Luz, más Luz

Alfredo Rodríguez Tébar

[Licht, mehr Licht, dicen que fueron las últimas palabras de J.W. v. Goethe en su lecho de muerte]

3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. / 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas (del Génesis).

En mi anterior escrito, La Percepción de la Realidad, 2, del 1 de abril pasado, prometí una historia mínima de la luz y percepción visual, que ahora trataré de hilvanar.

La luz y la visión han sido objeto de reflexión y estudio desde el inicio del pensamiento humano. Muchos intuyeron que la luz fue lo primero que apareció al principio de los tiempos. Así lo hizo alguien a quien vengo citando con frecuencia, Robert Grosseteste (Figura 1), el profesor de Oxford, que llegó a ser obispo de Lincoln.  Escribió: «La luz física es la mejor, la más deleitable, la más hermosa de todas las entidades que existen. La luz es lo que constituye la perfección y la belleza de todas las formas físicas«; en su opúsculo De Luce explica cómo la luz fue un instrumento de Dios para crear el Universo, producto de una gran explosión que llenó todo el espacio concebible (una versión medieval del Big Bang). Leyendo a Grosseteste o a Hildegard von Bingen se da uno cuenta de que los tiempos medievales no fueron tan oscuros como nos dijeron, y que el Renacimiento que vino después despreció el medievo, mientras sobrevaloró el retorno a “la antigüedad clásica”, que dudo mereciera la pena en toda su dimensión.

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