La Percepción de la Realidad, y 3

Alfredo Rodríguez Tébar

En esta entrega pretendo señalar cómo las percepciones, una profunda recreación de la mente desencadenada por una sensación insegura, incompleta y desajustada de la realidad exterior, se pueden domeñar y configurar de forma tal que existan más puntos de acuerdo, dentro de la diversidad, entre los seres humanos. Tal similitud, junto con la eliminación de elementos conflictivos, ayudaría a resolver problemas y conflictos entre individuos y entre pueblos con diferentes culturas y, a la larga, pacificar nuestro mundo. Veamos:

Rebobinando, en la anterior entrega resaltamos que la retina es incapaz de percibir los objetos como verdaderamente son. Nuestra retina no puede distinguir el grado de luminosidad y brillo de los objetos exteriores sin equivocarse; tampoco distingue otros parámetros físicos (fácilmente cuantificables si los abordas con instrumentos de medida) como son la magnitud, distancia y orientación de los objetos, como se muestra en la Figura 1.

 

Figura 1. Cualquiera de las tres barras rojas impresiona a la retina por igual. La retina es incapaz de distinguir la distancia, el tamaño y la orientación del estímulo (Figura tomada de Purves et al. 2015 en: https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnsys.2015.00156/full)

Está claro que para asimilar la realidad entera, debe haber un alto grado de percepción activa, una elaboración cerebral que complete, ponga en escena y preste “colorido” a una realidad exterior demasiado escueta o, mejor dicho, a lo que nosotros creemos que es la realidad exterior.

Decíamos en la anterior entrega que fue el gran fisiólogo y físico brandemburgués Hermann von Helmholtz quien, estudiando la percepción visual, advirtió la parte activa que juega el cerebro en la elaboración de la percepción; la llamó inferencia inconsciente porque, según él, no notamos hasta qué punto nuestra experiencia configura, desfigura y completa, las sensaciones que el ojo envía a nuestro cerebro.

[Inciso: Hermann Helmholtz y Rudolf Virchow nacieron, el primero en Brandemburgo y el segundo en Pomerania, en 1821 con una diferencia de dos meses. Ambos estudiaron Medicina en la Pépinière, Facultad de Medicina de la Universidad de Berlín, subvencionados por el estado prusiano, que pagaba los estudios médicos de chicos brillantes, de familias que no podían pagar la carrera de sus hijos a cambio de, al acabar la carrera, prestar ocho años de servicio en el ejército prusiano. A ambos se les exoneró de parte de esta obligación en razón de su brillantez para que pudieran dedicarse a la universidad y la investigación (Hermann cumplió solo cuatro años; Rudolf, ninguno). De Rudolf Virchow escribí largamente en esta misma web hace unos 10 ó 12 años; este hombre tan singular fue el creador de dos ciencias: la Anatomía Patológica con la Teoría Celular de la enfermedad y la Salud Pública o Medicina preventiva. Ambos se iniciaron en ciencia en el Laboratorio de Johannes Müller junto con otros como Emil du Bois-Reymond, Theodor Schwann, Friedrich Henle, Robert Remak, Ernst Haeckel, etc.; por sus descubrimientos, todos han pasado a la Historia de La Ciencia].

Von Helmholtz murió en 1896 y sus ideas sobre la percepción fueron continuadas durante la primera mitad de s. XX por diversas escuelas de Psicología. No obstante, hacia 1950 quedaron opacadas por el trabajo electrofisiológico, a nivel de neuronas concretas, de Hubel y Wiessel del que hablamos en la entrega anterior. A finales del siglo pasado los investigadores re-examinaron y retomaron las ideas de von Helmholtz y establecieron que la percepción visual se puede entender como una inferencia no inconsciente, sino probabilística, considerando los estados del mundo y la materia con más probabilidad de que ocurran.

[Sigo ahora en parte a Purves et al., 2015 https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnsys.2015.00156/full]

Por tanto, la opinión más comúnmente aceptada es que la percepción visual es el resultado de una inferencia estadística o, como se cree hoy día: una inferencia empírica. Una concepción de la visión totalmente empírica no se apoya en las propiedades físicas del mundo real, que nos han venido con escasez, sino en nuestra propia experiencia, que es determinada por la frecuencia con la que un patrón de imágenes se nos ha repetido en el pasado, lo hemos almacenado y ahora lo aplicamos para ayudarnos a sobrevivir.  Realmente, lo que percibimos (objetos más claros o más oscuros, más grandes o más pequeños, con movimiento más lento o más rápido) reflejan una utilidad biológica y no necesariamente las propiedades físicas de los objetos en el mundo real, ni las condiciones de éste. Aquí lo que se trata para nosotros (y los animales) no es recibir un esquema realista del mundo, sino percibir lo suficiente para asentar y propiciar unos patrones de conducta que nos lleven a través de la vida con seguridad y cierto éxito.

