Cruz

En algunos lugares he visto estatuas estatuas representando humanos con la cabeza muy grande y las piernas y pies demasiado pequeños. La razón es que al escultor se le había encargado una estatua que sería colocada a cierta altura y este, por mor de la perspectiva, esculpía la cabeza más grande por estar más alejada del observador. Luego resultaba que la estatua acabó colocándose más bajo y, como resultado, esta se veía desproporcionada, con la cabeza y parte superior del tronco demasiado grandes.

Voy a recordaros algo que algunos de vosotros quizá tengáis aún en la memoria. Copio:

«Como fiestas las anuncia la revista ‘Vbeda’, por la que sabemos que aquel 24 de noviembre fue un día «otoñal matizado de nubes y, a ratos, de añorante llovizna. Lució el sol preciso, también»

No fue así; falso lo de “añorante llovizna” y más falso aún que “lució el sol preciso” (no sé si quería decir precioso). El 24 de noviembre de 1959 fue un día de perros, el típico día ubetense pre-invernal de los ’50 y ’60, frío, húmedo y de espesas nieblas que subían desde el Guadalquivir y envolvían toda la ciudad. Era entonces, luego le cambiarían el día, la festividad de San Juan de la Cruz, cuya estatua se inauguraba solemnemente en el centro de la bella plaza del Mercado (o del Generalísimo, que no sé bien cómo se llamaba entonces esa plaza de la iglesia románico-gótica de San Pablo) o del 1 de Mayo, como creo se llama ahora.

Copio de https://www.ideal.es/jaen/20091212/ubeda-baeza/llama-amor-viva-piedra-20091212.html:

«La ciudad se volcó, y por la mañana se celebró en la iglesia conventual de San Miguel una misa de medio Pontifical, oficiada por el obispo Félix Romero Mengíbar y en la que se interpretó la Pontifical de Perossi. Desde allí, las autoridades se trasladaron a un abarrotado Paseo del Mercado -entonces Plaza del Generalísimo-, donde hubo campanas y palomas, discursos y plegarias, aplausos y lágrimas, cánticos y salmos, incienso y pólvora».

Parece que entonces estaba de moda la misa medio pontifical de Lorenzo Perossi, un religioso y músico italiano fallecido tres años antes; creo que estaba la tal misa en el repertorio de nuestro coro dirigido por don Isaac; Perossi era muy famoso entonces.

Y sí, la ciudad “se volcó”, la plaza llena a rebosar, con nosotros, los 500 alumnos de la SAFA haciendo bulto en un acto ubetense, como se nos requería con frecuencia, apretujados, ateridos de frío y sin ningún interés por los discursos que oíamos. Yo tenía doce años recién cumplidos; tenía sueño, hambre y frío, esa tríada maldita que me acompañó parte de mi vida.

 

Figura 6. Estatua de san Juan de la Cruz por Palma Burgos en la plaza del 1 de Mayo en Úbeda. 

Por fin, tras unas palabras del escultor, Palma Burgos, la estatua de mármol blanco fue desvelada y recibida con un aplauso ‘ostentóreo’ (Figura 6). Hoy día, la estatua de san Juan de la Cruz sigue sin gustarme (le he visto cosas mejores al escultor), pero cuando la vimos por primera vez hace sesenta y dos años nos quedamos sorprendidos y absortos por los pies de san Juan. Es posible que al ver la estatua desde abajo y, además, por ser nosotros pequeñitos y estar cerca, viéramos unos pies enormes (y la cabeza pequeña), pero la realidad fue que, cuando nos fuimos de allí, de vuelta al colegio, la conversación más recurrente que manteníamos era alrededor de los ‘quesos’ de san Juan y algunos hacían chistes y chirigotas más o menos  irreverentes sobre ellos. Era martes y no recuerdo si tuvimos fiesta y si nuestra «devoción» fue premiada con un almuerzo especial. Quizá no.

Cuando me paso por Úbeda y visito la plaza sigo pensando que los pies de san Juan son un desacierto de Palma Burgos, quien los podía haber omitido y dejado que la túnica bajara hasta las llamas del infierno sobre el que se eleva el santo.

Es posible que me lea algún ubetense buen conocedor o admirador de Palma Burgos; me gustaría que saliera a darnos su opinión y a corregirme en lo necesario y oportuno. Gracias por leerme.

 

 

 

Un comentario en “Apuntes sobre los pies en la vida y en el arte”

  1. Muy interesante artículo, Alfredo. Gracias por toda la información que nos das.
    No había yo caído en el detalle de los pies de San Juan de la Cruz. En mi próxima visita me fijaré en ellos.
    Palma Burgos es el autor del frontal de la iglesia de la SAFA y no parece haber cometido ese error en los pies de las figuras que representa. Sí hace un truco escénico muy conocido: inclina la cabeza de Cristo para que quien lo observe desde abajo piense que lo mira a él. También tiene un ligero sobredimensionamiento de la cabeza, pues está pensada para ser vista desde 15 metros más abajo.
    Por cierto, hurgando en mis fotos, me he dado cuenta de que le falta un trozo del parietal derecho, como si le hubiese caido algún objeto y le arrancase una lasca.

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