Anti-Progreso, y 3 (Las Causas, y 2)

Voy a finalizar esta serie que llamé Anti-Progreso de la que he publicado en estas páginas cinco entregas, el 20 y 29 de noviembre, el 6 y 26 de diciembre del pasado año y el 14 de enero del año actual. No quiero dejar sin terminar la serie y es por lo que escribo esta última entrega.

En aquella, Anti-Progreso 3 (Las Causas, 1), analicé algunas de las razones por las cuales el progreso humano se ralentizó o se obstruyó durante tanto tiempo, dando pie a preguntarse dónde estaríamos ahora si unas actitudes, situaciones o fuerzas no hubieran dificultado el progreso o se hubieran opuesto a él, a veces con saña. Porque, si nos abstraemos de nuestros condicionamientos y sabemos planear sobre la Historia sin impregnarnos demasiado de ella, veríamos que  la Humanidad, hasta finales del s. XVIII progresó bien poco. Las condiciones de un campesino europeo del s. XVII, por ejemplo, no eran muy diferentes de las de un campesino de Ática contemporáneo de Aristóteles en el s. IV a.C., más de dos mil años antes: comía poco y de lo mismo, padecía las mismas enfermedades para las que existían las mismas curas (inútiles la mayoría), se calentaba de la misma forma (talando bosques y quemando leña), se movía y transportaba objetos por sí mismo, a lomo de caballerías o en carros de tracción animal y vivía casi los mismos años, unos treinta de promedio. Está claro, al menos para mí, que la filosofía, la ciencia, las religiones…, que florecieron y sirvieron para asentar diferencialmente nuestra cultura, no sirvieron de nada para aumentar el bienestar de la gente y darles una vida mejor y más larga, porque de eso se trata y no de otra cosa.

Estas razones de Anti-Progreso que ya he descrito fueron: 1) Una falta de comunicación entre pueblos y culturas. 2) La inercia de las sociedades para aceptar cambios; y 3) el peso excesivo de grandes genios que no admitían contestación; en particular, Platón, Aristóteles, Galeno y otras lumbreras que en el mundo han sido.

En este escrito pretendo analizar dos adicionales: 4) El poder de la Iglesia en el estancamiento de las sociedades y 5) Situaciones “inexplicables” que no permitieron la consolidación de descubrimientos importantes para el progreso.

4) La Iglesia y el Anti-Progreso

El cristianismo occidental, con sede en Roma se estableció sobre tierra quemada y llenó un gran vacío de poder tras el colapso del Imperio Romano de Occidente. El Imperio de Oriente, el de Constantinopla, duró mil años más y allí la Iglesia Ortodoxa siempre estuvo bajo el poder del Basileus, quien era el verdadero representante de Dios en la Tierra (cesaropapismo). Los clérigos ortodoxos tuvieron claro su papel y se portaron siempre de forma obediente y secundaria con el poder civil. No sucedió lo mismo con la Iglesia Cristiana de Occidente, que de alguna forma se auto-consideró heredera de todo, de la cátedra de Pedro y del Imperio Romano. La Iglesia romana tuvo un papel considerable en la configuración de lo que ahora llamamos Europa y que entonces se llamaba Cristiandad (Christendom,  Chrétienté, Christenheit…, en los diferentes idiomas).

El papel positivo y negativo de la Iglesia de Roma en el progreso ha sido objeto de grandes debates desde el siglo XVIII (el de las Luces). Nadie puede negar el papel positivo que la Iglesia tuvo en la preservación del antiguo saber, guardando y traduciendo manuscritos griegos desde la misma caída del Imperio Romano de Occidente, ni de los clérigos que compilaron el saber antiguo como san Isidoro de Sevilla. Tampoco se le niega la enorme contribución de la Iglesia en la fundación de universidades en el trasunto de la Alta a la Baja Edad Media. Eran clérigos los del grupo de la universidad de Oxford que fundó Robert Grosseteste (1175-1253), franciscano, a quien se puede atribuir el método científico, método que a veces él mismo no siguió. El camino de ida y vuelta, resolución y composición,  fue la mayor contribución de Grosseteste al método científico: a partir de hechos se pueden establecer por abstracción ideas generales, incluso leyes universales (ida), que luego tendrán validez para explicar hechos concretos (vuelta). En su opúsculo De Luce anticipó la teoría de la luz y la formación del universo por una gran explosión que materializó las diferentes esferas de las que consta (una traducción de De Luce, del latín al inglés: http://www.boscarol.com/wikipdf/Riedel_1942_Grosseteste_On_Light.pdf).

