Recuerdos de la SAFA – 28: La formación religiosa (I)

Recuerdos de la SAFA – 28: La formación religiosa (I)

Medito.

Bueno, eso es lo que me han ordenado que haga.

Pero lo que realmente hago es dejar pasar el tiempo aquí sentado en un banco de la iglesia de la SAFA, de noche cerrada, con un frío penetrante. Nos han colocado en los bancos de siempre, pero dejando espacio entre nosotros, de modo que si normalmente nos sentábamos seis por banco, ahora estamos dos o tres. La iglesia está a oscuras, sólo están encendidas unas luces en la cabecera, apenas iluminando el crucificado. Dos velas titilan al pie de la imagen de la Virgen y otra está ante el sagrario. Nos han traído tras la cena, y nos han dejado en silencio.

De pronto, la voz del Hermano P. resuena a nuestras espaldas:

– “Pater noster qui est in caelis…”

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La Percepción de la Realidad, 1

Alfredo Rodríguez Tébar

¡Aaah… migo! Ya sabéis que nada es verdad ni es mentira, todo es según el color… etc. No me propongo escribir sobre aspectos sociológicos o psicológicos de la percepción que generan “visiones” diferentes de la realidad que dan lugar a opiniones diversas y contrarias o incluso modos de ser diferentes. Tampoco voy a tratar el tema desde un punto de vista filosófico, ni referirme a idealismos con diferentes adjetivos, pues la madre natura no me dotó para volar sobre elevados epiciclos de la abstracción. Cuando leo algo, v.g. el idealismo según Kant, no me entero absolutamente de nada; cuando nos explicaba el Idealismo don Isaac, de casi nada). Una vez aclarado lo precedente, solo pretendo compartir algunos apuntes, deformados por mis propias opiniones, sobre la Fisiología de la percepción haciéndome de nuevo las preguntas tantas veces hechas: ¿Hasta qué punto es real lo que percibimos? ¿En qué extensión lo que percibimos e integramos no refleja a la realidad exterior y es bueno que no lo haga? ¿Es necesario y/o positivo que así suceda?

Parto del supuesto de que la realidad existe fuera de nosotros y de que es sustancialmente independiente de nuestro modo de percibirla. O sea, yo entiendo que si salgo de mi casa y me dejo la luz encendida, la luz permanecerá encendida independientemente de que yo la vea o deje de verla (no hagáis la prueba que tendréis que pagar un pastón por la muy real factura de la luz). Es más, yo creo, como adepto a razonamientos materialistas, que existe la realidad absoluta o las realidades absolutas, que nosotros solamente en parte podemos captar, casi siempre deformadas y reinterpretadas.

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Ha fallecido Julio Artillo

Ha fallecido Julio Artillo González, que fue profesor de Magisterio SAFA  entre 1969 y 1971

Todos recordamos sus magníficas clases de Religión y su método y de Lengua y Literatura, pero sobre todo su cercanía a los alumnos y su entrega sin límites a la causa en la que creía.

Nuestro sentido pésame a su viuda, Guadalupe, y a su familia.

Descanse en Paz.

Con la promoción de Magisterio de 1970, en su 40º aniversario.

La grúa


Soy una máquina especial que tiene un corazoncito muy sensible, ya que estoy tan baqueteada por la vida y los humanos que me siento triste y pesarosa muchas veces, aunque ustedes no me crean; por eso, cuando encuentro amor y cariño a mi vera, tengo alegres sensaciones que hasta me hacen llorar de gozo.
Viene esto a cuento por lo que les quiero relatar y que me está ocurriendo actualmente (no les miento ni un pelín), en la última obra que estoy llevando a cabo en la calle Dormitorio y en la Plaza del Cristo de Burgos de Sevilla, pues todos los días, sin falta, me visita un infante muy guapo y súper alegre, bien acompañado por su abuelo que lo quiere a rabiar. Raro es el día que no lo trae varias veces. Disfruta tanto el nene, que está a punto de cumplir año y medio, que para mí le doy tanta vida como la comida de su mami.

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Anti-Progreso, y 3 (Las Causas, y 2)

Voy a finalizar esta serie que llamé Anti-Progreso de la que he publicado en estas páginas cinco entregas, el 20 y 29 de noviembre, el 6 y 26 de diciembre del pasado año y el 14 de enero del año actual. No quiero dejar sin terminar la serie y es por lo que escribo esta última entrega.

