Dos mujeres

El primer día del tercer trimestre del curso 1964-65, después de las vacaciones de Semana Santa, el padre Navarrete entró en el estudio preguntando quienes se atrevieron el día de regreso a ir al cine Ideal Cinema para ver “Dos mujeres”, protagonizada por Sofía Loren. La acompañaban en el reparto Jean-Paul Belmondo, Raf Vallone, Eleonora Brown…
Imaginaba nuestro prefecto director a la exuberante señora Loren provocando pecados mortales contra el sexto mandamiento en sus futuros maestros. Me levanté junto a un puñado de acongojados compañeros. Solo uno, cuyo nombre no desvelo por respeto a la privacidad, quedó sentado.
-Vete al dormitorio y haz la maleta. Quedas expulsado por hipócrita –sentenció con crueldad el cura dirigiéndose al compañero que intentaba esconder su delito.
Y así fue. La crueldad y la falta de misericordia hicieron presencia de forma irreversible. No se andaba con chiquitas Navarrete. Le gustaba tomar decisiones importantes y sentir la autoridad que inspiraba su presencia.
A quienes nos pusimos en pie por miedo a ser descubiertos, nos castigó a copiar encíclicas papales los domingos en el tiempo de paseo. La misión de dictar las páginas que él mismo señalaba cada semana, me correspondió a mí.
Suponer que Sofía Loren nos incitaría al pecado protagonizando una extraordinaria obra italiana dirigida en 1960 por Vittorio De Sica era impura imaginación de quienes vivían envueltos en sotanas. La película, lejos de los tópicos sexuales de la época, estaba calificada 4 ó 3R (no recuerdo bien), es decir, para mayores con reparos, no por el exhibicionismo de la italiana, que consiguió el primer Óscar a un actor o actriz de habla no inglesa, sino por la violación que sufrió con su hija en una iglesia. Pero Navarrete pensó que el pecado estaba en Sofía Loren y se fue a la puerta del Ideal Cinema a observar la salida para descubrir a los atrevidos y pecaminosos alumnos. Imposible escapar a su intimidatoria mirada.

 


En el otro cine de Úbeda, El Principal, otros compañeros disfrutaron, a la misma hora, de la inolvidable “Esplendor en la hierba”, de Elia Kazan,1961. A pesar de estar calificada también para mayores con reparos, quienes eligieron tan interesante y seductora cinta quedaron libres de culpa.
Pasado el tiempo se convirtió en una de mis películas favoritas. El encanto de Natalie Wood, la rebeldía de Warren Beatty, el retrato de una sociedad decadente en la depresión de 1929 y, sobre todo, la carga poética de la historia de amor de los protagonistas adornada con el poema de William Wordsworth, uno de los más importantes poetas románticos ingleses, leído por Natalie Wood en clase de literatura:
   «Aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante hoy esté por siempre oculto a mis miradas.
   Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que en mi juventud me deslumbraba.
   Aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo …»

Olvidado el incidente de las películas prohibidas y el duro encierro dominical durante tres meses, al año siguiente, el 17 de enero de 1966 escribí en mi diario: “Las noticias de la prensa y televisión me han inquietado por el grave accidente del choque en unas maniobras de reabastecimiento de dos aviones estadounidenses en la costa de Almería. Uno de ellos transportaba cuatro bombas nucleares, que han caído al mar en la playa de Palomares. De once tripulantes han muerto siete. En el Colegio a penas se habla de esto. Estamos en el último curso y pronto empezaremos las prácticas escolares. Todos los compañeros estamos muy unidos. Algunos hacemos planes para el viaje fin de carrera a Sevilla y Cádiz”.
El 7 de marzo volví a escribir: “El ministro Fraga Iribarne ha salido en el telediario en calzones de baño entrando en el mar donde cayeron las bombas. Quería demostrar que no había riesgo de contaminación. Yo creo que todo es un teatro”.