La contribución de la Iglesia a la Medicina asistencial, con la creación de hospitales, fue enorme; no así al desarrollo de la Medicina como Ciencia (ver abajo); como importantes fueron sus contribuciones a las Ciencias Físicas, Ingeniería y Arquitectura, materializadas en la construcción de grandes y hermosas catedrales. Muchos grandes científicos han sido clérigos: Nicolás Copérnico era un canónigo polaco, Gregor Mendel (el fundador de la Hibridología, ahora Genética) era un monje agustino bohemio, Georges Lamaïtre, cura secular belga, aunque de formación jesuítica, fue el que postuló la Teoría del Big Bang, y así muchos otros, clérigos o seglares de formación cristiana (Lavoisier, Lamarck…)

No obstante, el mundo no perdona a la Iglesia su actuación y condena de la teoría heliocéntrica de Copérnico, defendida por Galileo ¡casi un siglo más tarde!, a quien le costó un arresto domiciliario el resto de su vida.

El papel de la Iglesia en el desarrollo de la Medicina fue también negativo. No permitió autopsias hasta entrado el siglo XVI (con algunas excepciones restringidas como las de Bolonia a partir del s. XIV) y se aferró al galenismo de forma ciega, como se describió en una anterior entrega.

La Iglesia en España sí fue responsable de la escasa instrucción de los escolares españoles, cuya enseñanza estuvo exclusivamente en sus manos hasta los años treinta del s. XX. Por poner un ejemplo cercano, nosotros en la SAFA no tuvimos una instrucción apropiada en Matemáticas o Ciencias Físicas y Naturales por la sencilla razón de que se le dedicaba mucha mayor atención y demasiado tiempo al estudio de la Apologética, el Dogma, la Religión en general, la Filosofía y la Literatura (todo dentro de ese conglomerado que llaman “letras”). Aún recuerdo que al final de los cincuenta en toda la ciudad de Úbeda solo había un licenciado en Ciencias (Químicas), el almeriense don Diego Fernández, capaz de enseñar Matemáticas a un nivel medio. Tengo un  muy buen y agradecido recuerdo de don Diego, un hombre que se multiplicaba dando clases en la SAFA, los Salesianos, la Escuela de Maestría de Úbeda y, más tarde, en el IES San Juan de la Cruz, desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche. Era lo que teníamos y no había más.

No fueron nuestros jesuitas muy buenos enseñándonos Ciencia. No obstante, los jesuitas españoles eran meramente representativos de la incuria científica que secularmente ha padecido la sociedad española. Siempre me chocó que una orden religiosa fundada por un español, san Ignacio, haya tenido entre sus miembros grandísimos científicos, casi ninguno de los cuales ha sido español. La  Wikipedia tiene un artículo sobre jesuitas científicos (https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Jesuitas_cient%C3%ADficos); lista más de cien, algunos particularmente importantes (Matteo Ricci, Athanasius Kircher, Roger Boskovich, Pierre Teilhard de Chardin…) y tan solo 2 ó 3 son españoles y no de primera fila. Parece que no nos va la ciencia.

  1. 5) Situaciones e inventos que fueron desaprovechados.

i) La Rueda.

La rueda es uno de los dos o tres inventos más importantes de la Humanidad. Es posible que se inventara en Mesopotamia en el V Milenio a.C. La rueda más antigua que se conserva es del III Milenio a.C. y fue encontrada en Eslovenia. Como es sabido, la rueda no se usaba en la América precolombina, pese a que era conocida y usada en juguetes como el mexica de la Figura 1.

Figura 1. Un juguete azteca con ruedas.

Las explicaciones que se han dado para no usar la rueda son muchas, pero a mí no me convence ninguna. Por ejemplo, dicen que un carro no hubiera podido rodar en las escarpadas cuestas del Imperio Inca (el territorio azteca no era tan abrupto en muchos sitios); es verdad que carecían de animales de tiro, pero resulta incomprensible que no fabricaran una carretilla con ruedas y tracción humana, que habría hecho el transporte más fácil.

  1. ii) La Máquina de Vapor

Esta máquina, junto con la rueda, ha sido uno de los grandes inventos de los seres humanos. No voy a describir una máquina de vapor; la mayoría la conocéis mejor que yo. El hombre venía aprovechando la energía cinética del viento (eólica) y del agua (hidráulica) para mover ruedas de piedra que le permitieran moler el grano o mover un barco. La máquina de vapor aprovechaba la energía potencial que le proporcionaba un bosque (contemporáneo o fósil)  que se quemaba; la energía térmica calentaba agua hasta generar vapor, que al expandirse se transformaba en energía cinética moviendo un pistón. La tal máquina la inventó Watt (el del vatio) y la presentó en 1769 con el propósito de bombear y drenar el agua de las minas de carbón. Pronto se adaptó a un vehículo de ruedas (la locomotora empezó a circular entre Bristol y Londres en 1833) y a otros tipos de máquinas industriales hasta entonces de tracción humana o animal (v.g., adaptada a los telares).

