El futuro que tendréis

Alfredo Rodríguez Tébar

[El título está dirigido a aquellos de 50 o menos años, los que tenéis por delante un futuro de treinta o más años]

Hace 40 años

En 1980 leí, como suscriptor que era, un número monográfico de la revista Triunfo dedicado al futuro (Figura 1; se puede encontrar en http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXXV&num=9-10&imagen=1&fecha=1981-07-01)

Figura 1

En estos días hallé la revista entre mis papeles viejos; la hojeé para ver en qué habían acertado, pero no recordaba que no se hicieron predicciones concretas. La mayoría de los artículos de la revista tratan más del sentido de la Historia que del Futuro; se comparaba el pasado con posibles futuros. Varios autores hacían referencia al inminente 1984 de G. Orwell. En la página 4, el artículo de Eduardo Haro Tecglen, es ya definitorio en su título: El Futuro no existe partiendo de la falta de sentido de la Historia. Es posible que el futuro no exista y haya que inventarlo y construirlo.

Futuro imperfecto

Creo que uno de los mayores impulsos del ser humano es la trascendencia. Así, consciente del final de esta vida, ha encontrado otra, otra vida, donde ahí ya no habrá muerte, aunque sí ventura o desventura, dependiendo de cómo nos hayamos portado en esta terrenal vida. Ante el hecho cierto de que un día habrá que abandonar este mundo, al hombre siempre le preocupó lo que le iba a suceder entretanto y así surgieron los brujos, chamanes y, en su versión más moderna, futurólogos, quienes de forma mágica o racional predicen el futuro o, al menos, lo conjeturan.

Las religiones, sobre todo las de salvación (las grandes del “libro”), acostumbradas a rellenar el mínimo hueco de la vida, los miedos y los anhelos del hombre, tuvieron una clase social encargada de adivinar el futuro; fueron los profetas. Aunque a la teología cristiana siempre le ha obsesionado aclarar que un profeta no es un predictor del futuro, sino un anunciador de la palabra de Dios, lo cierto es que casi todas las profecías anunciaban un futuro en algunos casos perfectamente auto-cumplible y en otros, totalmente incumplible e incumplido. En realidad ningún profeta, desde Isaías hasta Joaquín de Fiore, pasando por el Pseudo Dionisio o el mismo Apocalipsis, han acertado ni una.

La Futurología es ya una parte de las Ciencias Sociales. Cualquier gobierno tiene un departamento que llaman de Prospectiva porque gobernar implica también prever el futuro para intentar planificarlo. Hay futuros muy fáciles de prever por la principal razón de que ya han empezado. Por ejemplo, es fácil anticipar que en el curso de una generación todos los coches serán eléctricos (lo serán por ley); que las energías renovables (hidráulica, eólica y fotovoltaica) eliminarán el uso del gas y del petróleo y que parte de la electricidad producida se podrá guardar en forma de hidrógeno (por electrolisis del agua); que habrá trenes circulando a 1.000 kms/h; aviones que lleguen hasta la estratosfera (100 kms) y conecten ciudades de distintos continentes en un par de horas, que llegarán a Marte donde establecerán colonias (no sé con qué objeto), etc., etc., etc…

Todo lo que se le pueda ocurrir a alguien en este sentido es similar a la inferencia predictiva que nosotros usamos para acomodar nuestras sensaciones dentro de nuestros esquemas mentales previos y fabricar nuestras percepciones como ya describí en su día (La Percepción de la Realidad, 1-3). Que este futuro tan tecnificado ocurrirá es algo obvio; lo que no es tan obvio son las consecuencias sociales a escala nacional, continental o planetaria que las nuevas tecnologías pueden traernos a la Humanidad, sobre las cuales especularé después.

La población y su distribución futura

Para vislumbrar el futuro de la Humanidad y del planeta es necesario saber o conjeturar cuántas personas habrá, por ejemplo, a finales de este siglo y cómo estarán distribuidas sobre la superficie del planeta.

Hace más de un año, el 16 de abril de 2020, publiqué en esta web un escrito titulado La Madre de Todas las Catástrofes (Incluyendo la Actual Pandemia) en el que venía a decir que la causa última y principal de todos los males del planeta (epidemias y enfermedades no epidémicas, hambre y malnutrición, pobreza y desigualdad, alteraciones del clima y estropicio general de la biosfera…) es la sobrepoblación de La Tierra. Cuando lo escribía, éramos en la Tierra 7.778 millones de personas; hoy, 1 de junio de 2021, tan solo 13,5 meses después, somos 7.870, es decir, 92 millones más; justo la población de dos Españas.

Es imposible seguir así. Se apuntan muchas soluciones para los problemas de la Humanidad pero ya nadie habla de la limitación de la natalidad porque, parece una intromisión en la dignidad y libertad de las personas y familias o un acto de racismo si se le aconseja a una familia de Senegal que tenga solamente los hijos que pueda alimentar y cuidar. (Figura 2)

Figura 2. Crecimiento exponencial de la población africana comparada con la del resto del mundo (figura sacada de Eurostat).