Relativamente ajenos a este serio percance, mis compañeros y yo empezamos las prácticas con ilusión. Nos sentíamos maestros y teníamos grandes deseos de ejercer nuestra profesión. Entré en la tuna tocando las maracas, como Antonio Machín, que pronto sustituí por mi guitarra modelo Elvis Presley. Me gustaba salir de ronda por la noche a cantar bajo balcones las insulsas canciones típicas de las tunas a las guapas chicas ubetenses.
Muchos años después, desaparecido el dictador y su ministro fundador de Alianza Popular, actual PP, supe que el baño famoso de Fraga había sido el gran bulo mundial. Aquellas aguas cristalinas, que captaron las cámaras del NODO, estaban fuera de la influencia contaminante de las bombas atómicas.
Llegó el sofocante el verano, el molesto solano y el frescor de la noche de Mágina. Octubre no tardó en regalarnos el deseado último curso con una retahíla de asignaturas: Sociología, Sicología Pedagógica, Historia de la Pedagogía, Metodología, Ciencias, Matemáticas, Dibujo Escolar, Agricultura, Formación del Espíritu Nacional, Educación Física y Prácticas Escolares. Desaparecían el Dogma (Teología) y la Literatura.
Las Prácticas Escolares las hicimos en el propio Colegio. Me adjudicaron 5º curso con el bueno de don Francisco Corpas, que me trató como a un hijo. Era feliz preparando mis explicaciones a los niños. Asombrado de mi pericia, preparé un juego dramático-musical, que representamos en junio con motivo de unas olimpiadas y festival en el que participaban los principales colegios de jesuitas de Andalucía: San Estanislao, de Málaga; Portacelli, de Sevilla; San Luis Gonzaga, de El Puerto de Santa María; y la SAFA, de Úbeda. Cada uno presentaba una actuación musical. Nuestro Colegio, su “Conjunto Safa”, en el que yo era el guitarra bajo. Como colofón, por ser los anfitriones, propuse a mi maestro preparar un espectáculo con doce alumnos seleccionados por sus habilidades interpretativas y de entonación, imitando una chirigota de Cádiz llamada Los Beatles de Cádiz. Nos compraron pelucas, instrumentos de juguete y vestuario en una tienda de disfraces. Mis niños dieron la nota. Se divirtieron y divirtieron al respetable, que no dejó de reír durante su actuación.
Entre los espectadores se encontraba el rector del colegio San Estanislao de Málaga, entusiasta de este tipo de actividades complementarias a la formación académica. Se acercó para felicitarme por la inédita experiencia y nos invitó a repetirla en la fiesta fin de curso de su colegio. Él mismo convenció al padre Navarrete, asegurándole asumir los costes del microbús y alojamiento con pensión completa en el mismo colegio San Estanislao en El Palo. Cómo se divirtieron los niños en la semana de turismo en la “Ciudad del paraíso”, como llamaba Vicente Alexandre a Málaga. El exquisito “Quitapenas oro”, que degusté por primera vez, invitado por don Francisco Corpas, me transportó al mundo de las ensoñaciones la primera noche después de dejar a los niños durmiendo, vigilados por un hermano jesuita.
El éxito de la representación fue absoluto. La fiesta se celebró en el campo de fútbol ocupado por multitud de sillas frente a un amplio escenario con extraordinaria megafonía. Aunque tenía preparada la presentación en el micrófono, no me dieron la oportunidad. La hizo el rector.
El juego dramático había entrado de lleno en mi vida. En el futuro, cada obra que preparase con mis alumnos sería una oportunidad para ayudarles a ser más seguros, a trabajar en equipo, a ejercitar la memoria y a mejorar la expresión oral. También yo me beneficiaría ensayando con ellos y presentando al público cada representación. Nunca olvidé que el teatro me había liberado de un trauma en mi adolescencia. El teatro y don Lisardo, mi querido profesor de Psicología.

9 opiniones en “Dos mujeres”

  1. Gracias, Diego, por tu bellísimo artículo. Me hubiera gustado tener la vocación de maestro que tú y otros compañeros teníais. Aún hoy, os envidio.
    Hay algo en las fechas que no me cuadra. Yo fui uno de los que fueron a ver a Natalie Wood en el Principal y me libré así del control de Navarrete. Por lo demás, me acuerdo de lo que cuentas como si fuera ayer. Entró el prefecto al día siguiente en el estudio con la intemperancia que acostumbraba y, con la violencia verbal que gozaba practicar, preguntó quiénes habían ido al Ideal a ver Dos Mujeres. Os levantásteis unos cuantos y uno que no se levantó (no recuerdo su nombre; recuerdo que era un chico rubio, quizá de Jaén capital) fue inmediatamente increpado por el prefecto y ordenado ir a su dormitorio, hacer la maleta e irse. No fue la única vez que oí a Navarrete Loriguillo lanzar esa orden de expulsión («vete al dormitorio, haz la maleta y vete»).
    Había que ser muy retorcido, obsesionado y desquiciado para apostarse en un balcón enfrente de la entrada al cine para ver quién iba a ver una película de Sophia Loren, que como tu dices, tenía que ser pecaminosa por necesidad. Ese hombre era así, no respetaba nada, ni siquiera el hecho de poner a un menor de edad de patitas en la calle. No comprendo cómo los jesuitas tuvieron a ese hombre tanto tiempo en un puesto de responsabilidad.
    Diego, el problema que veo es que yo me despedí de la SAFA en junio del 64; por lo tanto, creo que los hechos que describes sobre la peli se Sophia Loren tuvieron que suceder antes, quizá en la primavera de ese año. Un abrazo.
    PS. Me ha gustado tu recuerdo de don Francisco Ocaña Corpas, un buen hombre de quien guardo un buen recuerdo. Fu nuestro profesor de dibujo en tercero. Hace años, Mariano (Varcárcel González) citó a don Francisco (creo que con motivo de una alteración ocular que ambos compartían) y me gustaría que escribiera algo sobre don Francisco. Al final solo nos quedará el recuerdo de quienes nos amaron.

