Del Invierno de la Edad Media a la Primavera del Renacimiento, 1 (el Arte, 1)

Alfredo Rodríguez Tébar

Debo advertir que el título es rotundamente falso. Desde mi punto de vista, ni la Edad Media fue invernal ni el Renacimiento fue esa época dorada, con retorno incluido al clasicismo, que muchos historiadores, principalmente italianos, nos han hecho creer. Pero de este tema, del tránsito de una edad a otra, sí voy a especular.

Para esa transición, he tomado el Arte, la Ciencia y la Creencia como paradigmas, haciendo notar que los tres no tuvieron un desarrollo paralelo. Mientras que no hubo una transición abrupta y rupturista en la Ciencia, sí la hubo en el Arte y en la Creencia, que alteró el balance de poder en Europa. En Ciencia no puede haber ruptura, sino estancamiento o progreso; la ruptura indicaría que la ciencia de antes o la de después no era verdadera ciencia. El Arte, sin embargo, sí está sujeto a gustos y preferencias que pueden generar rupturas con el pasado, aunque en el caso de la arquitectura se depende en parte de posibilidades técnicas e innovaciones que pueden ser rompedoras como el caso de la cúpula de Santa Maria del Fiore de Brunelleschi en Florencia (de la que hablaré en su momento). En el terreno de las Ideas (lo que llamo Creencia), Europa sufrió un auténtico cambio revolucionario con la Reforma, un movimiento que llevaba gestándose al menos siglo y medio (creo que venía por lo menos del s. XII; lo veremos).

  1. La transición del Arte

En esta entrega comienzo tratando primero el tema del Arte y de este sólo consideraré la Arquitectura que es de la que conozco algo y donde la transición entre las dos edades es más evidente y abierta. De otras artes como la música me cuesta entender las diferencias, que las hay, entre la música medieval y la renacentista; en pintura no sé dónde acaba la Edad Media de Cimabue o el Duccio y dónde empieza el Renacimiento de Massacio, Massolino u otros artistas del cuatrochento. En Arquitectura, por el contrario, un profano sí puede ver la diferencia conceptual con solo entrar en una catedral de una u otra época.

La Edad Media como época oscura

Es una mentira italiana que aún perdura. Para una serie de italianos, la época medieval supuso un tiempo baldío desde todos los puntos vista. Afortunadamente, el Renacimiento (italiano) vino a rescatar Europa de un largo letargo.

El tránsito de la Edad Media a la Moderna ha consumido océanos de tinta. Muchos historiadores escribieron sobre ello y yo no puedo añadir nada nuevo aparte de exponer las impresiones que el tema me ha suscitado a lo largo del tiempo.

Me anima pensar que no ser experto en Historia tiene inconvenientes, pero también  ventajas; el inconveniente mayor es saber poco; pero entre las ventajas está la ingenuidad que no deja encastillarse en ideas preconcebidas ni pertenecer a escuela o clan que dicte el ideal de belleza y se constituya en guardián de las esencias. En la historia de la Arquitectura he visto ejemplos ad hoc que pueden ilustrar la idea anterior. En el primero, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto pudieron construir Hagia (Aya) Sofia y su cúpula porque no eran arquitectos. Eran físicos y matemáticos y conocían bien los vectores de fuerzas que permitían la estabilidad de tan enorme edificio, pero no entrevieron los grandiosos desafíos que tuvieron que vencer. De haber sido arquitectos, por pura auto-inhibición, no se habrían atrevido a construir esa descomunal obra. Cualquier arquitecto de la época no habría podido satisfacer los deseos de Justiniano y habría rechazado el proyecto por imposible.

Hay otro caso, el de Andrés de Vandelvira. Este arquitecto nació en Alcaraz, ahora en la provincia de Albacete, y su vida transcurrió prácticamente a lo largo de las 43 leguas que hay entre su ciudad de nacimiento y la ciudad de Jaén, con largas estancias en Villacarrillo, Úbeda y Baeza. Siendo muy  joven participó como cantero en las obras del monasterio de Uclés (sede de la Orden de Santiago) donde debió conocer a Enrique Egas, uno de los mejores arquitectos de este país en los tiempos de la transición entre el plateresco (un gótico tardío) y el renacimiento. Aunque Vandelvira era un hombre muy leído, estuvo prácticamente solo y pienso que la originalidad de su obra reside, en parte, en la escasa influencia que recibió de otros.

El Gótico

Fue un nuevo concepto de construir, en el cual el peso del edificio se transmite a lo largo de arcos apuntados, nervaduras (bóvedas de crucería), columnas y arbotantes. No había necesidad de muros o paredes maestras por lo que los vanos quedaron libres para llenarlos de vidrieras que permiten el paso de la luz a raudales.