Con la población actual y su tasa de crecimiento previsible, la ONU calcula que para 2050 habrá 9.000 millones de personas y 11.000 para 2100, 4.500 de ellos africanos, el 41%. No obstante, a nivel global, la tasa de crecimiento está disminuyendo desde los años setenta del pasado siglo. Conforme la mujer gana autonomía y respeto, tiene menos hijos. En España, cada mujer tiene 1,3 hijos, cuando “la tasa de reposición” (la que mantiene la población) está en 2,1. Las prospecciones sobre la población futura en diferentes partes del mundo son diversas y dispersas. Así, algunas atribuyen a España solo 22-23 millones de habitantes para 2100; 28 para Italia, 55 para Japón; algo menos de la mitad de la población que estos países tienen en la actualidad. Dentro de esta dispersión prospectiva, el INE atribuye a España para 2070 una población de algo más de 50 millones, de los cuales solo 33 habrán nacido en España, incluyendo un número significativo de hijos y nietos de inmigrantes (https://www.ine.es/prensa/pp_2020_2070.pdf  este informe contiene una serie de tablas demográficas muy informativas).

Migraciones previsibles

Desde el punto de vista demoscópico, el futuro de quienes ahora tienen 20-30 años será bastante movido en la década de los 70 de este siglo. Algunos de los que estudian migraciones defienden la necesidad de ellas. Dice esta gente que si un país, España en este caso, disminuye su población hasta menos de la mitad (como afirman algunas predicciones), necesita de la inmigración para “reponer” efectivos (algunos expertos en migraciones tratan a la gente como ganado y abogan por la necesidad de sangre fresca, es decir, de sementales para mejorar una raza en trance de desaparecer como la íbera).

En este sentido, España, por su cercanía a África tiene el problema “resuelto”. Países como Nigeria (911.000  km2) tienen actualmente 220 millones de habitantes (el sexto más poblado del mundo), se estima que tendrá casi 400 millones en 2050 y algo menos de 800 millones en 2100. El crecimiento de su población es de 2,53% anual. No es el que más crece; quince países africanos crecen más.

Es lógico pensar que, al paso que va la Humanidad, los crecimientos poblacionales en la mayor parte del mundo van a sobrepasar, con mucho, las posibles reducciones de población de un puñado de países desarrollados entre los que se encuentra España. En mi opinión, el planeta está al borde de una catástrofe demográfica de unas proporciones difíciles de imaginar. Porque se da una paradoja que pocos tienen en cuenta: El número de seres humanos crecerá más y más, justamente cuando van a ser cada vez menos necesarios. Hay, no obstante, posibilidades y medios de evitar este desastre.

Hemos pasado el mejor periodo del mundo occidental (sin darnos cuenta)

Desde la introducción de la máquina de vapor en la industria desde finales del s. XVIII, la Revolución Industrial inició el periodo sin duda más venturoso de toda la Historia de la Humanidad. Creo ser consciente de lo que digo; en estos últimos 230-250 años, hubo guerras por doquier (algunas mundiales) y las epidemias camparon a gusto. La lista de ambas es larguísima, pero aun así, la producción masiva de mercancías industriales y agrícolas asequibles para más gente, el desarrollo de la Medicina y la Higiene, la sanitación de los medios urbanos, la automoción… todo compensó en buena medida las miserias de la guerras y las enfermedades y, como resultado, el hombre disfrutó de una vida más larga y tuvo acceso a bienes y placeres negados a sus ancestros. Este periodo de nuestra Historia (que algunos llaman contemporánea) pudo empezar con la presentación de la máquina de Watt (1769), con la Revolución Francesa (1789) o, como creo yo, el 14 de mayo de 1796, el día que Edward Jenner le inyectó la vacuna al niño James Phipps. Este periodo de balance tan positivo está terminando.

Soy consciente de que los viejos, al notar la proximidad de la Parca, tendemos a pensar que con nuestra desaparición vendrá el caos y el fin de los tiempos tal como los entendemos ahora. Après moi le déluge, dicen que dijo alguien. Ese sentimiento no me afecta personalmente, pero sí creo que el futuro muy distinto ya ha empezado y que al mundo que nos llega no lo reconocerá ni la madre que lo parió.

La robotización que viene

Con la Revolución Industrial, la pérdida de empleos debido a la automatización de los procesos de fabricación fue sobradamente compensada por la creación de nuevas industrias. Con la revolución que se avecina esto no va a suceder. Lo primero que harán las nuevas máquinas será eliminar empleos de baja cualificación. El proceso hace tiempo que empezó, pero se está acelerando cada vez más. En Jaén y Andalucía tenemos ejemplos cercanos con el aceite de oliva. Hace ya varias décadas que la aceituna se muele (más que aplastarse) y la pasta se pasa por centrífugas de flujo continuo que separan automáticamente el sobrenadante oleoso. No tengo datos cuantitativos, pero creo que la molienda de la cosecha dura ahora mucho menos tiempo y emplea a mucha menos gente. Ocurre lo mismo con la automatización de la recolección de la aceituna.