  2. Gracias, Alfredo, por tu aportación a la fecha de las películas que provocaron el escándalo. Efectivamente fue en primavera de 1964. Me alegro de que te haya gustado volver a recordar nuestro pasado. Aún tenemos memoria y aquellas vivencias las guardo como un tesoro.

  3. Acabo de leer tu artículo titulado “Dos Mujeres” y me he sentido totalmente identificado con el mismo porque junto a otros dos compañeros de curso tuvimos una experiencia similar.

    En primer lugar, tengo que decir que estudié magisterio en la Safa de Úbeda, en el mismo curso que Jose Luis Rodríguez Sánchez, que tan magníficos artículos está escribiendo en ese foro.

    Recuerdo que una tarde tres compañeros de curso, a saber: Manolo Chaparro (DEP), Simón Castilla y yo mismo, decidimos ir al cine para ver una película que nos habían recomendado, que se llamaba “EL COLECCIONISTA”, del director William Wyler, que fue nominada para tres óscar y obtuvo un globo de oro.

    Al salir del cine, regresamos rápidamente al Colegio con el fin de no llegar tarde a la cena. A pesar de nuestra rapidez, cuando llegamos al centro, nos dimos cuenta que ya era tarde y para que no descubrieran nuestro “delito”, decidimos saltar una pequeña valla que había al lado de las viviendas de maestros que daba acceso directo al Colegio.

    Cual no sería nuestra sorpresa al descubrir que justo al otro lado de la valla estaba esperándonos el Padre Navarrete. Siempre pensé que este hombre debía tener algún espía o confidente que le informaba puntualmente cada vez que alguno de los alumnos del Colegio asistía al cine para ver alguna película, que según su retorcida mente, podía incitarnos a pecar contra el sexto mandamiento.

    Parece que lo estoy viendo con su larga sotana y las manos entrelazadas en su oronda barriga, mientras giraba los pulgares, el uno sobre el otro.
    – ¿De dónde venís, muchachitos? – como si no lo supiera – Me vais a dar vuestros nombres y el curso en el que estáis.

    Una vez que anotó los nombres en un cuadernillo, la sentencia fue inmediata:
    – Tenéis un cero en conducta, un mes sin paseo que sustituiréis por estudio diario y dos meses sin poder ir a visitar a vuestra familia.

    Al día siguiente, descubrimos que el castigo no había quedado ahí. El Padre Navarrete había colocado estratégicamente varios carteles por el centro en el que aparecían nuestros nombres, el delito cometido y la correspondiente sanción, supongo que para que el alumnado del Centro supiera las consecuencias de asistir a películas pecaminosas y poco recomendables, según su injusto entender.
    No me quiero imaginar que hubiera pasado si en vez de esta película, en esa época, hubiéramos tenido la posibilidad de ver “El último tango en París” o “Historia de O”.

    A final de curso, junto con las notas, recibí en casa una carta firmada por el Padre Navarrete que aún conservo, por cierto, con una expresión escrita bastante farragosa y difícil de entender, en la que se me decía que quedaba expulsado del Colegio.

    El último curso de Magisterio lo hice por libre, sin ningún problema, en la Escuela Normal de Magisterio de Jaén.

    Aprovecho para felicitar a mi compañero de curso Jose Luis Rodríguez Sánchez, por sus magníficos artículos referidos a esa época en la Safa de Úbeda. Espero que al final los recopile todos en un libro, que por supuesto estaría dispuesto a adquirir.

    Un saludo.