En aquella, Anti-Progreso 3 (Las Causas, 1), analicé algunas de las razones por las cuales el progreso humano se ralentizó o se obstruyó durante tanto tiempo, dando pie a preguntarse dónde estaríamos ahora si unas actitudes, situaciones o fuerzas no hubieran dificultado el progreso o se hubieran opuesto a él, a veces con saña. Porque, si nos abstraemos de nuestros condicionamientos y sabemos planear sobre la Historia sin impregnarnos demasiado de ella, veríamos que  la Humanidad, hasta finales del s. XVIII progresó bien poco. Las condiciones de un campesino europeo del s. XVII, por ejemplo, no eran muy diferentes de las de un campesino de Ática contemporáneo de Aristóteles en el s. IV a.C., más de dos mil años antes: comía poco y de lo mismo, padecía las mismas enfermedades para las que existían las mismas curas (inútiles la mayoría), se calentaba de la misma forma (talando bosques y quemando leña), se movía y transportaba objetos por sí mismo, a lomo de caballerías o en carros de tracción animal y vivía casi los mismos años, unos treinta de promedio. Está claro, al menos para mí, que la filosofía, la ciencia, las religiones…, que florecieron y sirvieron para asentar diferencialmente nuestra cultura, no sirvieron de nada para aumentar el bienestar de la gente y darles una vida mejor y más larga, porque de eso se trata y no de otra cosa.

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Emigración

Alfredo Rodríguez Tébar

(Me sentí identificado en el retrato del Tío Paquete, de Francisco de Goya, museo Thyssen, Madrid)

En el reciente viaje de la sonda Perseverance a Marte, la prensa española recogía la noticia de que una ingeniera de origen colombiano, Diana Trujillo, fue una de las directoras de vuelo del ingenio espacial que consiguió un amartizaje perfecto. Diana llegó a los EEUU jovencita con 300 dólares en el bolsillo, sin saber inglés y empezó limpiando casas en el país de acogida para sobrevivir. Luego accedió a universidades y por fin entró en la NASA. Hasta aquí es una historia próxima a un cuento de hadas en la que una chica pobre, buena y muy bonita acaba casándose con el príncipe azul.

Pero en esta historia hay un claro perdedor: su país de origen. Colombia, como la mayoría de los países de esa parte del mundo, no es un estado que ofrezca muchas oportunidades a la mayoría de sus naturales. Es un país muy desigual (Índice Gini > 0,55), donde el 90% de la riqueza está en manos de un 10% de la gente. Es más que probable que si Diana se hubiera quedado en Colombia, no habría tenido sino empleos precarios, pero eso jamás lo sabremos. Es posible también que Diana sin salir de Colombia hubiera obtenido su grado en ingeniería y, a la larga, ideado procesos industriales que hubieran beneficiado la economía colombiana y el bienestar común. Repito, nunca lo sabremos. Y ya por imaginar, es también posible que, con la enorme experiencia adquirida en la NASA, Diana retorne a Colombia, enseñe Ingeniería en una universidad formando a futuros ingenieros o ponga una fábrica de robots de alta tecnología que produzca trabajo y riqueza en su entorno.

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Recuerdos de la SAFA – 25: Del pimpón a la OJE

Recuerdos de la SAFA – 25: Del pimpón a la OJE

Como lo de jugar al billar o al pimpón cada día quedaba fuera de nuestras posibilidades económicas, buscábamos otra opción y nos enteramos de que había un sitio donde se podía jugar por la cara. ¿Dónde estaba esa maravilla? En la OJE… Algunos compañeros externos nos indicaron el lugar: en el tontódromo, en un edificio de trazas modernas, con la fachada retranqueada, junto a otro con porte antiguo y banderas de Falange en el balcón.  Yo no me atreví a ir a esta sede, por mi condición de interno de los jesuitas y mi limitada libertad de deambular, no fuera cosa que por jugar una partida de billar o pinpón gratis me metiera en un lío.

Me acordé de que en mi pueblo, y supongo que en muchos otros, existía esa opción: la OJE tenía abierto un local al que llamaban el “Hogar”, frente a la iglesia, en un edificio muy grande de ladrillo, en cuya planta baja estaba Correos. Allí podías jugar al futbolín, al billar y al pimpón, amén de otros juegos de mesa más intelectuales (el ajedrez) o entretenidos (el parchís).

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