La Percepción de la Realidad, 1

Alfredo Rodríguez Tébar

¡Aaah… migo! Ya sabéis que nada es verdad ni es mentira, todo es según el color… etc. No me propongo escribir sobre aspectos sociológicos o psicológicos de la percepción que generan “visiones” diferentes de la realidad que dan lugar a opiniones diversas y contrarias o incluso modos de ser diferentes. Tampoco voy a tratar el tema desde un punto de vista filosófico, ni referirme a idealismos con diferentes adjetivos, pues la madre natura no me dotó para volar sobre elevados epiciclos de la abstracción. Cuando leo algo, v.g. el idealismo según Kant, no me entero absolutamente de nada; cuando nos explicaba el Idealismo don Isaac, de casi nada). Una vez aclarado lo precedente, solo pretendo compartir algunos apuntes, deformados por mis propias opiniones, sobre la Fisiología de la percepción haciéndome de nuevo las preguntas tantas veces hechas: ¿Hasta qué punto es real lo que percibimos? ¿En qué extensión lo que percibimos e integramos no refleja a la realidad exterior y es bueno que no lo haga? ¿Es necesario y/o positivo que así suceda?

Parto del supuesto de que la realidad existe fuera de nosotros y de que es sustancialmente independiente de nuestro modo de percibirla. O sea, yo entiendo que si salgo de mi casa y me dejo la luz encendida, la luz permanecerá encendida independientemente de que yo la vea o deje de verla (no hagáis la prueba que tendréis que pagar un pastón por la muy real factura de la luz). Es más, yo creo, como adepto a razonamientos materialistas, que existe la realidad absoluta o las realidades absolutas, que nosotros solamente en parte podemos captar, casi siempre deformadas y reinterpretadas.

No creo, por el contrario, en ninguno de los tipos de idealismo filosófico emanados de las mentes más preclaras que en el mundo han sido, desde Platón hasta Hegel. Otrosí, la realidad que creemos objetiva está “adobada” por nuestro cerebro y al final, nuestra percepción modifica la realidad no sé si para hacerla más “asequible” de asimilar o, simplemente porque es la única posibilidad de enterarnos, hasta cierto punto, de los que pasa fuera.

Pero antes de nada voy a hacer una afirmación muy simple y conocida: El principal fin de los seres vivos es preservarse como individuos y como especie, de tal forma que el humano solo percibirá de la realidad aquella parte que, tras una elaboración mental oportuna, baste y asegure adecuadamente su supervivencia. En resumidas cuentas, percibimos lo que necesitamos para sobrevivir de una realidad mucho mayor y seguramente más compleja, porque lo importante no es percibir ajustada y fielmente la realidad exterior, sino preservar nuestra existencia a cualquier precio, incluso el de falsear la realidad.

Comoquiera que el 90% del mundo exterior es recibido por los ojos (en el humano; otros animales no son tan visuales como nosotros y su particular realidad puede ser percibida principalmente por otros sentidos, v.g., por el olfato de un perro), voy a dar algunas notas previas sobre la percepción visual.

La Vista

La vista es el principal sentido que nos conecta a los humanos con la realidad exterior. Tenemos una vista bastante buena, la mejor entre los mamíferos, pero no tan buena como las aves y los reptiles.

[Inciso: la vista del camaleón Canito era un ejemplo único; podía mover los ojos independientemente, con una campo visual de casi 360º; podía poner los ojos en orientación frontal y obtener una visión en relieve para calcular bien la distancia de un insecto sobre el que proyectar su pegajosa lengua…].

Para mostrar la relatividad de la percepción, baste decir que, mirando al mismo sitio, un perro, un hombre y un pájaro no percibirán lo mismo. En la visión pasemos a ver, brevemente, dos características: la agudeza visual y la percepción del color.