Vuelvo al ejemplo que conté en la entrega anterior cuando estuve la otra tarde con mi mujer tomando una copa en una terraza. Mirando la mesa donde estaban nuestras copas y los platillos de las tapitas, mi retina no podía distinguir el tamaño ni la lejanía de los objetos sobre la mesa. Mi retina solo me ofrecía una imagen plana (bidimensional) de la mesa y de los objetos sobre ella; ni siquiera me permitía recibir la luminosidad y brillo de los objetos sobre la mesa. Aunque más complejas y con más elementos, las sensaciones planas que recibía eran como las de la Figura 1. Sucedía, no obstante, que yo había estado cientos o miles de veces sentado ante una mesa parecida, pero no igual, con copas y platillos y había acumulado una notable experiencia no solamente por un estímulo visual, sino también por sensaciones de otros sentidos; por ejemplo, la sensibilidad cenestésica (profunda de nuestros huesos y músculos) me dijo muchas veces qué objeto estaba más cercano que otro en razón de cuánto yo tenía que extender el brazo para cogerlos. Gracias a estas experiencias, podía construir una percepción que fuera útil para mí (y seguramente para mi mujer también).

Ahora podremos iniciar un camino de vuelta; de dentro hacia fuera. La disimilitud neurológica de nuestros cerebros nos puede fabricar percepciones diferentes, como, por ejemplo, el modo diferente con que los individuos perciben la coloración del vestido de la Figura 4 de la entrega anterior (La Percepción de la Realidad, 2) puede producir controversias, pero en ninguna de ellas nos va la vida ¿Qué más da que el vestido sea  azul y negro o blanco y dorado o azul y dorado como yo lo veo? Por el contrario, si los verdaderos colores fueran azul y negro y solo esa percepción fuera de utilidad biológica (la única con la que podríamos sobrevivir), la evolución eliminaría a los que no la vieran así y al final todos lo veríamos azul y negro.

Pese a las diferencias que tengamos en nuestra experiencia, es fundamental que nuestras percepciones, aunque sean alucinaciones controladas, reflejen lo mejor posible la realidad exterior. Por ejemplo, cualquiera de nosotros que atraviese una calle por donde venga un camión a toda velocidad tendrá que formarse una percepción muy ajustada a la realidad exterior (que vea venir un camión a una velocidad tal que puede atropellarme y matarme), porque en ello, sí me va mi propia supervivencia y, obviamente, la de mi descendencia.

El tema es controvertido; hay psicólogos y neurólogos que no admiten que nuestras percepciones se asemejen de cerca a la realidad, que es demasiado compleja para ser ni siquiera imaginada (una discusión sobre el tema se puede ver en el capítulo III del conocido best-seller The Case against Reality de D. Hoffman, 2019, W.W. Norton & Co, Londres).

¿Hasta qué punto puede ser modificada la parte de alucinación controlada de nuestras percepciones? Creo que en todas las religiones hay personas capaces de desligarse temporalmente de la realidad, anular el input sensorial y reconducir su alucinación hacia un terreno deseado, que suponga la unión con Dios o la trasposición a otras esferas. Todas la religiones, sean o no de salvación, inducen a sus creyentes a buscar un mundo (estado) paralelo y extraterrestre, traspasando la realidad sensorial y primando más o menos la parte alucinatoria de nuestras percepciones.

Sorprende la cantidad de entradas de Google que tienen, por ejemplo, los éxtasis de santa Teresa y su correspondiente iconografía (Figura 2). Son también numerosísimos los ensayos médicos sobre la santa y sus posibles enfermedades que podrían explicar los éxtasis que experimentó a partir de sus 39 años de vida; se cree que sufrió secuelas neurológicas por la grave enfermedad que la tuvo varios días inconsciente y dos años fuera del convento (es probable que padeciera brucelosis ‒fiebres de Malta‒ en su variedad neurológica). Los médicos han considerado también que una forma de epilepsia o sus frecuentes chutes de beleño contribuyeran a sus éxtasis.

Era una persona fuerte y derrochaba mucha energía capaz de unirle a Dios sin necesidad de ayudas. No obstante, era de cuerpo grande con tendencia a la obesidad y muy probablemente (esto lo digo yo; no lo he leído) padecía diabetes tipo II, como tanta gente; una hiperglucemia favorece las alucinaciones, que sin duda eran buscadas y anheladas por la santa. Murió con 67 años.