En España, en la UE y, supongo, en todo el mundo los índices de paro más altos afectan a las personas sin o con baja cualificación (Figura 3).

Figura 3. Porcentajes de parados según su cualificación profesional (nivel 0-2: pre-escolar, primaria y secundaria primera etapa; nivel 5-8: educación superior de primero y segundo grado, doctorado).

Las tasas de paro son aún más bajas para determinadas cualificaciones dentro del mismo nivel.

La hostelería en España factura un 6,2% del PIB nacional y emplea a 1,7 millones de personas (con los empleados en negro o inmigrantes sin papeles deben ser más; https://www.hosteleriadigital.es/2019/12/03/la-hosteleria-facturo-123-000-millones-de-euros-y-represento-un-62-del-pib-nacional-en-2018/). La mayoría de los puestos de trabajo de hostelería no requieren cualificación por parte de los empleados y pueden ser ejecutados por máquinas y robots. Algún joven que me lea podrá acudir en su madurez a una discoteca o un disco bar. Un robot de fiero aspecto le examinará el iris y le permitirá la entrada o no. Dentro, le atenderá otro robot en forma de una bella mujer que con voz cálida y melosa le preguntará qué va a ser. Con la copa en la mano irá hasta la zona de baile donde un holograma muy realista hará de di yei con tanta verosimilitud como Quico Pantojo; sonará la música y podrá bailar si quiere (a lo mejor una pieza será ‘Voglio vederti danzare’ del entrañable e inolvidable Battiato). No habrá ningún humano trabajando en ese establecimiento hostelero.

Para armar el tinglado de ese disco bar habrán sido necesarios ingenieros que diseñen los robots, informáticos que construyan los programas y, para el mantenimiento, técnicos de grado medio que revisen las máquinas y actualicen la informática.

No hay que ser adivino para saber que el mundo va en esa dirección: habrá una élite (nunca me gustó esa palabra, pero sirva para entendernos) intelectual, científica y tecnológica muy minoritaria (quizá un 10-20%) que mantendrá ese mundo en funcionamiento. Habrá cada vez menos trabajo para gente de baja o ninguna cualificación ¿Qué será de ellos? Empezarán por trabajar menos horas repartiéndose el poco trabajo que puedan llevar a cabo. Estas grandes masas de desempleados no formarán movimientos reivindicativos o revolucionarios como en el pasado; estarán subvencionados, recibirán rentas básicas universales, o más que básicas, y podrán dedicar su largo ocio a lo que quieran. Realmente, el trabajo de una minoría y la robotización de la sociedad crearán suficiente riqueza para todos ¿Para todos los 11.000 millones de 2100?

Control de la población

Es posible que la tendencia al crecimiento demográfico se revierta en todo el mundo como ya ha sucedido en los países desarrollados. También puede ocurrir en África. En la parte subsahariana, los porcentajes de crecimiento anual de la población son muy altos; desde el 3,6% de Uganda al 1,1% de Cabo Verde (en España es el -0,8%) (https://data.worldbank.org/indicator/SP.POP.GROW?locations=ZG). No obstante, un examen de los perfiles de crecimiento a lo largo de los años revela una desaceleración en países como Kenia, Sudán, incluso en Nigeria. Es decir, los cambios demográficos pueden acelerarse en África casi de la noche a la mañana. En 1975 nacían en España 2,8 hijos por mujer y cuarenta años más tarde el número es de 1,3. La natalidad se ha reducido en una generación hasta la “tasa de reposición” en casi toda América Latina. En África podría suceder algo parecido.

En resumen y para acabar, creo que en un siglo, en el 2121, la población de la Tierra podría caer a 4.000 millones de seres humanos y llegar a 2.000 millones a lo largo del s. XXII. Será una sociedad altamente tecnificada pero serán también pocos. La Tierra se recuperará de tanta agresión; el clima se estabilizará, los bosques volverán a crecer, el aire y las aguas serán limpias… Un mundo feliz, pero no un mundo feliz a lo Huxley, sino uno posible y real. Serán menos, pero más felices. Los animales que queden también serán más felices.

 

2 opiniones en “El futuro que tendréis”

  1. Gracias, Alfredo. Una aportación muy documentada e interesante. Da qué pensar. No lo verán mis ojos, pero sí los de mis alumnos. Y pensando en ellos no sé si estremecerme.

    1. Gracias a ti, José Luis. Estamos alcanzando un punto crucial; si la población sigue creciendo al ritmo actual, al final de este siglo esto será un cataclismo. Confío en que la población se reduzca paulatina y pacíficamente (sin guerras, pandemias superletales…). Tengo claro que la Humanidad no puede seguir creciendo como hasta ahora.

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