    1. Ciertamente en aquella época Navarrete era un personaje siniestro. Después tengo entendido que cambió, se espiritualizó y se hizo experto en técnicas de relajación. Falleció con 90 años en Málaga hace pocos meses.

    2. Me alegro verte por estas páginas, Alfonso. Ante todo, gracias por tus palabras. Y respecto a las expulsiones en 2º de Magisterio (1969) me reservo publicar algo sobre aquel atropello, tan tapado durante cincuenta años.

  4. Si, este tipo de gente , al final de su vida, se cree que cambiando su manera de ser van a ser perdonados y borrado todo su «historial delictivo» Nada más lejos de la realidad si es que existe otra vida y algún premio para los buenos.
    A mí me encargó en unas vacaciones dos botellas de vino del Puerto de Santa María con el argumento de que allí serían más baratas para invitar a los profesores en una reunión que tenía con ellos en fecha próxima. Cuando le pregunté a mi padre que cuanto tenía que cobrarle me dijo que si yo era tonto o qué ¿Tú crees que te ha encargado las botellas para que se las cobre? ¿Es que tú crees que puede haber mucha diferencia entre el precio en Úbeda y en el Puerto? Mi padre me dió dos botellas de vino de las que le habían regalado por Navidad, una de fino y otra de oloroso y se las di cuando volví al colegio.
    Ese mismo curso, cuarto de Magisterio, después de aprobarlo nos quedamos para hacer la reválida que también aprobé y a mediado de las vacaciones recibimos una ca rta del «susodicho» en la que le decía a mi padre que yo era muy bueno y bla bla bla pero que no pasaba la reválida porque mi perfil, ( era otra palabra, lo de perfil no se usaba entonces para despedir a un candidato a un puesto de trabajo) no era el adecuado para un maestro SAFA. Yo le dije a mi padre que cuánto tiempo había tenido el vino guardado, que si no estaría agrio y por eso me había expulsado.
    El problema que teníamos los expulsados es que nos encontrábamos en la calle y sin ningún estudio reconocido oficialmente. A partir de ahí tuve que examinarme de todas las asignaturas una por una, con un permiso especial porque muchas de ellas coincidían a la misma hora. El profesor de latín era un hueso, muchos chavales tuvieron que dejar los estudios por culpa de él, debido a la buena preparación que teníamos en Úbeda aprobé el latín de 3º y 4º en la misma convocatoria. El profesor durante el examen de 4º preguntó por mí y me dijo que dónde había estudiado. Por eso estoy muy agradecido a la SAFA , de otra forma no podría haber hecho los 6 cursos de bachiller ya que en esa época en el Puerto no había instituto y el que quería estudiar no tenía más remedio que pagar una academia particular e ir a Jerez o Cádiz a examinarse por libre.
    El mal recuerdo que tengo del P.Navarrete se ve borrado por el de otras muy buenas personas como D. Francisco Gallego, D. Lisardo, el Padre Mendoza. D. Juan Pasquau y pocos más, a pesar de las putadas de otros, el saldo para mí ha sido positivo.

    1. ¡Ay, Manuel Verdera! Desconocía que habías pasado por ese Vía Crucis, pese a que no me extrañe nada de lo que cuentas. Veo positivo que una persona que fue tan definitoria en nuestras vidas (Navarrete Loriguillo) esté siendo mencionada en esta nueva web (en la antigua apenas salió) y criticada de acuerdo a sus merecimientos.
      Nunca entendí ni acepté que la vida y el destino de un niño pudiera estar tan controlada por un solo hombre, a todas luces inclemente, inmaduro y no capacitado para ese cargo ¿Quién lo puso allí?
      Porque aquí a esta web venimos los que salimos adelante; los que no fuimos expulsados por Navarrete Loriguillo (yo, por muy poco, savaba buenas notas y me defendían profesores como don Lisardo, don Diego entre otros) y los que, habiendo sido expulsados, encontrásteis los medios y oportunidades para salir adelante. Me pregunto qué pasó con aquellos expulsados que no tuvieron esas oportunidades.
      No se trata de «ajustar» cuentas a destiempo, sino de sacar a la luz las luces (lógicamente) y sombras de nuestra educación. Como decíais algunos compañeros, mi balance en la SAFA es muy positivo; encontré profesores extrordinarios, compañeros entrañables que he amado toda mi vida, pero los curas… ¡ay los curas! (salvo Mendoza, Marín y algún otro). Un fuerte abrazo, Manuel Verdera.

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