Se cree que los primitivos mamíferos eran animales nocturnos que tenían que esconderse en cuevas para huir de los grandes saurios, por lo que la vista no era su principal sentido. En general, los mamíferos no ven demasiado bien. La visión del humano tiene mucha más resolución que la de un perro (entre 4 y 8 veces más). La resolución es la distancia (o el radián) mínima entre dos puntos que pueden ser percibidos como diferentes. En los humanos viene a ser una décima de milímetro (0,1 mm). La resolución viene dada por la densidad de unas neuronas de la retina, tanto de los fotoreceptores como de las llamadas células ganglionares, que son aquellas que envían sus axones al cerebro, formando el nervio óptico. La densidad celular de la retina del humano es varias veces mayor que la del perro, por lo que su agudeza visual también lo es en la misma medida. En contraste, la densidad celular de la retina de las aves es mayor que la nuestra, por consiguiente, su agudeza visual es también mayor. Ya se sabe que un águila volando a una altura de 5.000 metros es capaz de ver un conejo en el suelo. A esa altura, desde un avión en un día claro, nosotros podemos ver un coche; un perro no vería ningún detalle del suelo.

La percepción del color

En la retina tenemos en su parte central unas células llamadas conos fotoreceptores, que contienen pigmentos visuales, excitables por la luz de unas determinadas longitudes de onda. En esos pigmentos (opsinas) la energía lumínica se transforma en un impulso eléctrico que acaba, vía nervio óptico, en la corteza occipital del cerebro. Cuantos más pigmentos diferentes tenga un animal, su visión tendrá una mayor riqueza cromática y percibirá la realidad de forma diferente.

La mayoría de los mamíferos tiene solamente dos pigmentos visuales y en general, poca densidad celular en la retina; esto significa que no tienen gran agudeza visual ni riqueza en la percepción cromática. En la evolución, los primates (todos los del Viejo Mundo, pero no todos los americanos) adquirieron un tercer pigmento por lo que nuestra visión se convirtió en tricromática (tricromacia). Por el contrario, con su visión dicromática, un perro no puede ver ni el rojo ni el verde. El espectro cromático del perro comparado con el del ser humano se muestra en la Figura 1, mientras que la Figura 2 revela cómo verían un humano y un perro el mismo guacamayo:

Figura 1. Espectro cromático de un perro comparado con el de un humano. La escala está invertida y el rango de longitudes de onda va desde algo menos de 400 nanómetros (derecha) a 700 nanómetros (izquierda). Un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro (10exp-9 m). Un perro no ve el color rojo ni el verde porque no tiene pigmentos que se exciten con luz de longitud de onda correspondiente a los colores verde y rojo (tomado de Beth Finke, BARk April 2012)

Figura 2. El humano y el perro observando estos hermosos psitácidos. El perro no es sensible al color rojo ni al verde (parte derecha); solo puede percibir un azul y un amarillo bastante desvaídos (tomado de https://drsophiayin.com/blog/entry/can-dogs-see-color-and-how-do-we-know/).

No sé hasta qué punto la evolución del Homo sapiens y de las especies domésticas está detenida en estos tiempos tan artificiales que vivimos, pero si el perro está tan limitado visualmente es porque no necesita ver más de lo que ve y no precisa, al menos de momento, cambios evolutivos que le hagan adquirir, por ejemplo, una visión tricromática. Ve lo suficiente y se ayuda de otros sentidos como el olfato, que le llevan al cerebro tanta o más información que los ojos. Cuando va al parque y juguetea por allí, no le importa si hace su deposición sobre hierba verde o amarilla blanquecina.

