Emigración

Alfredo Rodríguez Tébar

(Me sentí identificado en el retrato del Tío Paquete, de Francisco de Goya, museo Thyssen, Madrid)

En el reciente viaje de la sonda Perseverance a Marte, la prensa española recogía la noticia de que una ingeniera de origen colombiano, Diana Trujillo, fue una de las directoras de vuelo del ingenio espacial que consiguió un amartizaje perfecto. Diana llegó a los EEUU jovencita con 300 dólares en el bolsillo, sin saber inglés y empezó limpiando casas en el país de acogida para sobrevivir. Luego accedió a universidades y por fin entró en la NASA. Hasta aquí es una historia próxima a un cuento de hadas en la que una chica pobre, buena y muy bonita acaba casándose con el príncipe azul.

Pero en esta historia hay un claro perdedor: su país de origen. Colombia, como la mayoría de los países de esa parte del mundo, no es un estado que ofrezca muchas oportunidades a la mayoría de sus naturales. Es un país muy desigual (Índice Gini > 0,55), donde el 90% de la riqueza está en manos de un 10% de la gente. Es más que probable que si Diana se hubiera quedado en Colombia, no habría tenido sino empleos precarios, pero eso jamás lo sabremos. Es posible también que Diana sin salir de Colombia hubiera obtenido su grado en ingeniería y, a la larga, ideado procesos industriales que hubieran beneficiado la economía colombiana y el bienestar común. Repito, nunca lo sabremos. Y ya por imaginar, es también posible que, con la enorme experiencia adquirida en la NASA, Diana retorne a Colombia, enseñe Ingeniería en una universidad formando a futuros ingenieros o ponga una fábrica de robots de alta tecnología que produzca trabajo y riqueza en su entorno.

El fenómeno de la emigración ha alcanzado una importancia enorme. En cualquier periódico se publican noticias y se editorializa sobre la inmigración. Existe emigración en todo el globo, pero la internacional es la que más nos concierne, en particular, la que viene desde países del Próximo Oriente y desde África a Europa a través del Mediterráneo o la que hace escala en las Canarias. En América latina la mayoría de los emigrantes se dirige a los EEUU, aunque una parte viene a Europa, principalmente a España

La reacción de los países receptores frente a la inmigración va desde los que propugnan poner todas las trabas para que nadie venga, o devolver a los inmigrantes ilegales a sus países de origen, hasta la de aquellos que consideran que la Tierra es nuestro común hogar, que deberían desaparecer todas las fronteras y dejar pasar sin traba alguna a todo el que quiera venir.

Soy consciente de que es un tema complejo y poliédrico. En este escrito haré una serie de consideraciones y contaré casos reales de emigración, intentando no hablar más de lo mismo, sino poniendo la atención en cómo se queda un país donador de emigrantes.

El caso de Diana no es, desgraciadamente, único. Ha habido latinoamericanos que egresaron de universidades nacionales, se fueron a los EEUU o al RU y allí hicieron una brillante carrera científica o tecnológica, en algunos casos coronada con el Premio Nobel de Química o Medicina (Mario Molina, mejicano, descubridor del papel de los clorofluorocarbonos  sobre la destrucción de la capa de ozono; Baruj Benacerraf Bolaños, venezolano, descubridor de genes del Complejo Mayor de Histocompatibilidad; César Milstein, argentino, inventor del método de obtención de anticuerpos monoclonales. La reseña biográfica y científica de cada uno está ¿cómo no? en la Wikipedia). Como Diana, nunca sabremos qué habrían hecho estos grandes hombres en su tierra de no haber emigrado. Es posible que no hubieran obtenido el Premio Nobel, pero sí parece verosímil que hubieran hecho algo positivo por el progreso científico y tecnológico de sus respectivos países (en el caso de Milstein, él volvió, pero se tuvo que marchar de nuevo a raíz de uno de los golpes de Estado tan comunes en la Argentina de los años sesenta).

Los cuatro citados son casos límite, pero hay muchos otros que son menos conocidos y más sangrantes (por lo de sangría), algunos de los cuales nos tocan de cerca. Sin negar la sacrosanta libertad individual de moverse, lo cierto es que cada año un número considerable de médicos subsaharianos abandonan sus países de origen para trabajar en el RU, los EEUU y Canadá. La cuarta parte de los médicos extranjeros que pidieron la venia en el RU en 2019 eran subsaharianos.  La web está llena de reportajes que muestran este tipo de emigración; selecciono una página web sobre la inmigración de médicos extranjeros en el RU (http://news.bbc.co.uk/2/hi/health/4349545.stm). Es de 2005, algo vieja, pero muestra un problema que viene de antiguo. La British Medical Association ha criticado repetida y duramente al Servicio Nacional de la Salud (NHS, en sus siglas en inglés) por su política activa de atracción de personal sanitario extranjero, muchos de ellos de países del tercer mundo, que habían estudiado Medicina en sus países de origen. En 2004, en Zambia, más del 90% de los médicos habían abandonado el país; en Zimbawe, el 75% y en Ghana, la mitad. Hacia 2015, los médicos africanos representaban el 6% de todos los médicos extranjeros en los EEUU; eran 8.500 aprox.