Figura 2. El Éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini. Probablemente, los dolores anginosos que la santa percibía en el pecho, en un contexto de gran intensidad emocional, le descontrolaban la parte alucinatoria de su percepción dolorosa en forma de un ángel presto a clavarle una flecha en el corazón.

Santa Teresa es una de tantos santos y beatos que han tenido visiones celestiales. La pongo como ejemplo por haber sido una persona que bien por voluntad o enfermedad, aunque siempre por una fortísima motivación dominó sus capacidades perceptivas, se desligó de cualquier sensación externa y se dejó llevar por la parte alucinatoria de la percepción. No era una esquizofrénica que sufriera alucinaciones visuales; era una persona normal, aunque extraordinariamente motivada. De alguna forma, la santa dominaba a voluntad su proceso perceptivo.

Observad lo que constantemente hacemos en los difíciles tiempos actuales: leemos la prensa afín a nuestras ideas para procurarnos un refuerzo al terreno que nos gusta pisar y nos movemos en un ámbito de redes sociales reales o virtuales donde encontramos a gente afín a nuestros gustos. En los tiempos tan inseguros que vivimos, las personas, en especial los jóvenes, se refugian en su tribu (manada, red social…), donde se sienten más seguros.

En otras palabras, al llegar a adultos formalizamos nuestras maquinarias predictivas para personalizar nuestras percepciones de modo que nos sintamos más a gusto con ellas por compartirlas con nuestro grupo social y evitemos sensaciones inesperadas para las que no tengamos una respuesta fácil. A veces, las consecuencias pueden ser buenas o nefastas, pero así somos.

Si la gente, y en concreto sus líderes, supieran dominar sus percepciones, sobre todo aquellas dominadas por el odio, las cosas podrían ir algo mejor en el mundo. Recojo el ejemplo que Seth describía (entrega anterior de esta serie):

«El pasado 10 de abril (de 2019), el papa Francisco, el presidente de Sudán del Sur Salva Kiir y el antiguo jefe rebelde Riek Machar compartieron la misma mesa en una comida celebrada en el Vaticano. Comieron en silencio, como inicio de un retiro espiritual de dos días que perseguía la reconciliación tras una guerra civil que ha dejado 400.000 muertos desde 2013».

Es posible que la intención de Francisco fuera sumergir a dos enemigos acérrimos en un ambiente virtual donde ambos creyeran vivir una realidad diferente en la que los antiguos odios no fueran determinantes para una nueva relación. Es difícil cambiar para reconciliarse con un enemigo porque podría suponer el resquebrajamiento de nuestros esquemas mentales, pero no veo otra solución que la concordia para nuestros problemas y este proceso pasa por la modulación positiva de nuestras percepciones. Y hasta aquí puedo llegar.

2 opiniones en “La Percepción de la Realidad, y 3”

  1. Gracias Alfredo por esta entrega de 3 artículos. Muy interesante todos elementos que nos compartes sobre la percepción. Me quiero apropiar de la frase «modulación positiva de nuestras percepciones» para la solución de mis problemas.
    También quiero invitarte a que nos hagas una ampliación sobre la facultad de medicina de la universidad de Berlín de mediados del S.XIX donde indicas que varios de sus alumnos pasaron a la historia. Infiero que hubo visiones, principios, políticas y métodos de enseñanza, que aportaron más allá de una generación espontánea de jóvenes brillantes.
    De nuevo gracias.

    1. Gracias, Andrés, por tu estímulo. La Friedrich-Wilhelm-Kaiser-Universität zu Berlin, fue creada por un grupo encabezado por Wilhelm von Humboldt (el hermano de Alexander, ese que estuvo por tu tierra copiándole los estudios a Celestino Mutis, y publicándolos sin citar la procedencia). Ahora es llamada Universidad Humboldt y sentó el prototipo de la universidad moderna, cuyo esquema organizativo y modo de enseñar fue copiado por las mejores universidades actuales (Oxford, Harvard y muchas otras).
      Hace unos diez años yo escribí una serie de articulillos sobre la Universidad de Berlín, como fue creada, la personalidad de Rudolf Virchow, el nacimiento de la Física Cuántica por gente de allí (Max-Planck, Hilbert, Heisenberg…), pero desgraciadamente fueron borrados de esta web. Miraré en mis archivos personales a ver si puedo rescatar algo y te lo envío por vía privada.

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