Nosotros los humanos tenemos tres tipos de pigmentos, capaces de percibir el azul, el rojo y el amarillo, pero, por ejemplo, las aves y los reptiles tiene cuatro pigmentos y reciben una visión cromática con muchos más colores y matices que los humanos. En la Figura 3, se muestran los picos de absorción de la luz a las diferentes longitudes de onda. No es solamente que las aves tengan cuatro clases de pigmentos, una más que el humano, sino que la absorción de cada pigmento está regularmente espaciada a lo largo del espectro visible, que es algo mayor en la aves por meterse un poco en el ultravioleta cercano. Por el contrario, en el humano, dos de los pigmentos absorben a longitudes demasiado próximas (530 y 560 nanómetros), por lo que la percepción de los colores verde, amarillo y rojo está poco discriminada. El ave puede ver detalles que el humano no puede. Recordad que, en general, el ave macho tiene un plumaje colorido que es su principal reclamo para atraer a las hembras e iniciar el cortejo, lo que hace esencial que una hembra vea bien el atractivo colorido del macho. En la Figura 4 se muestra una simulación de como verían un humano y un ave a la ave que se representa.

Figura 3. Observad que en la mitad de la figura se muestra la fracción del espectro electromagnético y el rango de longitudes de onda que pueden percibir un humano y un ave. En la parte de abajo está los espectros de absorción / excitación de los diferentes pigmentos. Los números (v.g., 424, 530 y 560 en humanos) son las longitudes de onda en nanómetros de la máxima excitación de cada uno de los pigmentos (tomado de https://www.boredpanda.com/human-vs-bird-vision/?utm_source=google&utm_medium=organic&utm_campaign=organic).

Figura 4. Simulación de cómo vería un ave (derecha) y un humano (izquierda). El ave es capaz de discriminar los colores mejor que nosotros. Lo único que vemos igual es el color amarillo (tomado del mismo sitio de la Fig. 3).

Primeras consideraciones

Se podría argüir: muy bien, no se percibe la realidad de la misma forma; unos discriminan más los detalles (agudeza visual); otros la percibirán con mayor o menor riqueza cromática, pero sustancialmente la realidad percibida es la misma. Contestaré a ello diciendo que esto es tan solo un aperitivo de lo que viene después y en el que se verán las limitaciones que tenemos para apercibirnos de toda la realidad. Más adelante veremos la participación activa del cerebro en la compleción de la percepción interpretativa del mundo exterior, pero por el momento digamos que los colores son inventos de nuestro cerebro y del cerebro de cualquier animal ¿Cómo es eso?

Realmente, los colores en la naturaleza no existen, son tan solo una elaboración del cerebro. Lo que en realidad existe en el mundo exterior es una radiación electromagnética. De esta radiación, solo un intervalo de longitudes de onda entre 380 y 740 nanómetros excita los pigmentos visuales de nuestra retina, desencadenando una diferencia de potencial eléctrico y llevando el impulso al cerebro, que es, en definitiva, quien ve. No hemos evolucionado para percibir, por ejemplo, radiación gamma, de muy corta longitud de onda, ni radiación de radio, de muy larga longitud de onda, aunque el humano ha diseñado aparatos (espectrofotómetros, aparatos Geiger, receptores de radio) capaces de detectar y medir radiaciones de cualquier longitud de onda. Por poner un ejemplo bien conocido de detección artificial, la radiación X no es visible por el ojo de ningún animal pero sí puede impresionar y alterar las sales de plata de una película obteniendo así una imagen (radiografía) que ya es visible por el ojo humano. Otros animales, aves, insectos pueden percibir un espectro de radiación más amplio que el nuestro y, por tanto, percibir la realidad con más matices, los suficientes, pero no todos; siguen percibiendo una parte alterada de la realidad; la que necesitan para ir tirando en sus vidas.

En la próxima entrega intentaré mostrar que, independientemente de que perciba el mundo exterior con más o menos definición y colorido, el objetivo de la percepción, visual, no es recoger y asimilar las propiedades físicas del mundo exterior, aun cuando estén falseadas por el proceso de adquisición, sino más bien acoplar y acomodar la percepción a elaboraciones mentales basadas en experiencias previas. Este modo de percibir puede separarle más al ser humano de la “realidad” exterior, pero también puede darle unas claves más útiles para su supervivencia como individuo, que finalmente es de lo que se trata.

(continuará)

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