Pero la sangría de sanitarios no solo afecta a África sino a todos los países del tercer mundo incluyendo India y Pakistán, grandes emisores de personal médico; también afecta a España, que no sé en qué mundo está. En los últimos 10 años, unos 12.000 médicos españoles han emigrado (otras fuentes ponen la cifra en 19.000). En España quedan aún suficientes médicos, 4,0 por 1.000 hab, algo menos que en Alemania, pero más que en Francia o en el RU. Es verdad que nos faltan médicos de las especialidades más comunes como los de familia y pediatría, y es verdad también que ganan muy poco y todo esto combinado facilita la emigración de un 25% de los médicos que se gradúan. Es una emigración que cuesta dinero y empobrece al país de origen, en este caso, el nuestro.

Es ese desastre organizativo llamado Comunidad de Andalucía quien se lleva la palma. Los médicos andaluces son los peor pagados y más desconsiderados de España y los que más emigran a otras comunidades o al extranjero. Como ya escribí en otra ocasión, la Junta (substantivo de resonancias funestas) de Andalucía dedica 1.200 euros anualmente por persona a la Sanidad pública, mientras en el país Vasco son 1.800, en Alemania, 3.900. No sé qué hace esta gente, la de la Junta, con el dinero. La situación de los médicos andaluces y la emigración de muchos se refleja bien en https://elpais.com/sociedad/2019/05/24/actualidad/1558698526_896703.html.

Hemos pasado de los premios nobeles a los médicos migrantes, pero centremos la atención en la gente con menor cualificación que también migra y son, con diferencia, los más numerosos. Hay en Europa unos nueve millones de africanos la mitad de los cuales son magrebíes y la otra mitad, subsaharianos, claro. No es Europa el único destino de la emigración de subsaharianos; hay un millón en los EEUU y muchos otros en los países del Golfo. (https://elordenmundial.com/adonde-migran-los-africanos/).

En contra de lo que se cree, los africanos que arriesgan sus vidas para emigrar irregularmente a Europa no son los más pobres ni los más necesitados. Una encuesta de finales de 2019 hecha a casi 2.000 subsaharianos irregulares en Europa reveló (https://reliefweb.int/report/world/scaling-fences-voices-irregular-african-migrants-europe) que casi un 60% tenía en su país antes de venir un trabajo de alguna cualificación o estaba estudiando; y que de dos tercios a tres cuartos de los inmigrantes abandonaron sus países de origen por no aguantar o ser perjudicados por la situación política. No era ganar más dinero la principal motivación para venir. De hecho, los migrantes son más numerosos entre las clases medias y más cultas (según el estándar africano) que dejan su país por no sentirse a gusto en él. Esto significa que es la gente mejor preparada o con más expectativas de serlo la que abandona sus respectivos países, ayudando así a perpetuar la pobreza y el subdesarrollo en sus lugares de origen.

Se dice que un 3% de la población mundial es migrante, que este fenómeno ha existido siempre y que todos somos migrantes. Es verdad. Lo que ocurre es que, en tiempos modernos, tanto la globalización como los medios de transporte permiten emigraciones cada vez más largas y masivas. África tiene ahora 1.300 millones de hab; en 2050 tendrá 2.500, y en 2.100, 4.500 millones, más del 40% de la población mundial (datos ONU- PNUD). Es de esperar que los africanos dejen su continente en número cada vez mayor, con lo que el continente se empobrezca aún más. Un perfecto bucle o círculo nada virtuoso.

Lo lamentable es, en mi opinión, que un tema tan importante y trascendente no se aborde con inteligencia por parte de organismos internacionales o transnacionales y que, por el contrario, se siga con las malas prácticas que perpetúan el problema. Haría falta una acción conjunta de toda la Humanidad para promover el desarrollo y el bienestar en esos países, empezando por evitar la explotación propia y ajena del continente y eliminar la pandemia de corrupción gubernamental. Por ejemplo, he leído sobre el origen del tráfico de africanos a las Canarias. Resulta que los pescadores de Senegal se quedaron sin pesca porque los corruptos mandamases de ese país vendieron las licencias a armadores extranjeros (españoles en buena parte) y, lógicamente, se quedaron con la pasta. Los pescadores sin peces tuvieron que dedicar sus cayucos al transporte de irregulares a las Canarias para sobrevivir. Y ya para redondear el tema, el gobierno español paga al de Senegal un dinero para que acepte las devoluciones, un dinero que, naturalmente, también se quedan los gerifaltes senegaleses.

Como se dijo más arriba es la falta de democracia y la corrupción gubernamental en África la principal razón que impele a tantos jóvenes a largarse. Son jóvenes de “buenas familias”, sanos y bien alimentados que tuvieron unos miles de euros para pagar a los negreros que les facilitan el transporte. Luego, cuando saltan la valla de Ceuta o Melilla, los vemos desfilar todos contentos gritando bosa, bosa.

En conclusión, estimo que la emigración masiva actual es un factor importantísimo de desigualdad que ensancha el abismo entre países ricos y países pobres. En este sentido, me parece irreal considerar la emigración algo intrínsecamente positivo, como es la opinión de algunos. Deja heridas y daños a veces irreparables.

 

 

 

 

 

 

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