Recuerdos de la SAFA – Don Bernardo (In memoriam) II

Don Bernardo era uno de nuestros profesores más jóvenes, por su aspecto y su atuendo. Pero pronto nos enteramos de que, pese a su aparente juventud, llevaba más de diez años en la SAFA, dando las materias que la superioridad le endosaba sin contemplaciones. Y lo decía sin el más mínimo atisbo de crítica, antes al contrario, lo interpretaba como una muestra de confianza de los jesuitas en su valía.

Nos contó que antes se daban más especialidades de las que conocíamos al entrar nosotros, pues en la llamada División de Profesionales se impartían las especialidades de Carpintería, Ajuste, Máquinas (torno y fresa), Electricidad, Fragua, Zapatería, Imprenta, Modelado y Granja.

– “¿Granja?”- le dijimos.

– “Sí, Granja, el Padre Villoslada quería que las Escuelas fueran autosuficientes, y por eso implantó una Educación profesional que también fuese útil a las Escuelas. La granja que hay debajo del estadio aprovisionaba de carne, huevos y verduras al Colegio”.

Esto nos sorprendió mucho, y seguimos:

– “¿Y Carpintería?”

– “Por supuesto, tened en cuenta que en esa época, los años 50, el Colegio aún estaba construyéndose. De hecho la Iglesia estaba en sus primeros estadios de construcción y el internado a medio hacer, así que hacía falta mucho material de carpintería, desde andamios a techumbres, desde puertas a bancos.

“¿Y Zapatería?”

– “También. Como anécdota os diré que el Padre Villoslada consiguió del Servicio de Intendencia del Ejército de Tierra una partida enorme de cuero y suelas, para reparar el calzado de los internos.”

– “Pero ya no hay, verdad?”

– “No, por diversas razones, esas especialidades se han ido cerrando. Lo mismo que la de escultura y modelado, que tras hacer bastantes imágenes para este y los demás colegios de la SAFA en toda Andalucía, el año pasado terminó el último alumno que quedaba en esta especialidad”

Pero Don Bernardo no se quedaba ahí: su afán de enseñar, de impartir cultura, de formarnos, no tenía límites. Y nos explicó algo que para él era muy importante:

– “Todas estas enseñanzas estaban regidas por un Plan de Estudios propio, hecho por la SAFA, con el esfuerzo de varios padres jesuitas como el P. Villoslada, el P. Aldana y el P. Hermoso, así como varios seglares. Todos ellos pusieron en marcha un sistema que garantizaba una formación técnica de primer nivel, a la par que una formación científica, humanística y religiosa. La FP reglada no se había implantado aún en España, y de hecho vosotros sois de las primeras promociones de la primera Ley estatal de Formación Profesional

Estas explicaciones nos encantaban a todos, y no sólo porque nos ahorrábamos media hora de clase y el consiguiente riesgo de preguntas, sino porque Don Bernardo sabía despertar nuestra curiosidad y mantener nuestra atención constante mientras él disertaba.

Tras contarnos alguna anécdota (“Los primeros tornos del colegio vinieron de una empresa de Bilbao, que el Padre Villoslada contactó a través del Seminario de Deusto, y consiguió que nos los regalasen. Vinieron en el camión del colegio, con Pepe el Viejo conduciendo y el Padre Villoslada de copiloto, rezando para que el Morris no se averiase en tan largo camino y con tanta carga”) nos dijo: “Mañana, en clase de F.E.N. os voy a explicar con detalle el sistema educativo de los jesuitas.” No le dimos más importancia, pero al día siguiente, en la última clase de la tarde, cogió la tiza y dijo:

“¡Copiad esto!”

Y se puso a escribir, con grandes letras mayúsculas:

UTILITAS

HUMANITAS

IUSTITIA

FIDES

Tras ello, se volvió a nosotros, y nos explicó:

– “Estos son los principios del Ratio Studiorum, creado por los jesuitas, y que está dando magníficos resultados en colegios y Universidades de todo el mundo

– “Y ¿qué significan esas palabras que ha escrito Ud. en la pizarra, Don Bernardo?

– “La Utilitas proporciona a los estudiantes los instrumentos necesarios para destacarse en lo profesional.

La Humanitas os aporta sensibilidad para los problemas de convivencia y relaciones humanas.

La Iustitia desarrolla el pensamiento crítico, ayuda a juzgar con ponderación, respetar los derechos de los demás y cuidar el bien común.

Y la Fides os forma en la fe cristiana, pero siempre recordad que debéis respetar las creencias de los otros.”

Se hizo el silencio en el aula. Tardamos un tiempo en digerir todo esto. Nos parecía que era algo gordo, aunque aún no sabíamos bien el qué. Viéndonos así de conturbados, paró la explicación y nos dijo:

– “Vale, ya está bien por hoy. Recoged vuestras cosas y vamos a salir unos minutos a que os de el aire antes de la cena.”

