¿Dos futuros “capillitas”?

Esto era una vez una ciudad andaluza, acogedora y maravillosa, que se conocía en el mundo entero. Allí vivían dos niños -cual dos soles-, en la zona de la Encarnación, bajo el parasol de las Setas, que se iluminaba más que las estrellas del firmamento todas las noches para hacerles lumínica competencia. Respondían a los nombres de Abel y Saúl; y eran tan guapos y simpáticos.

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Apuntes sobre los pies en la vida y en el arte

                                                                     

                                                                           A la vejez, cascabeles en los pies

(En homenaje a mis pies, que han resistido 125 kms del camino de Santiago, aunque habíamos planeado caminar 250).

Los pies humanos evolucionaron para ser el único apoyo de un animal que se levantó del suelo (Homo erectus) y dejó las manos libres. El humano es el único mamífero que constantemente camina apoyando en el suelo solamente los pies. Los simios no son bipedálicos, aunque a veces un gorila enfadado pueda, erecto, dar unos pasos, mientras se golpea el pecho con los puños. También los osos, plantígrados como los simios y los humanos, pueden dar unos pasos en posición erecta, pero son fundamentalmente cuadrúpedos.

Figura 1. Pie derecho de un chimpancé y el de un humano

La figura 1 muestra un pie de un chimpancé y uno humano. El del simio tiene los dedos más largos y prensiles; el dedo gordo (hallux) es oponible (como el pulgar en las manos simias y humanas). Unos pies así le son muy útiles para trepar, agarrarse y moverse por las ramas de los árboles. Un chimpancé no tiene que viajar mucho para procurarse el sustento diario que obtiene en la selva sin tener que desplazarse más de un kilómetro. En la tierra, los pies de un chimpancé no son demasiado buenos para andar; los dedos tan largos y un hallux en el lado medial de ambos pies no le facilitan los pasos. Realmente, “camina” apoyándose en los pies y en los nudillos de las manos, una marcha de gran gasto energético. Se estima que un chimpancé moviéndose en el suelo gasta un 30% más de energía que un cuadrúpedo, por ejemplo, un perro de igual peso y, desde luego, gasta más del doble de energía que un humano bipedálico; el bipedalismo, nuestra forma de andar, es el modo de moverse con menor gasto energético entre todos los animales terrestres (las aves son un caso aparte).

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