La máquina de vapor inició la Revolución Industrial, que a su vez supuso la culminación del Siglo de las Luces. Con la máquina de vapor vino la posibilidad de hacer menos pesado el trabajo humano, de moverse con una rapidez hasta entonces desconocida. La comodidad y ventajas que trajo la máquina se tradujeron en un enorme aumento de la población humana (Figura 2).

Figura 2. Incremento de la población mundial en los últimos 12.000 años. (Billion no es billón, sino mil millones, 10exp9).

No obstante, cualquier persona acostumbrada a mirar más lejos se preguntaría por qué se tardó tanto en inventar la máquina de vapor, que tenía unos antecedentes muy antiguos que hubieran presagiado un desarrollo más rápido del artilugio de Watt. Es conocida la Eolípila o máquina de Herón de Alejandría, s. I d.C. que se muestra en la Figura 3. Un fuego calienta agua; el vapor de agua dentro de un cilindro o esfera metálica tiende a salir por unos tubos acodados en sentido opuesto. Mediante el principio de acción-reacción, el vapor expulsado tiende a girar la esfera. La eolípila quedó como un juguete, algo así como la rueda lo fue para los niños precolombinos.

Figura 3. Eolípila; la máquina de vapor de Heron de Alejandría.

Que se sepa, nadie intentó sacar provecho del vapor del agua hirviendo para mover una rueda al menos en 1500 años. A principios del s. XVII, un ingeniero militar navarro, Jerónimo de Ayanz, patentó una máquina de vapor que le permitió durante años extraer el agua de las minas de plata que poseía en Guadalcanal (actualmente en el norte de la provincia de Sevilla). Su invento funcionó, pero no trascendió al mundo, ni siquiera al resto de España. Al final del s. XVII diversos intentos y constructos fueron presentados en Inglaterra hasta llegar a la máquina de Watt.

El hecho de que una máquina de vapor, quizá la primera útil, fuera inventada en España y no tuviera trascendencia nos plantea una serie de cuestiones difíciles de contestar. Todo parece indicar que el progreso requiere unas condiciones sociales que lo exijan. Una condición sería el reconocimiento del derecho de la gente a una vida mejor. Desconozco como acabaron las minas de plata de Ayanz, pero tal vez no fueran necesarias ni la plata ni su máquina de bombear agua, toda vez que 9.000 kms al SO había unas minas, en Potosí (Bolivia), donde trabajaban miles de indios en régimen de esclavitud (mita), dejándose la vida y sacando plata que luego se traía hasta Sevilla. Se cree que 15.000 indígenas murieron entre 1550 y 1650 por las condiciones de trabajo impuestas por los españoles.

Para aceptar el progreso también es necesario que la gente tenga algo de tiempo libre para pensar y percatarse de la necesidad de progresar; gente que, por un lado, se sienta insatisfecha de sus condiciones actuales de vida y trabajo y por otro, esté convencida de que se puede vivir mejor. Por el contrario, en una sociedad al límite de la subsistencia no se permite un ocio productivo que permita a la gente pensar y pergeñar nuevos métodos, procedimientos o máquinas que hagan sus vidas más fáciles.

A principio del s. XVII España iniciaba una decadencia que duraría tres siglos y medio y que privó al país de recibir los beneficios de la Ilustración y le orilló de la ciencia europea. Había quedado despoblada por la emigración a América, el precio de los metales (oro y plata) había descendido en Europa debido a las grandes cantidades que se traían de la Indias y los españoles, con la colonización de América, descendieron retrógradamente hacia una sociedad de cazadores /recolectores. No necesitaban fabricar nada porque lo podían comprar todo con oro, o eso creían. No era por tanto un país que aceptara ni supiera que necesitara una máquina de vapor ¿Para qué?

Final

Es posible que la filosofía griega, acogida con entusiasmo por la Iglesia, y desarrollada fervorosamente por los escolásticos no ingleses, contuviera el germen del Anti-Progreso. Hay gente que sostiene que la verdadera ciencia moderna comenzó en 1277 cuando la Universidad de París condenó la Física de Aristóteles (y Averroes), que impedía el desarrollo del método científico y la visión racional de entender el mundo y la materia. Pero esto requerirá alguna reseña en el futuro.

 

 

3 opiniones en “Anti-Progreso, y 3 (Las Causas, y 2)”

  1. Alfredo, creo que tu trabajo es muy bueno. Aportas datos y reflexiones nada despreciables. Gracias. Un saludo.

    1. Gracias, Mariano. A ver si más escribidores se nos unen y, entre todos, elevamos esta web hasta las estrellas.

  2. Magnífico artículo, Alfredo. Como siempre, ameno, documentado y riguroso. Lo reenviaré a algunos de mis colegas profesores.

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