[Algo así sucedió en la construcción civil desde siglo XIX hasta hoy; con el redescubrimiento del hormigón se pudieron construir edificios muy altos, rascacielos, cuyo peso era soportado por vigas y columnas y no por muros o paredes maestras].

Estos elementos constructivos, por ejemplo, el arco apuntado, se habían usado en otras edificaciones de la antigüedad pero la combinación de ellos fue una creación francesa que se extendió por la Cristiandad occidental. Por su origen se llamó opus francigenum y suponía un concepto totalmente nuevo, no solo de construir, sino también de inducir un sentimiento de verticalidad ascendente que, a algunos, les puede llevar hasta Dios.

Como esto no es un texto de arte, me dejaré llevar por mis impresiones; cuando visito una catedral gótica de su periodo clásico que no haya sido demasiado vapuleada por “restauraciones románticas” del s. XIX (a lo Viollet-le-Duc), me apropio de lo que dijo Picasso después de visitar Altamira: «Después del Gótico, toda la Arquitectura es pura decadencia» (Después de Altamira, todo el Arte es decadencia, fue lo que dijo Picasso). Esa impresión de espiritualidad voladora me la han producido catedrales como la de Chartres, León, Wells o Salisbury (Figura 1). No otras góticas reformadas como Notre Dame de París, Bruselas o Toledo.

Figura 1. Catedral de Salisbury, SW Inglaterra

Leí de joven, en los ’60, El Misterio de las Catedrales del enigmático Fulcanelli y me pareció fascinante. Hoy no perdería ni un minuto en leer un párrafo de ese libro. Para un humano de hoy, una catedral gótica no tiene misterios que puedan intrigar a gente ávida de salpimentar sus vidas. Una catedral gótica es un espacio de luz en el que se ha recogido una parte del cielo con el Sol y las estrellas incluidas. No necesita adornos, aunque los tiene. Parece que los gremios de canteros ejercían su libertad creativa incluso con relieves claramente pornográficos, más propios del Románico.

Después de pensar un poco llegué a la conclusión que lo que define a Europa es el Arte Gótico y el queso. Podría definirla también la cerveza, pero esta ya la fabricaban los egipcios y otras culturas antiguas. El queso-queso es distintivo de Europa; no me refiero a las cuajadas, quarks y requesones que se pueden encontrar en los Balcanes, incluso en Grecia y Turquía.

El Gótico fue una de las varias expresiones de alegría y confianza que los hombres experimentaron durante la larguísima Edad Media. En sus mil años de duración experimentó varios “renacimientos”; por ejemplo el de Teodorico en Ravena con los filósofos Boecio y Casiodoro; el renacimiento carolingio (s. IX) con la Escuela Palatina de Aquisgrán, de Alcuino de York, con su intento, más que de recuperar, de recrear el Imperio Romano.

El siguiente “renacimiento” medieval vino a partir del año 900 y duró cuatro siglos, justamente coincidió con el llamado Óptimo Climático Medieval

Figura 2. Representa las temperaturas a lo largo de los últimos 2.000 años. Puede verse que los periodos más cálidos coinciden con las épocas de mayor progreso, prosperidad  y bienestar: Imperio Romano (0-300 años), Óptimo Climático Medieval (850-1.300) y 1.900-2020 (He visto otras gráficas en las que las temperaturas del Óptimo Climático eran superiores a las actuales).

Durante ese Óptimo Climático (hay quien le llama Anomalía Climática) las cosechas fueron más abundantes, los mares deshelados permitieron una mejor comunicación (se pobló Islandia y Groenlandia) y Europa se sumergió en el optimismo. La riqueza generada permitió el cultivo de la Filosofía y las Ciencias, la fundación de la Universidades y la construcción de grandes iglesias y catedrales. Sin riqueza no hay progreso; los filósofos de la Academia de Atenas eran todos ricos e hijos de papá que se pasaban el día filosofando y sobando a sus efebos sin preocuparse de las cosas materiales.

El Arte Románico precedió al Gótico. El Románico se llamó así porque estaba basado en el arte romano, con sus arcos de medio punto y sus bóvedas de medio cañón, como nos explicaba don Juan Pasquau. El peso del edificio se transmitía a gruesos muros que para no abrirse necesitaban unos contrafuertes exteriores. Por lo tanto, el Renacimiento no vino a descubrirnos nada nuevo. No había que desandar tanto camino hasta la Antigüedad cuando el Románico estaba mucho más cerca. Incluso el Románico adornó con cúpulas algunas catedrales como la de Zamora (Figura 3), la vieja de Salamanca (conocida como Torre del Gallo) o la Torre del Melón de la vieja de Plasencia, así como la colegiata de Toro.