Pero cuando Don Bernardo se batió el cobre y fue merecedor a la medalla de oro a la Pedagogía fue cuando cursábamos 2º de Oficialía. Ese año le encomendaron compartir tutoría con el Padre Diego O., un cura joven, que no cantaba misa todavía, que parecía sueco pero era del Puerto de Santa María, recién llegado a la SAFA con ideas muchos más avanzadas y liberales de las que se estilaban en el Colegio por aquellos tiempos.

Pronto vimos que hacían buenas migas, aunque nos llegaban de vez en cuando rumores de desacuerdos que estaban más motivados por la absoluta fidelidad de Don Bernardo a los designios de la Dirección que a discrepancias concretas con el cura, quien sí se colocó pronto en el punto de mira de la jerarquía colegial, especialmente de su sector más reaccionario.

Fuimos testigos de controversias sonadas del Padre Diego O. con otros curas, especialmente con el P. Baena, incluso en asuntos doctrinales, puesto que el segundo era nuestro director espiritual y nos tenía sometidos al sistema de reprobación permanente de toda conducta humana y la amenaza de terribles castigos eternos en las calderas de Pedro Botero, mientras que nuestro tutor nos hacía hincapié en la obra bien hecha, el valor del perdón y la infinita misericordia de Dios. Lógicamente, éramos más proclives a creer a nuestro tutor que al director espiritual.

Don Bernardo era un hombre al que gustaba confiar en los demás, a veces demasiado, incluso en asuntos que no eran propicios a ello. Por ejemplo, cuando se enteró de que Pepe A., de la especialidad de Electricistas, era un consumado artista reparando chismes, le entregó una radio estupenda para que le arreglase un problema que tenía. Al día siguiente ya estaba reparada, pero tardó semanas en devolvérsela porque con ella los de su camareta podían oir la BBC en español todas las noches.

Ya estando en Magisterio D. Bernardo organizaba grupos juveniles con un claro objetivo de lucha por la justicia social. Hay que recordar que en esos tiempos reivindicar la libertad o la justicia podía conllevar una detención y/o una paliza en Comisaría. Como anécdota, baste señalar que para reunirnos los sábados en el asilo de ancianos para cantar en coro o hacer actividades con los viejos, se necesitaba un permiso gubernativo. No digamos una asamblea o reunión de carácter sindical o político… Él se jugó el tipo más de una vez, desde su óptica religiosa y moderada, empujando en pro de una mejor vida para nosotros.

Pero cuando Don Bernardo llegó al culmen de nuestro aprecio fue cuando él y el P. Diego O. decidieron que haríamos un viaje fin de curso, habida cuenta que por el paso imprevisto y anticipado a Magisterio de la sección de Delineantes, no seguiríamos juntos en 3º de Oficialía, donde era lógico hacer ese tipo de viajes. Así que pronto empezaron los preparativos, y ya se convirtió en el tema recurrente de conversación de una caterva de chicos que no habíamos viajado más lejos que a la capital de provincia de nuestro pueblo.

Pero eso se merece un capítulo aparte…

 

(Continuará…)

5 opiniones en “Recuerdos de la SAFA – Don Bernardo (In memoriam) II”

  1. Personas muy grandes hicieron y levantaron la SAFA. Nuestra deuda con ellas es de por vida. Mi reconocimiento y gratitud no tiene límites. Las generaciones de actuales safistas no deberían desperdiciar tanta entrega y esfuerzo, manteniendo el espíritu fundacional en la época que estamos viviendo.

  2. Mi padre fue el último «maestro» de imprenta, pues terminó la instrucción del último alumno de esa especialidad. Luego quedó como oficial de imprenta para las necesidades de material del centro. La imprenta se ubicaba inicialmente enfrente de la aserradora y luego se pasó a una de las naves que otras especialidades habían dejado.

  3. Me gusta cómo escribes, José Luis, y lo bien que lo haces, tanto sobre tu primer maestro como de tus experiencias infantiles-juveniles, pues me haces vivir esos tiempos antiguos de la auténtica Safa que por desgracia las nuevas generaciones apenas conocen y que yo solo palpé desde magisterio, con el plan 67. Es obligatorio que todos estos artículos tuyos conformen un futuro libro, cual memoria imperecedera de la gran tahona Safa por la que transitamos, y cuya historia nunca deberíamos olvidar ni renegar todos los que pasamos por sus aulas y patios.
    Un fuerte abrazo; y sigue deleitándonos con tus sabrosas y personalísimas memorias safistas.

    1. Gracias, Fernando. Trato que entre todos recordemos aquellos años que fueron fundamentales para nuestra formación y nuestra madurez integral. Lo del libro, ya me lo han comentado otros compañeros, pero ya veremos… Un abrazo

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