Figura 3. Cúpula de la catedral de Zamora. Lo llaman cimborrio, que consiste en un tambor, a veces de dos pequeñas arcadas superpuestas, apoyadas sobre pechinas, que soportan una cúpula gallonada. Tienen una clara influencia bizantina.

El románico fue el primer estilo arquitectónico que compartió Europa. Es posible que surgiera de forma espontánea en diversos países, pese a que es España el lugar donde apareció el pre-románico. El arte asturiano y ciertos edificios del s. X, como San Pere de Roda en Gerona son claramente pre-románicos.

El arte gótico, como decía antes, partía de un concepto diferente y correspondía a una sociedad que avanzaba hasta que, en torno al año 1.300, coincidiendo con el año jubilar de Bonifacio VIII, el clima empezó a enfriarse, los campos dejaron de producir y las hambrunas castigaron al pueblo. Para mayor desolación, la peste bubónica hizo su aparición unas décadas más tarde, que ocasionó la muerte de un tercio de la población europea. Supuso lo que se llamó Pequeña Era Glacial que no acabó hasta 1900. Desde el año 1300 la población de Europa descendió y hasta el 1.700, cuatro siglos más tarde, no se recuperaron las cifras de población.

Pero volvamos al arte. En España tenemos muchas construcciones de los s. XI, XII y XIII, pero hay muy pocas del s. XIV, debido al empobrecimiento generalizado por el cambio climático y la pandemia. Hasta donde puedo recordar, en España solo encuentro las catedrales góticas de Palencia y de Gerona como propias de s. XIV, cuando se comenzaron a construir. Otro gran edificio de este siglo es San Isidoro del Campo, un bello monasterio sito en Santiponce, cerca de Sevilla, con claro componente mudéjar. Más adelante, ya en el s. XV, el gótico derivó en estilos que variaban de país a país; por ejemplo, el gótico flamígero, el isabelino/ plateresco en España, el manuelino en Portugal (Figura 4).

Iglesia de la Magdalena de estilo Manuelino. Olivenza

Figura 4. Interior de la iglesia de la Magdalena en Olivenza, estilo gótico manuelino. Olivenza fue portuguesa hasta la Guerra de las Naranjas, 1801.

El gótico Italiano

En Italia se desconfió del opus francigenum y no se aceptó en todos sus términos y conceptos. Eso sí, se construyeron catedrales con arcos ojivales, pero sin la ligereza del gótico francés y europeo. Se copiaron aspectos formales, pero nunca les convenció, o no supieron asimilar, la filosofía del gótico. No se llenaron los vanos de vidrieras, sino de gruesos muros que eran los que en realidad soportaban el peso del edificio. Es curioso que albañiles se dice en italiano muratori, hacedores de muros, necesarios para poder pintar los frescos que adornan las iglesias italianas. Tal es el caso de la basílica de la Santa Croce en Florencia, adornada con algunos frescos del mismísimo Giotto.

En la basílica de la Santa Croce fue donde Stendhal sufrió su famoso síndrome, el síndrome de Stendhal, naturalmente, en 1817. Parece que el indigerible atracón de tanta belleza produjo en el escritor taquicardia, palpitaciones, vértigo y algunas cosas más. Desde entonces, la psiquiatría italiana ha tratado de validar este síndrome que, según dicen, es experimentado por un apreciable número de turistas que visitan la Galleria degli Uffizi y otros monumentos florentinos (sobre todo en verano con 40 ºC y un 100% de humedad procedente del Arno).

Voy a ver si encuentro alguna psiquiatra italiana que diagnostique, describa y valide el síndrome de Rodríguez, que fue el que yo experimenté cuando entré en la Santa Croce la primera vez, caracterizado por una sensación de pesadez extrema, de hastío y de pérdida de la fe en los seres humanos ante la visión de una construcción rudimentaria, casi rupestre, llena de colorines en paredes y techos, casi pensado en origen para los turistas norteamericanos y nipones que visitarían el lugar siete siglos después.

Lo dejo aquí; en la próxima entrega continuaré describiendo el gótico italiano y daré cumplido repaso a la catedrales “góticas” de Siena y Florencia, donde me detendré en la cúpula que Brunelleschi le encasquetó a la catedral, con resultado lleno de descomposición y desarmonía. Mencionaré el odio que Giorgio Vasari profesaba al “arte bárbaro”, como gustaba llamar al opus francigenum y, finalmente, describiré cómo un arte tan tosco, pesado y antiguo como el renacentista se impuso y tomó carta de naturaleza en toda Europa. Una pena.

(continuará)

 

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